Alcanfor de los campos. Foto: FCBC
Alcanfor de los campos. Foto: FCBC
  • En la Chiquitania existen plantas nativas con aceites esenciales que pueden utilizarse en vaporizaciones como alternativa a especies introducidas.
  • Familias botánicas como las labiadas, anacardiáceas y compuestas concentran especies aromáticas con propiedades tradicionalmente reconocidas.
  • El conocimiento ancestral chiquitano mantiene vigente el uso de estas plantas como parte del patrimonio cultural y biológico de Bolivia.
Redacción

La Región

En distintas regiones del país, el eucalipto suele asociarse a vaporizaciones por su aroma y contenido de aceites esenciales. Sin embargo, en la Chiquitania —donde esta especie no es nativa— existen múltiples plantas locales que cumplen funciones similares gracias a sus propiedades aromáticas y su uso tradicional.

Estas especies forman parte del conocimiento transmitido por generaciones en comunidades chiquitanas y han sido empleadas para aliviar afecciones respiratorias mediante inhalaciones y vaporizaciones.

Las vaporizaciones consisten en la inhalación de vapor caliente, práctica que ayuda a fluidificar secreciones y facilitar la respiración. Cuando se agregan plantas aromáticas, se liberan aceites esenciales volátiles con efectos broncodilatadores, antiinflamatorios o antisépticos.

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Pesoé (Pterodon emarginatus)

El pesoé es muy apreciado en las comunidades chiquitanas por sus propiedades medicinales.
El pesoé es muy apreciado en las comunidades chiquitanas por sus propiedades medicinales.

El pesoé es uno de los árboles más valorados en la medicina tradicional chiquitana. Sus frutos contienen aceites esenciales aromáticos utilizados desde hace siglos para inhalaciones.

La práctica tradicional consiste en partir o machacar algunos frutos y colocarlos en agua caliente para realizar vaporizaciones. El árbol es abundante en zonas como Santa Rosa de Roca, el Abayoy entre San José y Roboré, Santiago de Chiquitos y San Matías.


Isiga (Protium heptaphyllum)

La isiga tiene un alto poder desinflamatorio.
La isiga tiene un alto poder desinflamatorio.

La isiga es conocida por su resina fuertemente aromática, utilizada como desinflamante en el ámbito rural. Contiene aceites esenciales que no son solubles directamente en agua, por lo que tradicionalmente se diluyen en aceite comestible caliente antes de añadirse al agua de vaporización.

También pueden emplearse sus hojas mediante un breve hervor. Es una especie frecuente en arboledas y en zonas de transición entre campos abiertos y monte.


Anacardiáceas: cuchi, pototó y mango

Cogollo de cuchi. Foto: FCBC
Cogollo de cuchi. Foto: FCBC

Diversas especies de la familia de las anacardiáceas poseen hojas con aceites esenciales volátiles de efecto medicinal, especialmente en sus brotes tiernos.

Entre ellas se encuentran:

  • Cuchi (Astronium urundeuva)
  • Pototó (Astronium fraxinifolium)
  • Mango (Mangifera indica)

En estos casos, las hojas se hierven brevemente antes de utilizarlas en vaporizaciones.


Labiadas: albahacas silvestres y alcanfor de campo

Las plantas de la familia de las labiadas son ampliamente reconocidas por su valor aromático y medicinal. En la Chiquitania crecen diversas especies, entre ellas:

  • Albahacas silvestres
  • Bira-bira negra o sigá
  • Alcanfor de los campos (Hyptis sp.)
  • Albahaca del campo (Hyptis suaveolens)

Estas especies pueden utilizarse frescas o secas en vaporizaciones, ya que contienen aceites esenciales volátiles ampliamente estudiados.


Compuestas: la bira-bira blanca

Bira Bira blanca.  Foto. FCBC
Bira Bira blanca. Foto. FCBC

Dentro de la familia de las compuestas, la manzanilla es la más conocida. Sin embargo, en Bolivia destaca la bira-bira blanca (Achyrocline satureioides), reconocida por sus propiedades para aliviar la tos y como desinflamante.

Su uso tradicional está extendido en diversas regiones del país.


Biodiversidad y conocimiento local

El uso de estas plantas refleja la riqueza de la biodiversidad boliviana y el valor del conocimiento tradicional asociado a ella. A diferencia de especies introducidas, estas alternativas nativas forman parte de los ecosistemas locales y están disponibles en el entorno rural chiquitano.

Más allá de su aplicación puntual, estas prácticas evidencian cómo la diversidad biológica y el saber ancestral continúan siendo recursos clave para las comunidades.


Nota editorial: Este contenido es una adaptación y actualización de un artículo publicado originalmente en La Región, escrito por Javier Coimbra y con fotografías de FCBC.