
La Región
Un incendio forestal de alta severidad puede reducir en 39,5 por ciento la cantidad de agua de lluvia que llega a recargar un acuífero durante el primer año. Aún después de que el bosque y el suelo se recuperen, la recarga queda alrededor de diez por ciento por debajo de lo normal de forma persistente. Esa es la principal conclusión de la tesis doctoral Fire and water (Fuego y agua) de la geóloga Mónica Ximena Guzmán Rojo, investigadora de la Universidad Católica Boliviana (UCB), presentada en 2024 en la Vrije Universiteit Brussel (Bélgica). El estudio, centrado en el manantial El Sutó, en la serranía de San José de Chiquitos, clasifica esta cuenca como de vulnerabilidad alta inmediatamente después de un incendio y moderada en el largo plazo.
Las cifras se obtuvieron mediante modelación hidrológica de un incendio de alta severidad sobre la zona de recarga del manantial. Para la investigadora, el resultado es una alerta. El agua subterránea “es invisible y si está pasando algo, no lo estamos viendo; (recién) vamos a verlo cuando ya sea demasiado tarde, y demasiado tarde es cuando la gente empieza a enfermarse”, dice a La Región.
Por qué importa El Sutó
San José de Chiquitos, situado a 276 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, cuenta con 32.113 habitantes, según el Instituto Cruceño de Estadísticas. Estas personas dependen en gran medida del agua subterránea, porque se abastecen de pozos de entre 65 y 120 metros de profundidad, y de manantiales como El Sutó. Según explicó Guzmán, cada año el municipio enfrenta problemas de escasez de agua y atraviesa episodios recurrentes de incendios forestales.
El Sutó parece agua superficial, pero no lo es. El agua de lluvia penetra por la zona de recarga, en la parte alta de la serranía de San José, se almacena en el subsuelo y vuelve a brotar a través de “ojos de agua” o pequeñas vertientes. “Es agua subterránea que es accesible a las personas sin necesidad de perforar, bombear e incurrir en esos gastos”, dice la experta.
Ese sistema es frágil incluso sin fuego. De acuerdo con los modelos del estudio, en promedio el 73,2 por ciento de la lluvia se infiltra en el suelo, pero solo alrededor del 16,4 por ciento llega realmente a recargar el acuífero. El resto se pierde por otros procesos, como la evapotranspiración.
Cómo el fuego “cierra” el suelo al agua
En el estudio, Guzmán identifica la severidad de quema como la variable más importante vinculada al agua subterránea. En ese contexto, hay dos efectos clave.
- Efecto inmediato: tras un incendio de alta severidad, la ceniza se incrusta en los poros del suelo y forma costras. El agua infiltra menos y escurre más, lo que genera más erosión, más inundaciones y menos recarga. En la siguiente época seca habrá menos agua en los manantiales y niveles más bajos en los pozos.
- Efecto permanente: con las lluvias, la ceniza se lava y la vegetación vuelve a crecer, pero cuanto mayor es la severidad, más se reacomodan los poros del suelo y la porosidad —el espacio vacío por donde entra el agua— empieza a cerrarse. “Eso no se recupera con la vegetación, no se recupera con el lavado de cenizas. Es un cambio permanente del suelo”, explica.
Incluso en los años dos, tres o cinco después del fuego, la recarga llega solo al 90 por ciento de su nivel previo. Y eso —aclara la investigadora— es solo el efecto del incendio. Si a ello se le suma el cambio climático y las anomalías climáticas, la situación tiende a ser más desfavorable.

Consecuencias ambientales
El estudio advierte que la caída de la recarga expone el nivel freático a descensos significativos y los puntos de descarga del manantial al riesgo de secarse. Además, el análisis regional de la tesis encontró que San José de Chiquitos es una zona particularmente crítica por la disminución significativa de su recarga de agua subterránea en las últimas dos décadas.
Asimismo, la deforestación, producida especialmente por la expansión de la frontera agrícola, está cambiando el microclima y el suelo que recibe el agua. Entonces queda una pregunta pendiente: ¿qué pasa con la calidad del agua tras un incendio? “No es que no pase nada con la calidad del agua, es que no la estamos midiendo todavía”, advierte Guzmán.
La respuesta de San José
El trabajo de campo que realizó Guzmán y su equipo para la tesis mencionada, cambió la relación entre científicos y comunidad. Operadores de la cooperativa de agua Comayo, guardaparques de la Unidad de Conservación y Patrimonio Natural (UCPN) Santa Cruz La Vieja, concejales y agricultores acompañaron las mediciones y aportaron su conocimiento. “La gente que vive sobre un acuífero es la gente que conoce más la dinámica del acuífero”, resume.
Ese proceso tuvo efectos concretos. El Concejo Municipal de San José de Chiquitos aprobó por unanimidad una ley de protección de zonas de recarga que, según la investigadora, define la vulnerabilidad hídrica postincendio, un precedente para otras regiones con escasez de agua e incendios recurrentes. Además, en la nueva zonificación del área protegida departamental Santa Cruz La Vieja, el área de recarga de El Sutó quedó en la categoría más estricta de protección.
El estudio también propone una herramienta para replicar el análisis sin repetir todo el modelado: el índice FRIS (Fire-Related Recharge Impact Score), que estima la vulnerabilidad del agua subterránea al fuego a partir de propiedades del suelo como la textura, el drenaje o permeabilidad y la profundidad de raíces o del contacto con la roca. Según la tesis, el índice es aplicable en toda la región del bosque seco chiquitano. El equipo ya trabaja en extender este aprendizaje a San Rafael y San Ignacio.
Conversatorios para seguir aprendiendo
Esta semana, estos hallazgos y otros fueron analizados en un “Encuentro de saberes”, que se empezó el lunes y termina esta jornada. Especialistas de Chile, España, Guatemala, Colombia y Brasil, con experiencia en hidrología de cuencas, restauración hidrológico-forestal, calidad del agua después de incendios, protección de acuíferos, cambio climático y ordenamiento territorial hablaron de sus experiencias al respecto.
Junto a la Universidad Católica Boliviana (UCB), autoridades, guardaparques, la cooperativa de agua y técnicos municipales se realizó recorridos por el Parque Histórico Santa Cruz La Vieja. Asimismo, en mesas de trabajo se habló sobre protección de fuentes y ecosistemas, abastecimiento, seguimiento de la calidad del agua y coordinación entre actores.
Guzmán explicó que se trata de la primera reunión de una red de cuatro años que generará material para que ciudadanos y gobiernos dispongan de información sobre el efecto de los incendios en el agua subterránea y se promuevan políticas que consideren la variable agua en decisiones sobre tierra, agricultura y minería.
Mañana, 30 de octubre, el simposio “Conectando continentes: El Chiquitano sudamericano y el Miombo africano: ante el fuego y el agua”, se realizará en el Centro de Educación Ambiental (CEA) de la Gobernación de Santa Cruz, organizado por la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC), la UCB, la Universidad Eduardo Mondlane de Mozambique y la red REMA-CYTED, en coordinación con la Dirección de Recursos Naturales.
Ambos bosques secos tropicales comparten origen en Gondwana y hoy, separados por unos 2.900 km, enfrentan desafíos similares ante el cambio climático, los grandes incendios y el agua. Según el programa, las investigaciones de la UCB se orientaron al impacto del fuego en el agua a raíz de los grandes incendios de 2019, gracias a varios años de instrumentación y monitoreo en la cuenca El Sutó.
Guzmán presentará la ponencia Aguas subterráneas en el Bosque Seco Chiquitano: haciendo visible lo invisible y cofacilitará el panel Bosques, fuego y aguas subterráneas: del conocimiento a la protección y restauración, con expertos de Brasil, Colombia, Chile y Guatemala.
La importancia de este segundo encuentro está en llevar la discusión más allá del municipio. “Ya hay ciertas reglas que son más estrictas de protección, pero sabemos que eso no es suficiente, porque muchas decisiones sobre el territorio se toman a nivel nacional”, advierte la investigadora. “En San José ya el trabajo está hecho, la gente ha tomado el liderazgo de las medidas de protección”. El reto, ahora, es que esa lección llegue al resto del país y de la región.









