Las imágenes que se hicieron virales de un oso jukumari (Tremarctos ornatus) bañándose en una poza de agua permanente, en pleno corazón del Chaco boliviano; en realidad reflejan a dos ejemplares que pasaron por el lugar con una distancia de 15 días entre uno y otro. El hecho ocurrió en noviembre de 2025 en un cuerpo de agua rodeado de vegetación, en el Área Natural de Manejo Integrado municipal Serranías de Igüembé, ubicada en Chuquisaca.
Aideé Vargas, coordinadora de Biodiversidad de la Fundación Natura Bolivia, explicó a La Región que los registros datan de noviembre de 2025: el pico más alto de calor en el chaco boliviano. Los videos fueron captados por cámaras trampa instaladas estratégicamente en el territorio conservado; los mismos que se revisaron este año, dejando la grata sorpresa al equipo de investigadores de la organización.
Un registro en las nacientes del Parapetí
Igüembé es una de las áreas protegidas donde Natura inició monitoreo con cámaras trampa hace dos años, dentro de una de las quebradas que alimentan la cuenca del río Parapetí, cuyas nacientes están en los valles de Azurduy (Chuquisaca) y que recorre distintos municipios hasta llegar a Charagua (Santa Cruz). El sitio se encuentra en el bosque boliviano-tucumano, una formación de transición entre los Yungas húmedos y la llanura chaqueña, más seca.

El técnico Julio Oña instaló los equipos, guiado por guardianes comunitarios de la zona. “Son los que más conocen las zonas donde habita esta fauna silvestre y el oso, porque viven ahí”, señaló Vargas, quien destacó el rol de estos guardianes locales para identificar los puntos de paso de los animales, para trabajar en estrategias de conservación.
Los videos corresponden a dos osos distintos, registrados en fechas cercanas dentro de un mismo periodo de 15 días de noviembre. “Los tres primeros videos que compartimos son del mismo individuo; el último video es un individuo diferente”, explicó. Ambos son adultos —no juveniles—, aunque de tamaño ligeramente distinto, y se diferencian por patrones de manchas únicos en su pelaje. Por ahora no se conoce su sexo.
“Cada oso se identifica porque tiene manchas diferentes, únicas”, detalló la investigadora, quien comparó estos ejemplares con los registrados en la Cuenca Alta del río Parapetí, que suelen verse más oscuros y con manchas menos marcadas.
En total libertad
Las áreas protegidas, como su nombre lo indica, tienen restricciones para actividades humanas y permiten que especies como este oso, catalogado como “Vulnerable” a la extinción, según el Libro Rojo de Vertebrados de Bolivia; puedan desenvolverse en total liberta.
Para Vargas, el comportamiento de los ejemplares en el agua, por ejemplo, está relacionado con el intenso calor de la época seca. El registro corresponde a noviembre, uno de los picos de sequía en el Chaco boliviano, antes del inicio de las lluvias. A diferencia de otras fuentes cercanas que se secan, esta poza es un cuerpo de agua permanente, lo que explicaría su atractivo para la fauna en esos meses.
Amenazas latentes
La principal amenaza de la zona donde se registró a estos osos es la ganadería extensiva, que puede generar un eventual conflicto entre el ser humano y el oso.
En cambio, la experta descartó que la frontera agrícola sea un riesgo relevante ahí, porque el territorio es guaraní y, según explicó, esa población no suele transformar el bosque para agricultura extensiva.
Más allá de lo llamativo de las imágenes, la presencia del oso es un indicador ecológico: el jukumari se alimenta en buena parte de vegetación —como bromelias— que solo prospera en sitios con humedad suficiente. “Un oso que se está alimentando de esto es indicador de que hay humedad en esos sitios”, señaló Vargas. Incluso en el Chaco, una región de clima más seco, los cambios térmicos nocturnos generan condensación suficiente para sostener esas condiciones en ciertos puntos del bosque serrano.
Sobre la especie
El oso jukumari u oso andino (Tremarctos ornatus) es un animal solitario y omnívoro. Se alimenta principalmente de vegetación, pero también de insectos y algunos vertebrados. Las hembras crían a sus cachorros en solitario, con un periodo de cuidado materno que puede extenderse hasta dos años.












