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La Región

La feria de la Alasita es para los paceños como una fiesta para hacer realidad los deseos. Como reza la tradición, al mediodía de cada 24 de enero, se debe comprar aquello que se necesita, se sueña, se espera, pero en miniatura.

Por ello, mucho antes de la hora clave, las calles de la sede de Gobierno y El Alto se llenan de comerciantes que ofrecen desde billetes de todos los cortes y en monedas extranjeras, hasta títulos académicos, bienes inmuebles, bebés, parejas o símbolos de ellas, como gallos, o gallinas.

Este año, el lanzamiento de la tradicional feria paceña se realizó ayer martes 23, con la participación del Ministerio de Culturas y Turismo, y la Federación Nacional de Artesanos y Expositores de la Feria de Navidad y Alasita (Fenaena). En la ocasión, se anunció que se promoverá la postulación del Ekeko como Patrimonio de la Humanidad, ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Actualmente los periódicos de Alasita –que proviene de la voz aymara “comprame”- son reconocidos en las ‘Memorias del Mundo’, y ‘Los recorridos rituales de la Alasita’ son patrimonio de la Humanidad.

La simbiosis cultural

Los amautas o guías espirituales andinos se encargan de ch’allar las miniaturas, para que se hagan realidad.

La tradición dicta que al mediodía de hoy se debe comprar la miniatura que se desea con fe. Luego se practica el ritual de reciprocidad andina, entregando al ekeko los objetos solicitados a través de la ch’alla y la k’oa. De ello se hace cargo un yatiri o brujo andino, aunque también hay quienes acuden a un sacerdote católico.

La última etapa del ritual es intercambiar las miniaturas con otras personas y pagar las deudas, simbólicamente con billetitos. El cierre ideal es compartir un plato paceño con los seres querido. La tradicional comida lleva papa, queso criollo, choclo, habas, puede ser un retaso de carne de res asada, y la infaltable llajua o salsa de locoto y tomate con quirquiña. Esta última es una hierba típica de la región.