
Sentada frente a un recipiente de madera, Toy mastica la yuca que hace poco hizo cocer. Pronto el tubérculo, base de su alimentación, se convertirá en una masa compacta que se macerará hasta convertirse en chicha; una práctica legendaria del pueblo Pacahuara de Bolivia, ubicado en el municipio de Riberalta, Beni. Toy vive en la comunidad Puerto Tujuré y es una de las cuatro integrantes que queda de esta etnia indígena amazónica.
La fotografía, captada por Karina Segovia, forma parte de una colección de 54 imágenes que son parte de la exposición “Bosques vivos, iniciativas productivas desde el territorio”, una muestra que busca mostrar paisajes de la Chiquitania y Amazonia, pero también cómo los pueblos indígenas se convirtieron en guardianes de estas tierras mediante la producción sostenible de frutos silvestres.

“Esta no es sólo una colección de imágenes, es una ventana de historias, sueños y realidades de comunidades que están transformando sus paisajes y sus vidas a través de soluciones sostenibles y creativas”, dice Eduardo Franco, otro de los 10 fotógrafos expositores.

Todos ellos fueron invitados por la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) a mostrar sus trabajos a través de una exposición que se inauguró el pasado jueves 11 de julio y que estará en el espacio de arte de la Manzana Uno de Santa Cruz de la Sierra hasta el 15 de septiembre.
Iniciativas productivas desde el territorio

Natalia Calderón, directora de la organización, explica que los bosques no sólo ofrecen una “belleza escénica que se presta a la fotografía”, sino que representan una fuente de vida de la que dependen numerosas comunidades distribuidas en las tierras del oriente.
“Es belleza social, cultural y económica de comunidades que viven de esos ecosistemas, de bosques que son fuente de vida para la soberanía alimentaria de pueblos locales. Estamos hablando de productos forestales no maderables que permiten mantener el bosque en pie y no deforestarlo”, asegura.
El asaí, la almendra chiquitana, la miel, el café, el copaibo y el cusi son algunos de los frutos que entregan los bosques amazónicos y chiquitanos; alimentos que, indígenas como Toy, manejan de forma sostenible para evitar la deforestación.
“Nosotros hacemos un monitoreo de la deforestación en el país, entonces vemos que los indígenas son los que menos afectan los bosques, los que mejor los preservan. Pese a que no tienen leyes de protección sobre sus territorios, son quienes mejor los manejan”, agrega Calderón.

Entre 1975 y 2019, en Bolivia se eliminaron más de ocho millones de hectáreas de bosque, lo que representa el 15% de la superficie forestal total del país, según datos de la Plataforma Ambiental Unión Europea-Suecia, que aporta a la ejecución de programas de conservación de los bosques y fomento a su manejo sostenible.
“Los fondos aportados por la Unión Europea y Suecia contribuyen a fortalecer los programas que las 14 instituciones (de la plataforma) promueven para fortalecer la resiliencia de los ecosistemas ante el cambio climático, apostando por un ‘Desarrollo Verde’, entendido como un desarrollo sostenible y amigable con la naturaleza en la Amazonia, Chaco y Chiquitania bolivianos”, detalla la plataforma.
Historias en imágenes
Danilo y Verónica recorren los pasillos de la Manzana 1. Cada cuatro pasos se detienen a contemplar alguna de las fotos de la muestra. Se toman su tiempo para observar cada detalle de la postal y leer la descripción de cada cuadro. Esa reacción, la de detenerse un instante para conocer un poco más sobre la forma en que los pueblos indígenas buscan generar recursos sin afectar su entorno, es la que se busca desde la exposición.
En conjunto, las fotografías documentan el proceso de recolección y transformación de los productos de la biodiversidad de los bosques bolivianos, “pero también celebran la identidad y diversidad de los pueblos que habitan en esos territorios”, precisa la FAN.

Así también lo percibe Andrés Unterladstaetter, quien se dedica a la fotografía de naturaleza desde hace 25 años. Varias de sus obras forman parte de la exposición. Para él, cada imagen evoca un recuerdo que quedó eternizado para la posteridad.
“Es lindo volver a ver y recordar los lugares y las personas a las que uno conoció cuando hizo estos trabajos. Si bien me especializo en la fotografía de naturaleza, disfruto mucho de conversar con la gente, siento que, como fotógrafos, apenas escarbamos por encima las historias, pero capturamos ese recuerdo”, comenta.
Como organizadora de la exhibición, la Fundación Amigos de la Naturaleza trabaja en el desarrollo sostenible y la resiliencia climática sobre cuatro áreas claves de impacto: bosques y biodiversidad, cadenas de valor y producción sostenible; cambio climático; y comunidades y ciudades con resiliencia.
“Consideramos que nuestro recurso más valioso es la gente, mujeres y hombres bolivianos que trabajan por la conservación y el desarrollo sostenible. Somos una organización de la sociedad civil que desarrolla caminos innovadores hacia un desarrollo integral y sostenible”, sostiene la directora ejecutiva.
La organización se apresta a cumplir 35 años de trabajo en Bolivia este 2024 y esta exposición marca el inicio de la conmemoración a la que se adhiere “Manzana 1 Espacio de Arte”, en un esfuerzo conjunto de dar a conocer la importancia de la conservación de la biodiversidad.
“Bosques vivos, iniciativas productivas desde el territorio” es una muestra gratuita que permanecerá abierta al público hasta el domingo 15 de septiembre, en la plaza de la Manzana Uno y en las instalaciones de la galería del mismo nombre. Esta exposición es gracias al apoyo a la Embajada de Suecia en Bolivia, Unión Europea y Cooperación Española.




