Foto: Gentileza museo de Historia Natural Alcide d’ Orbigny

Hace veinte años, Ximena Vélez-Liendo emprendió una labor que para entonces parecía titánica: conservar al oso andino (Tremarctos ornatus), una especie catalogada como Vulnerable en el Libro Rojo de Vertebrados de Bolivia. Por entonces, poco se conocía de la biología de este mamífero, también conocido como jukumari, en la zona de Tariquía, Tarija, por lo que era necesario investigar la población, las amenazas, actitudes y -sobre todo- la tolerancia de los habitantes del lugar hacia el animal.

Aunque el proyecto comenzó en Cochabamba, en el Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny, el trabajo de campo se desarrolló en la región sur, en el límite con Chuquisaca. Una vez establecido en el lugar, el equipo de biólogos confirmó que efectivamente la gente mataba muchos osos y a otros animales.

“Sacamos información extremadamente valiosa durante todos estos años, no solamente con el oso. Porque de tener unos cuantos individuos fotografiados los primeros años, ahora tenemos una población que se está recuperando”, dice Vélez-Liendo, cuyo trabajo ha sido reconocido por los Premios Whitley, uno de los más prestigiosos del mundo de la conservación.

En estas dos décadas, se consiguió que la caza baje considerablemente como resultado de una serie de acciones asumidas. Imágenes captadas por cámaras trampa, de hembras crías son prueba de ello. Entre otras cosas, esto se logró porque más allá de visibilizar la importancia del oso andino en su rol ecológico de dispersor de semillas, se demostró a las comunidades que económicamente es rentable mantenerlos ahí.

De proyecto a programa

Imagen de un jukumari captada por cámaras trampa. Foto: Gentileza museo de Historia Natural Alcide d’ Orbigny

A medida que surgía información sobre el jukumari, Ximena y su equipo se dieron cuenta que empezaron a surgir muchas especies de carnívoros. Así se detectó que en esta región del sur está la densidad más alta de especies de felinos de toda Bolivia: de las nueve registradas, hay ocho. El único que no está presente es el gato andino (Leopardus jacobita), cuyo hábitat es otro.

Pero además se visibilizó la poca inversión para estudiar el ecosistema de los Bosques Secos Interandinos. Por ello, el proyecto Conservación del Oso Andino, se convirtió en Programa para la Conservación de Grandes Carnívoros Andinos.

Lee la nota de CNN sobre cómo la miel ayuda a salvar a los osos, a propósito del trabajo de Ximena Vélez-Liendo: https://cnn.it/3KG5eMV

“Como líder de este proyecto, tener el apoyo de una institución científica como el Museo d’Orbigny ha sido vital. Aplicar a financiamiento internacional y tratar de continuar lo poco que nos permiten hacer, es muy difícil. También se puede postular a través de una oenegé o de las universidades, pero el tema burocrático es tan alto, que básicamente se utiliza el dinero para cubrir los gastos administrativos”, explica la experta.

Paralelamente a todo el trámite, este tipo de Programas requiere autorizaciones del Gobierno, por lo que aquí también es importante que una institución garantice que se cumpla con los lineamientos establecidos. La medida también rige para colectar muestras científicas como cráneos de osos o la rata chinchilla (Abrocoma Boliviensis) que se encontró en Tariquía y es un ejemplar único, porque es una especie endémica del país en Peligro Crítico de extinción y se supone que solo se encontraba en Comarapa (Santa Cruz) y alrededores de Cochabamba.

Actualmente ese individuo se encuentra en el Museo y se realiza análisis científicos a nivel genético en Estados Unidos, para conocer más al respecto y viabilizar posibles soluciones a su estado de conservación.

La lucha por hacer ciencia

En 2017, Vélez-Liendo ganó el «Oscar de la conservación». Foto: Pablo Tavera

La forma en como se llevan adelante este, y otros proyectos y programas de conservación muchas veces pasan desapercibidos en la sociedad. Biólogos como Ximena Vélez-Liendo, Teresa Camacho, Romeo Rojas o Marisol Hidalgo, entre otros son parte del Museo d’Orbigny y llevan adelante trabajos con distintas especies de forma silenciosa.

Rojas, por ejemplo, es investigador del área de Mastozoología. Ello significa que su labor se enfoca en mamíferos que hay en Bolivia, muchos de los cuales están en peligro de extinción.

Esta repartición tiene una colección científica con distintas muestras húmedas o conservadas en alcohol, y otras, secas, como pieles de animales. Asimismo, muestras congeladas, porque el fin es que duren el mayor tiempo posible.

Uno de sus proyectos más importantes es el de la conservación de la Chinchilla (Chinchilla chinchilla). Para ello se busca conocer el estado natural de la especie en el Salar de Uyuni (Potosí), con financiamiento del Reino Unido. Los trabajos de campo serán en esa zona.

Pero, además, en instalaciones del museo, cada año se realiza el Murcifest, un evento para generar consciencia sobre la importancia de conservar a este mamífero. Durante el evento se realiza grabaciones para ver qué tipo de ejemplares hay. Actualmente se tiene registradas tres especies: Murciélago de cola libre (Tadarida brasiliensis), murciélago orejón pequeño (Histiotus montanus) y murciélago montano (Myotis oxyotus). Todos son insectívoros y viven en esa zona, dada la conectividad ecológica con el Parque Nacional Tunari.

Los científicos del Museo coinciden en que pese al poco apoyo que existe a la investigación, el trabajo que se hace es más “por amor a la camiseta” más que por reconocimientos u otros logros. En la mayoría de los casos, tanto proyectos como programas son financiados con ayuda internacional, ya que en el país, el apoyo económico estatal a la ciencia es nulo.

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