
La Región
La Amazonia concentra una de las mayores reservas de agua dulce del mundo, pero esa riqueza natural está en riesgo. Un nuevo estudio, impulsado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), advierte que el sistema hídrico más grande del planeta enfrenta una creciente vulnerabilidad debido al cambio climático y el deterioro ambiental, entre otros factores; una combinación que amenaza tanto a los ecosistemas, como a millones de personas que dependen de ellos.
La investigación, que abarca seis de los nueve países amazónicos —Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela—, busca realizar la primera evaluación integral y transfronteriza sobre los riesgos de impactos negativos por falta de agua, mala calidad de agua o la dificultad para acceder a ella; algo que en términos técnicos se define como “vulnerabilidad hídrica”. El objetivo es identificar las zonas más críticas y generar herramientas para mejorar la toma de decisiones al respecto.
Señales de fragilidad
La Amazonia alberga más de 800 mil ríos y 1.100 afluentes que transportan cerca del 20 por ciento del agua dulce que desemboca en los océanos y sostienen una región de 847 millones de hectáreas repartidas entre nueve países: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Guyana, Surinam y la Guyana Francesa (territorio de ultramar de Francia).

Según RAISG, este enorme sistema enfrenta presiones cada vez mayores. El cambio climático está modificando los patrones de lluvia, intensificando tanto las sequías como las inundaciones extremas, y acelerando el retroceso de los glaciares andinos que alimentan numerosos ríos amazónicos. A ello se suman la deforestación, la expansión de la frontera agrícola, la minería y el crecimiento urbano no planificado.
Julia Affonso, secretaria ejecutiva de RAISG, sostiene que fortalecer el conocimiento sobre la vulnerabilidad hídrica es clave para orientar políticas públicas, priorizar inversiones y contribuir tanto al bienestar de las poblaciones amazónicas como a la conservación de un ecosistema esencial para la estabilidad climática mundial.
¿Qué significa todo esto?
El estudio explica que un territorio presenta vulnerabilidad hídrica cuando su población o sus ecosistemas están expuestos a problemas relacionados con la disponibilidad, la calidad o el acceso al agua y, además, carecen de la capacidad suficiente para adaptarse o recuperarse de esos impactos.
Eso implica escenarios como menor disponibilidad de agua, contaminación de ríos, alteración de los ciclos de lluvia, degradación de los ecosistemas que regulan el agua o comunidades que no cuentan con infraestructura o conocimientos para enfrentar esos cambios.
Nicole Moreno, del Instituto del Bien Común, señala que esta vulnerabilidad adquiere una dimensión especialmente crítica en la Amazonia por el papel que desempeña en la regulación climática regional y global, el reciclaje de humedad que produce lluvias en gran parte del continente, el abastecimiento de agua dulce y la conservación de una biodiversidad única.
La investigación incorpora información sobre la dinámica de las aguas superficiales, escenarios climáticos, calidad del agua, amenazas ambientales y diversos indicadores socioambientales para identificar las cuencas hidrográficas donde coinciden mayores niveles de exposición, sensibilidad y menor capacidad de respuesta.
Entre los datos ya recopilados, RAISG destaca que el 77 por ciento de la Amazonia corresponde a zonas con alta o muy alta productividad hídrica, es decir, territorios fundamentales para captar, almacenar y regular el agua.
Además, alrededor del 22 por ciento de la región está conformada por humedales que cumplen funciones esenciales para mantener el equilibrio hidrológico amazónico, mientras que la conectividad entre los ríos andinos y las llanuras permite el transporte de nutrientes, sedimentos y especies a lo largo de miles de kilómetros.
Como parte del proyecto, también se elaborarán mapas regionales de vulnerabilidad hídrica por cuencas y microcuencas, y una base de datos con más de cien variables relacionadas con la calidad del agua y las principales presiones sobre los ecosistemas acuáticos, entre ellas la minería, la deforestación y la expansión agrícola.
¿Por qué importa este estudio?
Lo que revela esta iniciativa va más allá de un diagnóstico ambiental. Al analizar la Amazonia como un único sistema, el estudio permitirá identificar riesgos que no pueden observarse desde la escala nacional y ofrecerá información científica para diseñar políticas públicas basadas en evidencia, priorizar inversiones y fortalecer la adaptación frente a la crisis climática.
En una región donde los ríos conectan países, ecosistemas y poblaciones, comprender cómo se está debilitando el sistema de agua dulce más grande del planeta será determinante para anticipar futuras crisis de abastecimiento, proteger la biodiversidad y mantener uno de los principales reguladores del clima de la Tierra.









