Un jaguar (Panthera onca) captado por cámaras trampa en un predio del PPP. Como especie indicadora, su presencia revela la buena salud del ecosistema y la continuidad de los corredores biológicos.
Un jaguar (Panthera onca) captado por cámaras trampa en un predio del PPP. Como especie indicadora, su presencia revela la buena salud del ecosistema y la continuidad de los corredores biológicos.

Entre julio y octubre pasado, un equipo de biólogos monitoreó imágenes de diez cámaras trampa instaladas en los predios ganaderos y agrícolas Canaán, Puerto Almacén y Sunima, San José, La Chacota y Nueva Esperanza, en la Chiquitania (Santa Cruz); así como Buenaventura y Montecristo en el Chaco boliviano. El trabajo, que cubrió una amplia ecorregión que se extiende desde los bosques más húmedos con rasgos amazónicos en el norte, hasta el bosque seco chiquitano y el bosque chaqueño en el sur del país, buscaba capturar imágenes de la fauna que habita y se mueve por predios que forman parte del Programa Paisaje Productivo Protegido (PPP); una iniciativa que promueve la producción con la conservación de bosques.

El resultado fue 275 registros de mamíferos carnívoros y 115 de mamíferos con pezuñas. Entre los primeros, el más representativo fue el registro del zorro patas negras (Cerdocyon thous), un carnívoro generalista que se adapta tanto a ambientes productivos como a bosques bien conservados. Su presencia en áreas con actividad humana —productiva o no— resulta clave, porque puede actuar como reservorio o “barrera” de virus y patógenos, contribuyendo al control de enfermedades zoonóticas que afectan a humanos o ganado, y evitando impactos negativos en la producción.

Una idea sostenible

El PPP es una iniciativa que se creó en Argentina, allá por 2010, como una estrategia de producción —agrícola, ganadera, forestal u otras— y conservación de la naturaleza. La idea tiene que ver con planificar el uso de suelo para aprovechar la siembra o la cría de ganado dejando territorios dentro de los predios con bosques conservados.

Durante la primera década, el programa llegó a Argentina y Paraguay, y se expandió a Chile y Bolivia, involucrando a productores, ganaderos, empresas y comunidades indígenas/campesinas.

En el país, el programa fue implementado desde 2024 por la Fundación para la Conservación del Bosque Seco Chiquitano (FCBC) en dos paisajes clave: la Chiquitania (Santa Cruz) y el Chaco boliviano (Tarija).

Así, se logró que 23 predios se involucren en la iniciativa: 11 en Concepción, 7 en San Ignacio de Velasco y dos comunidades en San Rafael. En tanto que en Tarija se sumaron dos comunidades y una hacienda, sumando más de 180 mil hectáreas bajo el modelo PPP.

Quienes decidieron adherirse, recibieron capacitaciones en planificación y gestión territorial, seguimiento y evaluación ambiental, mejora continua de desempeño productivo socioambiental y alianzas estratégicas.

Águila arpía (Harpia harpyja), una de las rapaces más grandes del continente, registrada en una poza natural dentro de un predio del PPP. Su presencia demuestra el alto valor ecológico de estos territorios

Más allá de mostrar que es posible equilibrar producción y conservación, a mediano y largo plazo, el programa busca mejorar el acceso a certificación nacional e internacional, por ejemplo. Esto pensando en llegar a mercados como el europeo que desde diciembre de 2020 puso en vigencia el Reglamento de la UE sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR), que prohíbe la importación de productos que hayan causado deforestación después del 31 de diciembre de 2020.

Para cumplir con esta normativa, países exportadores como Argentina y Uruguay implementaron sistemas de trazabilidad y certificación que garantizan que la carne proviene de ganadería sin deforestación, lo que incluye la emisión de Certificados de Producto Libre de Deforestación (CLD)

La salud de los territorios

Un puma (Puma concolor) desplazándose por un área productiva con bosques conservados. Este felino utiliza los parches de monte como rutas naturales y zonas de caza.

Para investigadores como Cristhian Rodríguez y Huáscar Azurduy, responsables de monitoreo de fauna de la FCBC, la presencia de especies como el jaguar (Phantera onca) en los bosques conservados dentro de predios productivos que forman parte del PPP, muestra la salud de los ecosistemas, ya que la especie es un indicador importante de bosques bien conservados.

Asimismo, en el caso de mamíferos con pezuñas, las urinas (Mazama gouazoubira) fueron un indicio relevante. Este ciervo prefiere ambientes de monte denso y baja perturbación, por lo que su aparición confirma que los predios monitoreados mantienen zonas de bosque esenciales para su refugio y alimentación, refieren los expertos.

En cuanto a ejemplares que llamaron la atención del equipo está el lobito de río (Lontra longicaudis), un mamífero acuático poco común, generalmente asociado a ríos profundos y anchos. En este caso, apareció en las pozas de un predio PPP, lo que sugiere una buena calidad de agua y disponibilidad de peces. Esta especie está categorizada como casi amenazada (NT), lo que hizo que su registro fuera especialmente significativo para los monitores y los propietarios.

Otro hallazgo inesperado fue el de un águila arpía (Harpia harpyja), una de las rapaces más grandes del mundo, conocida por cazar monos aulladores, capuchinos, jochis, capiguaras juveniles y zorros. Una cámara la fotografió posada en el suelo de un predio donde se desarrolla actividad ganadera, pero también se aplican prácticas favorables a la sostenibilidad. Para los especialistas, esta imagen es una evidencia notable del valor ecológico de estas propiedades.

El equilibrio

Una capibara (Hydrochoerus hydrochaeris) descansando en una laguna temporal dentro de un predio adherido al PPP, donde se conservan cuerpos de agua esenciales para la fauna.

Estos registros muestran que los predios que aplican prácticas adecuadas para el sistema natural —y por tanto para el productivo— conservan una representatividad importante de la biodiversidad local y regional, aunque a menudo se subestime. Esto revela un escenario donde áreas protegidas e iniciativas como el PPP pueden complementarse en conservación y conectividad. “Predios que están tomando buenas decisiones son verdaderas cajas de sorpresa que estamos empezando a conocer y valorar desde el punto de vista biológico”, señalan.

La información obtenida también sirve para ajustar actividades productivas en cada predio. Evitar quemas, restringir el ingreso de ganado en áreas con registros de felinos o urinas, conservar pozas naturales y dejar corredores de vegetación entre potreros son algunas de las acciones que pueden incorporarse en los planes de manejo para reducir conflictos y mantener el equilibrio del ecosistema.

A escala mayor, los datos permiten mapear conectores naturales, pasos de fauna y predios clave para la conectividad. Si varios propietarios conservan parches de monte y cuerpos de agua, se forma una red continua de hábitats que facilita el desplazamiento de la fauna y fortalece la conectividad ecológica en el paisaje chiquitano. Y todo ello sin dejar de producir.