“Muestro al personaje Yaritú en un contexto diferente, es un llamado a reflexionar sobre la influencia de la globalización en la cultura y la importancia de mantener nuestras raíces”. Así explica Leoni una performance que llamó la atención de cientos de personas en las calles de San Pablo, Brasil, esta semana. Por esa urbe de 12,3  millones de habitantes se vio al protagonista de la danza de los yarituses ataviado con su indumentaria tradicional.

El ritual es de origen precolombino, de la etnia de los piñocas, quienes adoraban a Nupayare (Piyo Sagrado), al que atribuían el hecho de tener buena temporada de cosecha, cacería y pesca. Posteriormente, con la llegada de los jesuitas se produce una transculturización y pasa a tener un sentido más religioso en honor a San Pedro y San Pablo, cuya fiesta se celebra el 29 y 30 de junio en San Javier, a 228 kilómetros de Santa Cruz.

Además de la importancia histórica y cultural, esta danza conserva en sus cantos la lengua indígena de las tierras bajas de Bolivia, misma que fue adoptada por los misioneros jesuitas que optaron por la unificación de la lengua en toda la misión, ya que existían al menos 75 grupos diferentes de etnias, pertenecientes a seis familias lingüísticas distintas.

En este contexto, “Identidad Yaritú” es un proyecto artístico que busca rescatar la esencia del ritual ancestral. Esta exposición es fruto de un trabajo colectivo de la familia del artista en el que fusionará pintura, música, video y tecnología, para rescatar el bésiro, lengua chiquitana en peligro de extinción.

La primera muestra se abrirá al público en agosto, en el Centro Cultural Rabeca, en Campinas, San Pablo. Mientras que en Bolivia, la exposición se desarrollará en septiembre, en la Galería de arte del Hotel Los Tajibos, de Santa Cruz.

 Aquí las fotografías de la performance

El proyecto artístico se inició en 2017, cuando Leoni realizó la primera exposición de pintura, en el espacio de arte Manzana 1, dedicada a este importante ritual que posteriormente fue declarado Patrimonio Cultural e Inmaterial del Estado Plurinacional. En la imagen, Leoni en el metro de San Pablo.


 El personaje del ritual Piñoka, Yaritú, se presenta en un contexto diferente, sale de su tierra para conocer nuevos lugares y vivir nuevas experiencias.


“En un mundo globalizado, la cultura no es inmutable, pero si somos conscientes del valor que tiene, nuestra esencia y nuestra identidad siempre permanecerán”, comenta Leoni.


 Las fotografías y videos de la performance serán presentadas de manera digital en el sitio web del artista,  como preámbulo a sus exposiciones.


Acerca del proyecto

Movido por la energía de la cultura chiquitana, Leoni decide mudarse con su familia a la primera Misión Jesuítica de Bolivia, San Javier, donde por un lapso de dos años pudo vivir de cerca el legado histórico y cultural que guarda esta región, en sus templos, sus calles y sobre todo en su gente. Ahora lleva esas vivencias fuera del país.

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