La masa que no se olvida

Un barrio iluminado a medias. Vecinos sentados en la acera buscando el fresco. Niños que corren y juegan a gritos. Un congreso de mujeres en la tienda del barrio. En medio de todo aquello, Enea Cardini maneja un cuchillo circular con destreza de cirujano.

¿Escuchas? Hay música. Si no hay música, la pizza no está buena.

Italiano, 66 años. Enea mueve las manos al hablar como si batiera el aire. En algún momento, si por fin están quietas, deja ver tatuajes rústicos, una mariposa en el antebrazo izquierdo, el nombre de su pizzería en el derecho: Roma, también su ciudad natal.

Para leer este artículo completo, suscríbete. Haz clic aquí para recibir detalles