

Bertha Ingrid Barra
Estudiante | Programa de Periodismo Indígena y Ambiental
Dayna Angola es para el pueblo afroboliviano un referente de lucha, constancia y la muestra de que la identidad y la cultura van de la mano. Fue reina de belleza, ocupó cargos importantes en el Estado y hoy es representante de Bolivia ante la comunidad de connacionales que vive en Houston. Pero su historia nace en el legado de su padre, un hombre que recuperó datos de la Batalla del Pari para demostrar que podía participar en el debate de los estatutos autonómicos cruceños.
En esta charla, Angola habla de esos temas, pero también sobre cómo los medios de comunicación miran al afro únicamente cuando baila saya o está en ambientes festivos, pero no lo toman en cuenta para debatir sobre políticas públicas, por ejemplo. Esta es una historia sobre cómo una mujer ha logrado romper estereotipos y forjar un legado incluyente en un país diverso.
Berta Ingrid Barra (BIB): ¿Cómo inició su camino en la defensa de los derechos humanos?

Dayana Angola (DA) Inicié el apego hacia la comunidad afroboliviana gracias a la insistencia de mi papá, Antonio Angola Medina. Él es una persona que durante toda su trayectoria ha tenido lucha, inicialmente en el tema de los trabajadores fabriles del ingenio azucarero Guabirá (Santa Cruz). Sus palabras siempre eran: “el negro tiene que ser diferente, el negro tiene que ser visible, el negro se tiene que mostrar”.
Comencé asistiendo al Centro de Residentes Yungueños de Saya Afroboliviana y bailando saya. Luego tuve la oportunidad de conocer al exdiputado Jorge Medina Barra (+), quien a través del Centro Afroboliviano para el Desarrollo Integral y Comunitario (CADIC), impartía talleres para autorreconocerse como afroboliviano y no sentir lo que quizás muchos en su momento sentíamos debido al racismo y discriminación sufridos en el colegio: un poco de vergüenza por ser afro.
Esos talleres me comenzaron a marcar de una manera que yo no imaginé.
BIB Mencionas historia y trayectoria. Uno de los hitos más importantes para los pueblos indígenas y afrodescendientes fue la inclusión en la nueva Constitución Política del Estado de 2009. ¿Cómo vivió ese proceso?
DA Fue una lucha que me marcó bastante por la incidencia del pueblo afroboliviano.
Conocí a tíos de diferentes comunidades, como Licho Barra, Marfo Inofuente, el tío Benjamín Inofuente. No fue fácil, porque ahí descubríamos que en Bolivia muchos no sabían que existían negros, pensaban que veníamos de otros países. Era muy notorio. Al salir a la calle, tú podías ser de cualquier país menos de Bolivia. Recuerdo las palabras del tío Jorge Medina: «El negro no tiene fronteras mientras no abra la boca». Cuando comenzábamos a hablar y escuchar el acento, nos tocaba explicar que somos afrobolivianos.
BIB Romper estereotipos también implica ocupar espacios históricamente negados. Sé que participó en el Miss Santa Cruz. ¿Cómo fue su experiencia dentro de ese concurso de belleza?
DA Siempre seguí los concursos de belleza y decía: «Siempre escogen a la blanquita, nunca a la afro. Yo tengo tamaño, tengo cuerpo, ¿por qué no?». Mi papá me animó y saqué el título de Miss Amistad y Simpatía.
El conflicto principal con el que tropecé era que cada vez que me maquillaban, no me sentía bien. Evidentemente, no utilizaban productos para piel afro. La base era totalmente clara, entonces cuando terminaban, yo acababa desmaquillándome porque sentía que tenía una máscara. Le dije a la señora Gloria, de Promociones Gloria (franquicia organizadora del concurso): «No me siento cómoda, deberían traer productos para el tono de mi piel». Esa fue una de las primeras luchas que tuve y lo conseguí. El maquillador tuvo que ir a buscar productos para piel negra.
Mi participación fue un boom, porque muchos decían: «¿Afroboliviana? Sí, cruceña». Ese primer paso de visibilización personal permitió que muchas chicas pudieran autoidentificarse y ya no ver que ser negra era una desventaja. Me ayudó a empoderarme y a entender que si nos quedamos callados, no avanzamos, pero si decides hablar de lo que te incomoda, se vienen cambios trascendentales.

La batalla contra el racismo institucional
— Su padre también lideró una lucha clave por la inclusión en los estatutos autonómicos de Santa Cruz. ¿Cómo fue aquello?
Fue una lucha que inició mi padre y que no lo creíamos posible. Él siempre decía que era importante que los negros sean visibles en Santa Cruz. Ahí rescató la historia del Batallón de los Pardos Libres, los esclavos libertos que pelearon en la batalla de El Pari, a los cuales Ignacio Warnes les dijo: «Si quieren ser libres, peleen por Santa Cruz».

Mi papá era muy insistente en apuntar estos hitos. Decía: «Los afro acá no tenemos oportunidades, necesitamos políticas públicas». La verdad no creí que causara tanto impacto hasta el día que sale en televisión la lista de quiénes presentaron propuestas para los estatutos autonómicos. ¡Y sorpresa! Ahí salía la comunidad afroboliviana. Lamentablemente, las respuestas no fueron del todo favorables, pero esas cosas me llevaron a insistir y persistir. Si el artículo 32 de la Constitución nos reconoce, la inquietud era que no se quede solo en papel. El pueblo afroboliviano no debe ser visto solamente como bueno para la saya o el deporte.
BIB Esa visibilidad le abrió las puertas de la gestión pública. ¿Qué desafíos específicos enfrentó?
DA Empecé en Migración desde muy abajo, siendo la secretaria de la secretaria. Paralelamente, estudiaba Relaciones Internacionales becada en la Universidad NUR. Al ver mi responsabilidad, me fueron dando oportunidades hasta que me nombraron directora de Migración interinamente durante un año y medio (2022 – 2023). Nunca me pusieron de fija pese a cumplir el perfil. Eso me hacía repensar que muchas veces no nos discriminan porque no nos creen capaces, sino porque nos creen demasiado capaces y se sienten amenazados.
Fui desvinculada por calumnias, pero después quedó claro que yo no era el problema. A algunos les estorbaba el trabajo rígido, correcto y organizado. Quiera o no, no era de mucho agrado que una mujer negra estuviera a la cabeza de una institución pública tan grande.
Sufrí muestras de racismo; un ciudadano llegó a gritar «cómo era posible que una extranjera sea la directora», asumiendo mi nacionalidad por mi color de piel. Pero rescato que la gente que vio mi trabajo de madrugada en los aeropuertos, lo reconoce.
Racismo estructural y la visión de la prensa
BIB ¿Cómo cree que se manifiestan las formas de racismo estructural en Santa Cruz?
DA En la desigualdad económica, hacía el mismo trabajo y ganaba menos. Pero también en la exclusión política. Tenemos una gran desventaja frente a otras culturas. La estrategia para aplacar esto es hacer incidencia y presión sociocultural para lograr acceso a espacios de poder.
El boliviano desconoce su historia, la ignora y desde ahí hace prácticas racistas. Por eso hay que recordar a líderes como Pedro Andavérico Peralta, en la Guerra del Chaco; o a los Pardos Libres. Un pueblo sin historia es un pueblo muerto. Debemos dejar de institucionalizar los prejuicios que se reflejan en las instituciones, la educación y el acceso a la justicia. Un ejemplo claro es la comunidad de los ayoreos en Santa Cruz, un pueblo con muchas necesidades que ha sido estigmatizado sin que se haga el esfuerzo de conocer su historia a fondo.
BIB ¿Cómo evalúa el papel de los medios de comunicación en la construcción de la imagen del pueblo afroboliviano?
Históricamente, los medios tradicionales han jugado un rol de invisibilización o de folclorización. Cuando las cámaras enfocan a una mujer afroboliviana, casi siempre es para mostrarla bailando saya, en un contexto festivo, y muchas veces bajo una mirada hipersexualizada y exótica. Rara vez nos buscan para debatir sobre políticas públicas, economía, derechos humanos o gestión estatal. Nos encasillan en el estereotipo de «alegría y baile», borrando nuestra capacidad intelectual y nuestro liderazgo político.
Sin embargo, debo reconocer que hoy existen espacios alternativos y un periodismo más consciente y con enfoque de derechos que nos permite tener nuestra propia voz. Cuando logramos que los medios nos escuchen como sujetas políticas y tomadoras de decisiones, es cuando realmente empezamos a romper ese racismo mediático.
BIB Para finalizar, desde su visión como diplomática y activista, ¿qué retos considera prioritarios para el movimiento afroboliviano y los derechos humanos en los próximos años?
El reto primordial es materializar la Constitución. Que el Artículo 32 se convierta en verdaderas políticas públicas. Necesitamos cerrar las brechas de la desigualdad económica, garantizar el acceso a la educación superior para nuestra juventud y asegurar la igualdad laboral.
A nivel de derechos humanos, el desafío es consolidar una justicia social interseccional. El movimiento afroboliviano debe seguir fortaleciéndose desde adentro, evitando la división y asumiendo un rol proactivo frente a las crisis de nuestro tiempo, como la defensa de nuestros territorios y el medio ambiente. Necesitamos que las nuevas generaciones ocupen los espacios que nuestros ancestros abrieron a costa de sangre y resistencia. El gran reto es no retroceder ni un solo milímetro en los derechos que ya hemos conquistado.









