Una jaguar que sobrevivió a los incendios forestales tiene una nueva oportunidad de regresar a la vida silvestre. Foto: CIWY
Una jaguar que sobrevivió a los incendios forestales tiene una nueva oportunidad de regresar a la vida silvestre. Foto: CIWY
Con ocho meses, una cachorra de jaguar fue rescatada en 2024, tras huir del fuego en una estancia ganadera de Santa Cruz.
Un equipo de expertos evaluó la posibilidad de rehabilitar a la félida para devolverla a su hábitat. Así se inició un camino de dos años.
El proceso requirió edificar un recinto de una hectárea, el más grande de Bolivia, diseñado para evaluar y pulir sus técnicas de caza.
Con un costo total de entre 120 mil y 150 mil dólares, la operación combinó asesoría científica internacional y un traslado por avión.
Tras ser liberada con éxito en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado, un collar satelital registrará sus movimientos durante dos años.
Rocío Lloret Céspedes

Rocío Lloret Céspedes

Periodista | La Región

En agosto de 2024, una cachorra de jaguar fue rescatada cuando escapaba de los incendios forestales que azotaron a Bolivia entre junio y octubre de ese año. Estaba en una estancia ganadera de Guarayos, a 300 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, en el oriente del país. Por su forma de comportamiento, se cree que fue separada de la madre muy poco tiempo antes del siniestro. “Imaginamos que por el fuego, tomaron rumbos distintos”, dice Ana Lucía Encinas, directora de Comunicaciones de la Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY). Tampoco estaba sola. Quienes la vieron corriendo, alcanzaron a divisar a otro cachorro, posiblemente su hermano o hermana. Pero solo pudieron salvar a una.

Aquel día, tras la evaluación médica, se observó que su estado de salud era bueno, aunque tenía fractura en un colmillo. Con ocho meses de vida, el “rechazo natural hacia el ser humano”, para los expertos era indicador de que no tuvo contacto prolongado con personas ni había sido víctima de mascotismo u otro tipo de maltrato. Este detalle permitió pensar en un proceso de rehabilitación para devolverla a su hábitat.

En 2024 la jaguar fue sometida a un proceso de recuperación tras su rescate de los incendios forestales en Santa Cruz. Foto: Cortesía CIWY

Un comité científico —conformado por la bióloga boliviana Ángela Núñez, el biólogo español Iván Márquez, y la veterinaria española Irene González— estuvo a cargo del proceso. Tras obtener el permiso del Viceministerio de Medio Ambiente, mediante la Dirección General de Biodiversidad y Áreas Protegidas (DGBAP), la rehabilitación comenzó tres meses después del rescate, en noviembre de 2024. Para entonces, en CIWY se empezó a pensar en un nombre que permitiera conocer la historia de un animal que logró salvarse de los incendios forestales más graves de la historia boliviana: 12,6 millones de hectáreas afectadas. Por votación en redes sociales surgió “Yaguara”, del guaraní yaguara o “animal que salta”.

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Dos años después de un proyecto que se ejecutó por etapas, el primer fin de semana de junio, la jaguar volvió a la selva. Ya no a Guarayos, donde la encontraron, sino a un área protegida: el Parque Nacional “Noel Kempff Mercado”, a 600 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra. Lejos del ser humano.

Un largo camino a casa

La Comunidad Inti Wara Yassi cuenta con tres centros de custodia para animales silvestres. Uno de ellos, Ambue Ari, en Guarayos (Santa Cruz), tiene mil hectáreas para que los ejemplares rescatados puedan, pese al cautiverio, moverse emulando su hábitat. En el caso de Yaguara, se tuvo que construir un recinto de diez mil metros cuadrados para que pudiera desarrollar sus instintos naturales. Este espacio —el más grande de su tipo en el país— incluyó una laguna artificial, porque el jaguar es nadador por excelencia; divisiones para facilitar la adaptación y una jaula de manejo.

Durante los dos años que duró el proceso, instituciones como Onçafari en Brasil y el Proyecto Yaguareté en Argentina brindaron apoyo consultivo y validación técnica, para que el resultado fuera exitoso. Había que evitar la impronta o que el animal se acostumbre a los humanos, por lo que se aplicó una minimización estricta de contacto.

Yaguara fue monitoreada de forma permanente mediante cámaras trampa durante su proceso de recuperación. Foto: Cortesía CIWY.

El monitoreo se realizó mediante once cámaras trampa y una cámara fija que transmitía en tiempo real lo que ocurrió en la laguna. De esta manera, el proceso se enfocó en que Yaguara perfeccione técnicas de caza, nado y trepado de árboles. Asimismo, se trabajó con una complejidad alimenticia gradual, proporcionándole presas vivas, desde tamaños pequeños hasta medianos, para asegurar que pudiera alimentarse por sí misma cuando estuviera en libertad.

Cada cierto tiempo, el equipo multidisciplinario supervisaba cada fase, mediante análisis estadísticos de patrones de comportamiento para confirmar que sus niveles de actividad (principalmente en la noche y al amanecer), coincidieran con un animal silvestre.

Mientras, otro comité se conformó para identificar la mejor zona de liberación.

Más allá de la selva

Vista aérea del Parque Nacional Noel Kempff Mercado, el lugar elegido para la reinserción de Yaguara en su hábitat natural. Foto: Cortesía CIWY.

“Un subcomité propuso varias alternativas”, cuenta a La Región la bióloga Ángela Núñez. Finalmente se eligió el Parque Nacional “Noel Kempff Mercado”, en Santa Cruz, 1,5 millones de hectáreas; declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco debido a su enorme biodiversidad.

Pero luego venía la parte más compleja: elegir el punto donde la félida pudiera tener recursos para sobrevivir, agua, refugio. Además, que estuviera lejos de comunidades humanas que pudieran perturbarle.

“En ese momento también consideramos que había que compartir el proyecto con comunidades que están alrededor del Parque, para que tengan conocimiento y se sensibilicen respecto a la conservación de la especie”, explica Núñez. En esta etapa también se capacitó a guardaparques, para que de alguna manera apoyen en el momento de liberación y en el monitoreo posterior.

Actualmente en Bolivia, el jaguar está “En Peligro” de extinción, según el Libro Rojo de Vertebrados, por lo que ningún detalle podía quedar suelto.

El día “D”

Yaguara fue transportada por río en una caja de 95 kilos hasta el lugar elegido para su liberación. Foto: Cortesía CIWY.

Ana Lucía Encinas cuenta que tres días antes de la liberación, un equipo de avanzada compuesto por 12 personas partió hasta el “Noel Kempff” por vía terrestres y fluvial para organizar la logística y asegurar que todo estuviera en orden para la llegada de Yaguara.

El operativo final involucró a cerca de 20 personas entre dependientes de CIWY, guardaparques del Servicio Nacional de Áreas Protegidas, Bomberos Quebracho y organizaciones como Fundación para la Conservación del Bosque Seco Chiquitano y Fundación Amigos de la Naturaleza.

Finalmente, el día del traslado, Yaguara —ya con unos 50 kilos— fue sedada para viajar en una avioneta desde Guarayos hasta la base naval Ramón Darío Gutiérrez, desde donde fue transportada por río en una caja de 95 kilos hasta el punto elegido para volver a su hábitat. El animal más la jaula superaban los 130 kilos.

“Esta es la primera experiencia de rehabilitación y liberación en Bolivia. No es posible eliminar los riesgos al cien por ciento, pero priorizamos una zona remota, minimizando el conflicto (con el ser humano) y permitiendo que ella determine su capacidad de establecerse en un territorio silvestre”, dice Núñez.

El momento en que Yaguara abandonó la caja de transporte y volvió a la vida silvestre. Video: Cortesía CIWY.

Lecciones de una jaguar

Experiencias en otros países han permitido que ejemplares de esta especie incluso puedan reproducirse hasta una segunda generación (nietos). Con Yaguara, el paso que sigue es el monitoreo mediante un dispositivo satelital, que permita monitorearla durante dos años.

Entre otras funciones, el collar envía señales y ubicación geográfica para rastrear por dónde se mueve. Interpretar estos puntos, permitirá a los científicos determinar si logró establecerse en un territorio fijo y medir la extensión de su rango de movimiento. También se podrá saber qué lugares prefiere para refugiarse y al ser una hembra, tiene cierta ventaja ya que reduce el riesgo de que otros jaguares la ataquen debido a la territorialidad.

“Sabemos que hay jaguares en el Noel Kempff y es importante que ella se relacione para integrarse a esa población. Si bien ellos no forman grupos, ni nada, en el momento del apareamiento, forman parejas y luego se alejan. Tienen las crías por dos años, se separan y luego la hembra queda sola para aparearse nuevamente”, explica la bióloga.

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Este tipo de procesos en la región llega a costar hasta 500 mil dólares. En el caso de Bolivia, la cifra oscila entre 120 mil y 150 mil dólares, asegura Ana Lucía Encinas. Esto porque el equipo núcleo fue pequeño.

A partir de este caso, lo siguiente es generar información y protocolos técnicos formales que permitan “tener un modelo boliviano”, para proceder frente a otros similares. Sin embargo, tanto Encinas como Núñez advierten que esto debe hacerse con responsabilidad y con el seguimiento de las autoridades pertinentes.

“En esta jaguar se han hecho todos los análisis (sanitarios) que correspondían. Se ha verificado que esté sana. Porque (de no estarlo), evitaría por un lado que ella pueda vivir tranquila en vida silvestre. Por otro lado, (al corroborar que esté sana) se está evitando el contagio de este individuo hacia una población muy grande de una especie que esté en peligro de extinción”, finaliza Encinas.