La pobreza, los altos costos de la energía y la falta de áreas verdes aumentan la vulnerabilidad de las ciudades latinoamericanas frente al calor extremo, según un estudio de la Universidad de Oxford. Imagen generada con inteligencia artificial con fines ilustrativos.
La pobreza, los altos costos de la energía y la falta de áreas verdes aumentan la vulnerabilidad de las ciudades latinoamericanas frente al calor extremo, según un estudio de la Universidad de Oxford.Imagen generada con inteligencia artificial con fines ilustrativos.

La Región, con datos de Periodistas por el Planeta.

Las ciudades de América Latina enfrentan una creciente amenaza derivada de la combinación entre cambio climático, desigualdad social y rápida urbanización. Un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Oxford advierte que el riesgo asociado a las olas de calor en la región no depende únicamente de las altas temperaturas, sino también de factores socioeconómicos y ambientales que incrementan la vulnerabilidad de millones de personas.

La investigación, publicada en la revista científica Sustainable Cities and Society, analizó 205 ciudades del mundo con más de un millón de habitantes, incluyendo urbes de México, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Argentina. El objetivo fue identificar los factores que determinan el riesgo real frente a eventos de calor extremo.

Los investigadores sostienen que medir únicamente la temperatura resulta insuficiente. El estudio incorpora variables como humedad, edad de la población, niveles de pobreza, cobertura arbórea y costo de la electricidad para evaluar la capacidad de adaptación de las ciudades.

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La pobreza y el costo de la energía aumentan la vulnerabilidad

La combinación de menores ingresos y altos costos energéticos dificulta la adaptación de millones de personas al calor extremo en América Latina.
Imagen generada con inteligencia artificial con fines ilustrativos.

Uno de los hallazgos más relevantes señala que las ciudades latinoamericanas enfrentan una doble dificultad: menores ingresos y altos costos energéticos.

Según el análisis, muchas familias pueden adquirir equipos de enfriamiento como ventiladores o aires acondicionados, pero no cuentan con los recursos suficientes para utilizarlos de manera constante debido al costo de la electricidad. Esta situación limita la capacidad de adaptación ante olas de calor cada vez más frecuentes e intensas.

El estudio utiliza indicadores como el PIB per cápita inverso y los precios de la energía para medir esta vulnerabilidad, destacando que la desigualdad económica amplifica los riesgos asociados al cambio climático.

La investigación también advierte que la presencia de población menor de cuatro años y mayor de 65 años incrementa significativamente los niveles de riesgo.

Los autores señalan que muchas ciudades latinoamericanas atraviesan procesos acelerados de transición demográfica hacia el envejecimiento, mientras sus sistemas de salud, infraestructura urbana y viviendas aún no están preparados para responder adecuadamente a episodios de calor extremo.

La falta de árboles refleja desigualdades urbanas

Otro de los factores identificados es la distribución desigual de áreas verdes dentro de las ciudades.

El estudio indica que los barrios con mayores ingresos suelen contar con abundante cobertura arbórea, mientras que las zonas periféricas y de menores recursos presentan extensas superficies de asfalto y cemento. Esta diferencia genera el llamado efecto de isla de calor urbana, elevando las temperaturas en los sectores más vulnerables.

Los investigadores concluyen que la falta de árboles no solo representa un problema ambiental, sino también una expresión de desigualdad social que puede traducirse en mayores riesgos para la salud.

Hacia ciudades inteligentes centradas en las personas

La investigación cuestiona los modelos tradicionales de “ciudades inteligentes” basados exclusivamente en soluciones tecnológicas importadas de países desarrollados.

Según Oxford, las iniciativas urbanas serán sostenibles únicamente si están orientadas a reducir desigualdades y fortalecer la participación ciudadana. Entre las prioridades se menciona la implementación de sistemas de alerta temprana para proteger a los grupos más vulnerables durante episodios de calor extremo.

Asimismo, se destaca la importancia de fortalecer la transparencia, la rendición de cuentas y la capacidad institucional de los gobiernos locales.

Experiencias destacadas en América Latina

El estudio identifica a ciudades como Bogotá y Medellín como referentes regionales en movilidad sostenible e integración del transporte público, destacando iniciativas orientadas a mejorar la conectividad urbana y reducir impactos ambientales.
Foto referencial. Fuente: Pixabay.

A pesar de las limitaciones presupuestarias que enfrentan muchos municipios de la región, el estudio identifica varios ejemplos de innovación y sostenibilidad.

Entre ellos se encuentran Bogotá y Medellín, en Colombia, por sus avances en movilidad sostenible y transporte integrado; Santiago de Chile y Buenos Aires, por la optimización del transporte masivo y proyectos de renovación urbana; Ciudad de México, por el desarrollo de marcos normativos para edificios inteligentes y eficientes; y Montevideo, por la digitalización de servicios públicos orientada a mejorar la gestión local.

Diseño realizado con IA.

Las soluciones urgentes

Los investigadores recuerdan que el cambio climático ya está relacionado con más de un tercio de las muertes anuales asociadas a olas de calor en el mundo.

Ante este escenario, el estudio plantea cuatro líneas prioritarias de acción para las ciudades latinoamericanas:

  • Fortalecer las redes eléctricas para soportar los aumentos de demanda durante eventos extremos.
  • Implementar programas masivos de reforestación urbana, especialmente en barrios de menores ingresos.
  • Promover diseños bioclimáticos y sistemas de enfriamiento pasivo en nuevas construcciones.
  • Reducir obstáculos burocráticos y fortalecer las capacidades técnicas de los gobiernos locales para acelerar las medidas de adaptación climática.

Los autores concluyen que la capacidad de las ciudades para enfrentar el calor extremo dependerá no solo de las inversiones en infraestructura, sino también de su capacidad para reducir las brechas sociales que amplifican los impactos del cambio climático.