Un nuevo suplemento elaborado con frutos amazónicos muestra resultados alentadores para contrarrestar la desnutrición. Ilustración: La Región / IA.
Un nuevo suplemento elaborado con frutos amazónicos muestra resultados alentadores para contrarrestar la desnutrición. Ilustración: La Región / IA.

En los pasillos de consulta del centro de salud del distrito 5 de Riberalta —corazón de la Amazonia boliviana— madres muy jóvenes esperan su turno con sus pequeños hijos a cuestas. En los consultorios, enfermeras afanadas toman temperatura, miden la estatura, pesan a los bebés y siguen con esmero su crecimiento. ¿La razón? Un estudio para poner a prueba un suplemento alimentario llamado Fortibebé, creado por expertos bolivianos, con base en frutos amazónicos del Beni, para bebés de seis a 23 meses de vida.

Durante más de cien días, niños y niñas de 60 familias formaron parte de esta investigación autorizada por los padres y autoridades sanitarias locales. El objetivo: probar la aceptación y beneficios del producto. A mediano o largo plazo: reemplazar al Nutribebé que entrega el Estado boliviano en el subsidio materno-infantil.

Los resultados fueron más que alentadores, cuenta a La Región Jimena Clavijo, nutricionista de la organización no gubernamental Médicus Mundi, quien lideró dicho estudio. “Los niños mantienen su estado nutricional, es decir, que al consumir el producto no se desnutren, pero tampoco llegan al sobrepeso”, explica Clavijo.

La prueba, que se realizó entre abril y agosto de este año, permitió concluir que Fortibebé es un alimento altamente nutritivo, con propiedades nutricionales naturales, elaborado en base a frutos amazónicos como el majo, harina de plátano, castaña, asaí y palma real, entre otros. Lo más importante, no lleva aditivos químicos.

Volver a los orígenes

La desnutrición crónica es una de las problemáticas que se busca contrarrestar con el nuevo suplemento elaborado a partir de frutos amazónicos, cuyos primeros resultados han sido alentadores. Ilustración La Región/IA.

En 2023, un informe del Servicio de la Red de Salud Riberalta al que este medio tuvo acceso, reveló que el 15 % de los niños menores de cinco años prestaban desnutrición crónica. Esta realidad, que contrasta con mamás que muchas veces empiezan a darle golosinas a sus hijos desde muy pequeños, haciéndolos propensos al sobrepeso; hizo que un grupo multidisciplinario de profesionales se plantee el reto de elaborar un suplemento alimenticio con frutos amazónicos que abundan en la región.

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Tras dos años de investigaciones, pruebas y estudios, nació Fortibebé en dos presentaciones: polvo y tipo cereal para comer con leche. “Dijimos: ‘¿cómo vamos a permitir que nuestros niños coman tan mal cuando tenemos nuestras superfrutas amazónicas que se están promocionando a nivel mundial y aquí las cosechamos?”, cuenta Vincent Vos, biólogo belga que vive en Riberalta desde hace 24 años.

Pero además, el equipo de profesionales buscó que el alimento dinamice la economía local, cree oportunidades de ingresos para comunidades indígenas y campesinas que se dedican a la recolección de estos frutos, y fomente sistemas sostenibles de producción, con nuevas tecnología y trabajos dignos.

Un camino largo

Además de favorecer la salud, el proyecto beneficiará a las comunidades locales al generar nuevas alternativas de ingresos. Ilustración La Región/ IA.

El primer reto que se plantearon los expertos, tras conocer el diagnóstico sanitario de Riberalta, fue encontrar los frutos idóneos. Uno de ellos, la almendra o castaña fue el que más debates causó, porque profesionales del Hospital Materno-infantil de Riberalta advirtieron que podía provocar alergias debido a un componente llamado aflatoxina. Luego de procesos y pruebas, se demostró que se podía usar la harina sin que provoque ninguna reacción en los bebés.

“Con este ensayo clínico hemos desmitificado la creencia de que en la almendra puede producir alergia a los bebés. En este momento estamos elaborando un artículo científico sobre esos componentes”, cuenta Elsa Alcócer, ingeniera química con maestría en tecnologías de alimentos.

Desde Cochabamba, ella fue la llamada a liderar la parte de desarrollo de producción por invitación de Medicus Mundi, como parte de la alianza de la organización y el Instituto de Investigaciones Forestales de la Amazonia, dependiente de la Universidad Autónoma del Beni. La experiencia en alimentos para bebés que desarrolló en 2002 le dio la idoneidad para enfrentar el desafío.

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En el proceso se consultó también con el gobierno municipal de Riberalta, la red de Salud y organizaciones de la sociedad civil. “Desde el municipio dijeron: ‘Pagamos dinero por la adquisición del Nutribebé y las utilidades no retornan a nosotros. Además que no estamos aprovechando los frutos amazónicos que son ricos en nutrientes”, recuerda Alcócer.

Con esa consigna, el reto siguiente fue que Fortibebé cueste menos que Nutribebé, cuyo precio es Bs 23.50 (poco más de tres dólares a tipo de cambio oficial), además, que pueda incorporarse como un alimento complementario para los bebés de la Amazonia boliviana.

Así, se montó una pequeña planta en Cochabamba, que básicamente tiene una despulpadora, un extrusor, un molino y una mezcladora; todo de material inoxidable. Previamente se hizo las pruebas en un laboratorio e incluso se capacitó a estudiantes de ingeniería industria y forestal que demostraron tener un sentido del olfato muy fino para detectar la calidad del asaí por ejemplo.

Lo que sigue

El equipo espera que la tecnología desarrollada para Fortibebé pueda ser adoptada por emprendedores o asociaciones locales, con el fin de ampliar su producción. Ilustración La Región/IA.

En este momento, nosotros queremos transferir toda la tecnología (que creamos) a un emprendedor o a una asociación de productores de Riberalta que cumplan los requisitos mínimos. Ellos ya pueden implementar e incluso tener el manual de buenas prácticas”, dice Elsa Alcócer.

A nivel administrativo, el Servicio Departamental de Salud (Sedes) Beni se encuentra haciendo gestiones ante el Ministerio de Salud para que se apruebe la distribución del producto. Ya hay un antecedente en Chayanta (Potosí), donde se creó un suplemento parecido con productos andinos del lugar, por lo que solo resta seguir los trámites.

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Los profesionales coinciden que, además, la idea es generar economía dentro del municipio y demostrar que es posible un desarrollo sostenible. Para ello, ya hay al menos ocho asociaciones que tienen certificación para aprovechar el asaí; lo propio puede pasar con el majo, la palma real y la castaña.

“Hace mucho tiempo, la Amazonia boliviana no era ni selva todavía, era una pampa. Hace diez mil años la gente fue a vivir allá y desarrolló sus propios paisajes prácticamente: con lagos allá por Mojos; canales y camellones. En los últimos años tenemos cada vez más claridad que eso no fue solamente en el paisaje en términos de construcciones de tierra, sino vegetación; árboles útiles para el ser humano, que ahora queremos aprovechar sin deforestar”, concluye el biólogo Vincent Vos.