

Rocío Lloret Céspedes
Periodista | La Región
Una llamada a la línea de fauna viva (800142052) a las dos de la madrugada del sábado 14 de marzo alertó a personal de la Gobernación de Santa Cruz. El reporte mencionaba un felino no identificado” en el barrio Victoria del municipio de La Guardia, a 20 kilómetros de la capital cruceña. Al llegar al lugar, el equipo de Biodiversidad con apoyo de bomberos voluntarios Jenecherú y FV-Feroz confirmó que se trataba de una cachorra de jaguar (Panthera onca), especie que en Bolivia está catalogada como “Vulnerable” a la extinción, según el Libro Rojo de Vertebrados.
El manejo clínico reveló la magnitud real del caso. Tras tomar radiografías, se evidenció la presencia de 92 perdigones de metal en el cuerpo: 42 en el miembro anterior izquierdo, donde está la herida; alrededor de 30 en la parte de la articulación húmero-escapular (debajo de la clavícula del mismo miembro) y unos 20 en el mentón, explicó a La Región Mónica Negrete, veterinaria del ente departamental.
Víctima de caza y tráfico
“Eso nos puede indicar que este animal ha sido víctima de caza y tráfico de fauna silvestre, ya que ese es el modus operandi: asesinan a la madre y capturan al cachorro”, dijo la experta.

El patrón, según continuó, es consistente: el disparo principal va dirigido a la madre. Los perdigones restantes alcanzan al cachorro, que logra escapar o es capturado y retenido en un domicilio.
“Pensamos que (los perdigones provienen) de una escopeta”, reveló el director de la Policía Forestal y de Preservación del Medio Ambiente (Pofoma), Huáscar Coca.
Salvar su vida

Negrete aseguró que la prioridad médica en esta primera etapa es la estabilización nutricional. La sedación que requiere cualquier intervención representa un riesgo mayor cuando el animal está debilitado, por lo que se optó por alimentarlo y esperar antes de intervenir el miembro.
“En medicina se utiliza esta lógica: función antes de estética, y la vida antes de la función”, explicó en una entrevista. De ahí que el animal se encuentra en una jaula pequeña para evitar que cualquier movimiento empeore su estado. “El miembro está lastimado. Mientras más amplio es el espacio, implica que se va a mover más, puede saltar, entonces se puede lastimar. El manejo de un animal silvestre no es el mismo que de un animal doméstico o una persona. El fin es inmovilizar el miembro. A una persona se le puede hacer un yeso; pero un animal silvestre desconoce eso”, argumentó la veterinaria.
La investigación del caso
Desde el primer día, la Gobernación notificó a Pofoma sobre el hecho, la cual abrió investigación junto al Ministerio Público para determinar cómo llegó el félido al lugar y cómo se produjeron las lesiones.
El coronel Huáscar Coca confirmó a La Región que inicialmente el caso se inició por “presunto tráfico de fauna, con posibilidad de agregar cargos por maltrato animal”. Las autoridades buscan, además, el cadáver o rastros de la madre. “Lamentablemente la sociedad no colabora. Nadie sabe nada, nadie ha visto nada”, señaló.
Un precedente institucional

La veterinaria Negrete subrayó que se busca sentar un precedente a través del manejo clínico para poder denunciar un caso de trata y tráfico de una especie amenazada y sobre la cual se está formulando una ley para proteger.
Respecto al futuro del jaguar, dada la gravedad de su estado, es poco probable que pueda volver a su hábitat, aunque ello deberá analizarse más adelante.
La cachorra, cuyo destino definitivo aún no ha sido determinado, continúa bajo cuidado del CAD.









