Caravanas, flotillas y colectivos indígenas, campesinos y ambientales de distintos países de América Latina convergen estos días en Belém, Brasil, para hacerse escuchar durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30). A la par del inicio oficial de las sesiones, las calles se llenan de manifestaciones, arte y reclamos por justicia climática.
Frente a la sede del evento, grupos de activistas realizaron acciones simbólicas para denunciar la violencia que sufren los defensores ambientales en el continente. En una de ellas, decenas de personas se tendieron en el suelo, cubiertas con sábanas blancas, simbolizando a quienes han sido silenciados por proteger los territorios.

“Quienes defienden la vida siguen siendo perseguidos, silenciados y asesinados, desde México hasta la Amazonía”, señalaron los organizadores de la movilización, parte de una serie de actos que marcan el inicio de la cumbre climática.

Movimientos que recorren el continente
Entre las principales iniciativas que confluyeron en Belém se encuentra la Caravana Mesoamericana por el Clima y la Vida, integrada por activistas y liderazgos de México y Centroamérica. Esta marcha recorre territorios afectados por megaproyectos extractivos y militarización, llevando hasta la COP30 las voces de comunidades desplazadas o amenazadas.
Asimismo, jóvenes indígenas y colectivos amazónicos protagonizan flotillas que navegan hacia Belém, como la iniciativa “Yaku Mama”, narrada por El País, o el encuentro de diversas embarcaciones documentado por The Guardian en “A meeting of voices: flotillas head into Belém ahead of COP30”.
Estas travesías buscan visibilizar el papel de los pueblos originarios como guardianes de los bosques tropicales y defensores del agua.
Actos simbólicos y reclamos globales

Además de caravanas y marchas, varias organizaciones internacionales realizaron performances en Belém. Una de las más destacadas fue impulsada por Oxfam bajo el lema “Sleeping on the job”, en la que activistas se acostaron en el suelo frente al recinto principal, en alusión a la inacción de los gobiernos ante la crisis climática.
En paralelo, líderes indígenas de la Amazonía, los Andes y Centroamérica llevaron sus demandas de protección territorial, financiamiento para la adaptación y fin de los megaproyectos extractivos. Tal como destaca Reuters en su reportaje “From the Andes to the Amazon, Indigenous leaders bring their demands to COP30”, los pueblos originarios buscan que la transición energética global no repita las lógicas de despojo que ya enfrentan.
Un continente en resistencia
De acuerdo con informes de organizaciones internacionales, América Latina sigue siendo una de las regiones más peligrosas para quienes defienden la naturaleza. Tan solo en 2024, más de 140 personas fueron asesinadas por su labor ambiental, según reportes de Global Witness.
Por eso, las manifestaciones en Belém no solo reclaman acción climática, sino también justicia para quienes protegen la vida.
La Región continuará siguiendo las actividades paralelas a la COP30, con énfasis en la participación de comunidades latinoamericanas y sus propuestas para enfrentar la crisis climática desde los territorios.
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