
- Un estudio liderado por investigadores bolivianos registró mamíferos que viven en el dosel del bosque, una zona poco explorada debido a las dificultades técnicas de trabajar en altura.
- Tras un esfuerzo de más de 800 trampas-noche, se instalaron cámaras hasta a 20 metros de altura para documentar la biodiversidad «aérea» de Santa Cruz.
- Entre los hallazgos destaca la carachupita de cola lanuda, una especie considerada extremadamente rara que resultó ser la más frecuente en las copas de este bosque.
- La investigación advierte que la deforestación y los incendios fragmentan esta «autopista aérea», poniendo en riesgo a especies que dependen de la continuidad del dosel.
La Región
A 20 metros de altura, donde el follaje se vuelve espeso y el acceso humano es casi imposible, existe un mundo oculto que apenas comenzamos a comprender. Un estudio científico realizado en el Centro de Estudios del Bosque Seco Tropical (CEBST) Alta Vista, Santa Cruz, logró registrar por primera vez la dinámica de los mamíferos que habitan en el dosel, la parte más alta de los árboles.
La investigación, titulada “Mamíferos de dosel en el Bosque Seco Chiquitano de Bolivia”, rompe con la tradición de los monitoreos biológicos que suelen centrarse en el suelo. Para este trabajo, los investigadores Nicolás Malpartida-Ferrero, Kathrin Barboza-Marquez y Luis Hernán Acosta utilizaron equipos de escalada y soportes de madera diseñados especialmente para fijar cámaras trampa en ramas situadas entre los 4 y 20 metros de elevación.

El «renacer» de una especie esquiva
Uno de los resultados más sorprendentes del monitoreo —que sumó 804 trampas-noche— fue el registro de la carachupita de cola lanuda (Glironia venusta). Este pequeño marsupial es tan esquivo que los últimos registros científicos en Bolivia datan de hace casi dos décadas en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado.

Sin embargo, lo que para la ciencia era una rareza, en el dosel de Alta Vista resultó ser la especie más activa y frecuente. El estudio también documentó la presencia de otras 10 especies de mamíferos, incluyendo al mono martín (Sapajus apella), el mono león (Mico melanurus) y el mono michi (Potos flavus), además de aves rapaces y reptiles como lagartijas de la familia Scincidae, que utilizan las alturas como su principal hábitat de forrajeo y desplazamiento.
Una «autopista» en peligro

El estudio subraya que el dosel funciona como una «autopista» de biodiversidad. Muchas de estas especies poseen hábitos nocturnos y dependen de que las copas de los árboles se toquen entre sí para poder sobrevivir.
“La intensa deforestación provoca una discontinuidad en el dosel, afectando su dinámica”, advierten los autores. En un ecosistema tan amenazado como el Bosque Seco Chiquitano, impactado constantemente por incendios y el cambio de uso de suelo, la pérdida de un solo árbol dominante puede aislar a poblaciones enteras de mamíferos arborícolas.
Los resultados demuestran que, incluso con un esfuerzo de muestreo focalizado, el dosel chiquitano guarda una riqueza biológica subestimada. Para los especialistas, este trabajo es un llamado a incluir las alturas en las estrategias de conservación, asegurando que la protección de los bosques no se limite solo a lo que vemos al caminar, sino también a lo que ocurre sobre nuestras cabezas.
La investigación contó con el respaldo de la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC), el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado y la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM).
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El estudio original fue publicado en una revista científica especializada y puede consultarse en el siguiente enlace:









