Más de 251.000 bolivianos cruzaron a Chile durante 2025. Bolivia se posicionó como el segundo país emisor de turistas hacia territorio chileno y la tendencia crece en 2026. Pero lo que llama la atención no es solo la cifra. Es lo que los viajeros bolivianos eligen hacer una vez que llegan. El 51% de los turistas que visitan Chile van motivados por la naturaleza. Y eso le habla directo a un país como el nuestro que comparte con Chile ecosistemas de altiplano, desierto y cordillera. Chile protege el 22% de su territorio con 109 áreas naturales entre parques nacionales, reservas y monumentos. Los World Travel Awards lo premiaron cuatro veces como mejor destino verde del mundo. No es casualidad.

Más allá de lo natural, una gran alternativa para muchos es el ocio en línea. Y es que muchos bolivianos descubrieron durante su visita al mejor casino en Chile que no ofrece solo juegos, sino todo el mundo de apuestas deportivas. Esa combinación de entretenimiento digital con la experiencia de recorrer un país termina armando un viaje más completo de lo que uno planifica al inicio. Chile te permite alternar una caminata por el Valle de la Luna con una noche de descanso frente a la pantalla. Pasar del trekking en un parque nacional a revisar resultados deportivos desde el hotel. El viajero boliviano que ya conoce esa dinámica vuelve. Las cifras de Colchane lo demuestran con más de 167.000 cruces registrados el año pasado.

San Pedro de Atacama es la puerta natural para el viajero que viene desde Bolivia

Quien cruza desde el altiplano boliviano llega a un paisaje que le resulta familiar y ajeno al mismo tiempo. San Pedro de Atacama queda a 6 kilómetros de la frontera y se convirtió en un polo de ecoturismo que conecta la Reserva Nacional de Flamencos con los Géiseres del Tatio y las Termas de Puritama. 

El Valle de la Luna ofrece formaciones rocosas que parecen de otro planeta. Todo se recorre con guías certificados por Sernatur que aplican principios de No Deje Rastro. Para el boliviano que conoce el Salar de Uyuni la transición es orgánica. Es el mismo altiplano pero con otra infraestructura turística.

Los parques nacionales del sur son la experiencia que más sorprende al viajero andino

Chile tiene 46 parques nacionales y varios están diseñados para el turismo responsable. El Parque Nacional Conguillío protege bosques de araucarias milenarias que los mapuche consideran sagradas. El Alerce Andino cerca de Puerto Montt alberga árboles de más de 3.000 años. Para el viajero boliviano que viene de la sequedad del altiplano el contraste con estos bosques húmedos genera un impacto difícil de explicar. 

Los senderos están señalizados y las rutas de trekking permiten recorridos de medio día o jornada completa. El sistema de reserva de entradas funciona en línea y los precios para sudamericanos son accesibles.

Santiago ofrece barrios con identidad que combinan cultura urbana y gastronomía local

La capital recibió 2,5 millones de turistas en 2025 y dejó de ser una ciudad de paso. Bellavista tiene murales en cada esquina y restaurantes que trabajan con productores orgánicos de la zona central. Barrio Italia mezcla antigüedades con cafeterías de especialidad. Lastarria concentra galerías de arte y cines independientes en calles donde la arquitectura neoclásica convive con tiendas de diseño. 

La Vega Central es un mercado donde el boliviano puede encontrar productos andinos que conoce y descubrir otros nuevos. El Mercado Central mantiene su oferta de mariscos frescos a precios razonables. Santiago suma propuestas que apuntan al consumo responsable y la trazabilidad del producto.

Viña del Mar y el Valle de Casablanca completan un circuito costero que vale cada peso

A menos de dos horas de Santiago el paisaje cambia. Viña del Mar extiende sus playas desde Caleta Abarca hasta Reñaca y ofrece el Jardín Botánico Nacional como espacio de conservación de flora nativa. El Museo Fonck guarda un moái original de Isla de Pascua. Al lado está Valparaíso con sus cerros pintados y ascensores que funcionan desde el siglo XIX. En el camino entre la capital y la costa aparece el Valle de Casablanca con viñas que producen blancos premiados. 

La ruta enológica se hace en medio día y los paisajes verdes entre cerros secos invitan a detenerse. Para el boliviano que busca mar y vino en una misma jornada este circuito no tiene competencia.

Cruzar a Chile desde Bolivia se volvió más accesible y el turismo de naturaleza lo justifica

Los vuelos directos desde La Paz y Santa Cruz al aeropuerto Arturo Merino Benítez operan con frecuencia diaria. El paso de Colchane sigue siendo la ruta terrestre más transitada. Una vez dentro del país el transporte público conecta bien las ciudades principales. El metro de Santiago funciona con eficiencia. Los buses a Viña salen cada media hora. 

Chile no es un destino caro si uno sabe elegir. Y para el boliviano que busca conectar con ecosistemas protegidos y turismo responsable el vecino del oeste tiene una oferta que pocos países de la región igualan.