Almendra chiquitana, un fruto del bosque que abre nuevas oportunidades para las comunidades de la Chiquitania. Foto: Rocío Lloret Céspedes
Almendra chiquitana, un fruto del bosque que abre nuevas oportunidades para las comunidades de la Chiquitania. Foto: Rocío Lloret Céspedes
Rocío Lloret Céspedes

Rocío Lloret Céspedes

Periodista | La Región

Cuenta la leyenda que los árboles de almendra desperdigados por el bosque Cerrado chiquitano, no son otra cosa que las lágrimas de Nokümonish. Que este ser femenino, un día fue transformado en nube, y derramó su dolor y alegría, propagando así la especie por la Chiquitania boliviana.

Nokümonish significa almendra chiquitana (Dipteryx alata), en lengua bésiro. En la última década, se ha convertido en una alternativa de negocio frente al avance de la agroindustria, incendios forestales, deforestación y tráfico de tierras, entre otras presiones que sufre este territorio en Santa Cruz.

Al menos 40 comunidades indígenas de distintos municipios, entre ellos: Concepción, Lomerío y San Ignacio, se dedican a la recolección de este fruto silvestre entre julio y septiembre. Coincidentemente, el período más crítico para la producción agrícola por falta de lluvias que caracteriza la zona. Luego extraen la semilla con una prensa especial para partir una cáscara de extrema dureza. Las mejores, se van al mercado interno gourmet y a la exportación, pero aquellas semillas que no tienen la calidad requerida, se quedan para la elaboración de repostería, gastronomía local y para el consumo de los propios lugareños, dada su alta calidad nutricional. Nada se desperdicia. Ni siquiera la pulpa. Pero esto no siempre fue así.

El tesoro chiquitano

La recolección de almendra chiquitana se realiza entre julio y septiembre y representa una fuente de ingresos para familias de comunidades indígenas de la Chiquitania. Foto: Rocío Lloret

Hasta antes de 2004, la almendra chiquitana no tenía ningún valor económico. Carmen Espíritu, actual recolectora de la comunidad indígena Palmarito, en Concepción, dice a La Región que veían los frutos desperdiciarse en el suelo. El único beneficio que encontraban era la medicina natural de sus ancestros. “La corteza del tallo servía para preparar una infusión concentrada que neutralizaba el veneno de la picada de víbora”, recuerda.

En esa década, empezaron a publicarse estudios científicos sobre las ventajas nutricionales tanto del fruto como de la semilla. En la “Guía para el aprovechamiento y cultivo de la almendra chiquitana”, se considera que se trata de un “recurso estratégico para la seguridad alimentaria de la región”.

En el caso de la calucha o semilla, contiene proteínas y carbohidratos, y una menor proporción de aceites (grasas) entre todas las nueces disponibles en el mercado. Este detalle marca la diferencia. Mientras la almendra amazónica (Bertholletia excelsa), por ejemplo, contiene 66 gramos de grasa por cada 100 gramos de porción comestible; la chiquitana posee entre un 34.4 y 42 por ciento.

La semilla destaca por su valor nutricional: contiene proteínas y carbohidratos y una proporción de grasas menor que otras nueces disponibles en el mercado. Foto: Rocío Lloret

El jane o pulpa destaca por su sabor dulce, parecido a la vainilla. Es una excelente fuente de fibra dietética, se lee en estudios. Se usa para preparar refrescos y es muy apetecido por la fauna silvestre. Cuando el fruto está en las ramas, monos, murciélagos frugívoros y aves como loros, lo aprovechan al máximo. Una vez que este cae al suelo, mamíferos como jochis, pejis o venados, se relamen degustando esa fibra pastosa. A su vez, estos se convierten en dispersores naturales mediante sus fecas.

Javier Coimbra, una de las figuras científicas más importantes en el proceso de conservación, investigación y desarrollo de la almendra chiquitana, asegura a La Región que estas y otras características representan una oportunidad de negocio excepcional y de gran escala, cuyas ventajas económicas van más allá de la venta de la semilla.

“Son árboles perennes que van a vivir muchos años y ese es un tema interesante para los mercados de carbono. También está la producción de miel. El árbol florece en época en que no hay cosecha y eso beneficia a las abejas”, dice.

El almendro (Dipteryx alata) es una especie nativa del Cerrado chiquitano que puede vivir durante muchos años y formar parte de sistemas productivos que integran conservación y generación de ingresos. Foto: Rocío Lloret

Lo más importante, hay un mercado asegurado. Por ejemplo, con diez hectáreas de mandarinas, el productor no sabría dónde venderlas todas. En cambio, con mil o diez mil hectáreas de almendra chiquitana, la demanda internacional es tan alta que “toda la producción sería comprada por completo”. Lo propio sucede en el mercado interno.

El otro factor que hace interesante el cultivo de este fruto chiquitano es el sistema silvopastoril, una práctica rural que integra árboles, pastos y animales como las vacas en un mismo terreno. Al ser un excelente alimento para el ganado, la pulpa genera rentabilidad aunque no lo hiciera la semilla.

A dónde apunta el negocio

En la reciente Expoalmendra, que se realizó en agosto pasado en Concepción, a 285 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, quedó claro que hay varias tareas por cumplir para convertir a la almendra chiquitana en una alternativa de negocio ecosostenible a mediano y largo plazo, muy valiosa para la región.

Por un lado, las comunidades locales deben superar la organización interna para ajustarse a estándares de exportación. Actualmente, muchas familias se dedican a la recolección y pelado de la semilla, pero lo hacen en su tiempo libre, ya que necesitan ganancias inmediatas.

Al ser el almendro un cultivo que tarda, en promedio, tres años en fructificar, la baja inversión de las comunidades en sembrar estos árboles, les deja fuera del juego comercial, ya que solo puede recolectar de las plantaciones silvestres. Para ello, actualmente se estudia cómo darles subvenciones o apoyo financiero.

El creciente interés del mercado internacional abre oportunidades para que la almendra chiquitana se convierta en un producto de exportación y genere ingresos sin reemplazar el bosque. Foto: Rocío Lloret

Carmen Espíritu dice que este año se pagó Bs 50 (alrededor de cinco dólares) por kilo, una cifra que les permite anhelar días mejores. “Queremos mejorar y seguir adelante con la almendra. Nosotras también queremos hacer otras cosas para venderlas ya procesadas”, explica.

Las cifras que se manejan también podrían ser una alternativa para ganaderos que estén dispuestos a reforestar sus haciendas. “Vamos a reunir a todos los interesados, para presentar las opciones y responder a todas las objeciones que pudieran surgir”, asegura Coimbra. Involucrar a autoridades locales como alcaldes y subgobernadores, es otra tarea pendiente.

La semilla del sabor

Por su sabor silvestre y refinado, la almendra chiquitana se incorpora cada vez más a la gastronomía, especialmente en preparaciones dulces y repostería. Foto: Rocío Lloret

Lejos de los proyectos y pendientes, esta pequeña semilla se ha ganado un lugar tanto en hogares chiquitanos como en la cocina nacional e internacional.

Su sabor —“silvestre y más profundo que una almendra clásica o española”— hace que sea muy versátil para preparar platillos dulces o salados. En el restaurante El Gallo Francés, la chef Durby Lixy lo utiliza en postres, pero en septiembre, mes de Santa Cruz, elaborará una salsa para acompañar un surubí.

Su colega Andrés Burque coincide con ella, aunque bajo su mirada, el gran valor está en el alto potencial nutritivo que tiene. “Su sabor es tenue y refinado”, describe.

Esas características —sabor y riqueza alimentaria— también han llevado a la empresa privada boliviana a interesarse en la compra. Alternativa Food es una de las firmas que compra almendra chiquitana, tanto entera, para venderla como snack dulce o salado, y también partida, para usarla como ingrediente de repostería saludable. En tanto, la apuesta de Chiquitana Novel Foods, va mucho más allá. Su meta es entrar al ruedo de la exportación, para lo cual ha elaborado un manual de buenas prácticas de recolección y postrecolección para recolectores y organizaciones comunitarias.

Durante la Expoalmendra, un grupo de escolares puso en escena una obra de teatro basada en la leyenda de Nokümonish. Al final, el mensaje era que esta semilla salvaba a su pueblo de la sequía y el hambre. Una ficción que va camino a hacerse realidad.

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