La Región
La Amazonia, el mayor bosque tropical del planeta, podría transformarse en una sabana degradada mucho antes de lo previsto. Esa es la advertencia central de un estudio liderado por el Potsdam Institute for Climate Impact Research (PIK), que identifica la combinación entre el calentamiento global y la pérdida de cobertura boscosa como la amenaza decisiva para el bioma.
Según la investigación, si la deforestación alcanza entre el 22% y el 28% (actualmente ronda el 17% y el 18%), el sistema perdería su estabilidad incluso con un calentamiento moderado de entre 1,5°C y 1,9°C. Sin la presión de la deforestación, el bosque podría resistir hasta los 4°C, pero la pérdida actual de árboles está “secando” la atmósfera y adelantando el reloj del desastre.
El sudoeste, la zona más expuesta
El hallazgo más relevante del estudio apunta a la vulnerabilidad del sistema de reciclaje de humedad. La Amazonia genera hasta la mitad de su propia lluvia: los árboles liberan vapor de agua que luego vuelve a caer como precipitación. Los investigadores identifican al sudoeste y occidente de la cuenca como las zonas más expuestas a una “transición sistémica”.
Al encontrarse en el extremo de esta red de transporte de humedad, esas regiones dependen de que el bosque “río arriba” —hacia el este— esté intacto. Si la deforestación corta la cadena de reciclaje en el este, la humedad deja de llegar al sudoeste, generando sequías prolongadas y alterando los ciclos hídricos de los que dependen ecosistemas y actividades humanas en esa parte del continente.
Una ventana que se cierra antes de 2030
El científico brasileño Carlos Nobre, especialista en el bioma amazónico, advierte que el mundo está por alcanzar el umbral de 1,5°C para el año 2030, lo que sitúa la crisis en el presente inmediato. Nobre señala que en las zonas más castigadas de la Amazonia sur, la estación seca ya se ha prolongado entre cuatro y cinco semanas en las últimas cuatro décadas, siendo hoy un 20 por ciento más seca que antes.
Este escenario no solo pone en jaque la estabilidad climática de los países amazónicos, sino que amenaza la supervivencia de millones de personas, incluyendo pueblos indígenas en aislamiento voluntario, y transforma al bosque de ser un “pulmón” que absorbe carbono a una fuente que lo emite.

El colapso no es inevitable
Pese a la gravedad de los datos, los científicos subrayan que el colapso no es inevitable. Para evitar la transición hacia una sabana seca, el estudio identifica tres acciones urgentes: detener la deforestación y los incendios provocados antes de 2030, recuperar áreas degradadas para fortalecer la “bomba de agua” amazónica, y reducir las emisiones globales para limitar el calentamiento por debajo de 1,5°C.
Evitar el punto de no retorno, concluye la investigación, es una necesidad imperativa para asegurar que el ciclo del agua —motor de la vida en Sudamérica— no se interrumpa definitivamente. Los detalles técnicos, mapas de riesgo y la metodología de transporte de humedad están disponibles en el estudio completo publicado por la revista Nature.










