
Cada año, se estima que en el mundo, 30 millones de personas se ven obligadas a dejar su lugar de residencia por desastres naturales extremos: inundaciones, sequías, incendios forestales o huracanes. La cifra, que representa casi tres veces la población de Bolivia (12.4 millones de habitantes), es solo un reflejo del impacto que causa el cambio climático, no solo a nivel de migraciones, sino también de otras crisis sociales.
Katherine Braun —boliviano-alemana, asesora y experta en desplazamientos y cambio climático de la Iglesia Luterana en el norte de Alemania— dice que la cifra no contempla desplazamientos o migraciones por cambios graduales, “que son mucho más lentos y no se documentan”. En el caso de Bolivia, mucho menos ya que estos fenómenos sociales suceden en áreas rurales. De hecho, se estima que entre 2008 y 2024, hubo 430 mil desplazamientos internos en el país, por desastres. “Ahí ni siquiera contamos toda la migración transfronteriza”, advierte.

La Región (L. R.) Usted que está siguiendo la COP como observadora, ¿qué prevé que vaya a pasar si no se toman decisiones urgentes?

Katherine Braun (K. B.) Lo que está muy claro es que se necesita una acción climática ya. Porque los desplazamientos, sean internos por causa de eventos extremos o por cambios graduales, son inmensos.
Estamos hablando a un nivel global de 30 millones (de personas) al año. Ahí lo que no se cuenta son los desplazamientos que tenemos por cambios graduales. Estos son mucho más lentos y no se documentan. Entonces, está claro que las crisis climáticas agravan todas las otras crisis: humanitarias, hambre, seguridad de agua, conflictos.
Para ponerlo de otra forma, la crisis climática incluso agrava los conflictos armados, porque donde hay precariedad o donde no hay recursos, se generan más conflictos.
L. R. ¿Eso significa que países como Bolivia son mucho más vulnerables?
K. B. Nada más para darle un número, en Bolivia se estima que de 2008 a 2022, hubo 430 mil desplazamientos internos. Ahí ni siquiera contamos toda la migración transfronteriza. Pero ahí tenemos que ver que muy poco está documentado. Si se hiciera un mapeo con un equipo de expertos para rastrear los movimientos en áreas rurales, podemos hablar del doble o tres veces más esa cifra.
Además, el número no toma en cuenta las migraciones hacia Chile, Argentina, Brasil, oficialmente documentadas como migraciones laborales, pero es evidente que ahí también el cambio climático juega un rol importantísimo. En el altiplano hay la falta de agua, por ejemplo. Lo propio con los incendios. Entonces, toda esa gente que migra para buscar cómo sobrevivir, queda registrada como migrante de trabajo laboral y no figura como desplazada climática.
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L. R. Usted sostiene que donde hay vulnerabilidades existentes, la crisis climática profundiza estos problemas. ¿Está ligado el tema incluso a la violencia?
K. B. Donde hay vulnerabilidades existentes, sean por género, por edades, por salud, (las situaciones) se agravan por la crisis climáticas. Es que cuando ya la las tierras no abastecen para la sobrevivencia, tenemos la migración interna hacia las ciudades; sobre todo los jóvenes buscan trabajo o alguna ocupación en el sector informal y se ha visto mucho que se puede caer en la criminalidad.
Ahí ya entramos en una economía ilegal, digamos, que aumenta el peligro y la seguridad social para todos. Hay una relación muy directa.
Tenemos un modelo de desarrollo que encima de cambio climático incide también en la crisis alimentaria, más que nada para la gente rural. Y del agua no tenemos que ni hablar; ahí tenemos una interconexión muy fuerte, pero también muy compleja.

L. R. Con ese panorama y viendo en esta COP que avanza peligrosamente el negacionismo del cambio climático incluso desde la ciencia, ¿hay alguna esperanza?
K. B. Sí. Avances en la ciencia climática se están negando y eso de negar realidades y la ciencia es algo muy peligroso. Para ponerlo muy simple, las fakes news (noticias falsas) y la mala información realmente afectan el futuro de nuestros hijos y de las futuras generaciones; lo vemos en las negociaciones aquí (de la COP) también.
Hemos visto que los Estados Unidos han salido del acuerdo del París, pero al mismo tiempo tengo que decir que hay muchos otros países que sí están dispuestos a una acción climática en conjunto. Ellos dicen: «Sí, a pesar de que los Estados Unidos hayan salido del acuerdo de París, nosotros seguimos porque no podemos sin la acción climática”. Y eso realmente me ha dado un poco de fe.
L. R. ¿Usted que sigue las negociaciones de cerca, qué avances —¿y retrocesos?— cree que puedan darse al cierra de la COP de Belém?
K. B. Mire, yo creo que ahora un primer avance que tenemos es tener países dispuestos a seguir con la acción política y con el multilateralismo. Eso es un primer gran avance, porque no es algo que ya lo podemos tomar por seguro.
Lo segundo, con la COP pasada (Dubai), estaba muy claro que se tiene que triplicar el financiamiento. Estamos en un proceso en el que los países del norte global están contribuyendo, pero también tenemos países de economías emergentes como Arabia Saudita, que se opone mucho y más que nada a un lenguaje de derechos humanos y de género. Eso es una traba.
En lenguaje de derechos humanos, tenemos un retroceso. Están tratando de sacar el lenguaje de género de los papeles de negociaciones.
En el tema de daños y pérdidas, hace dos años se consiguió ese fondo, pero este no cubre ni una décima parte. Creo que ahora está en 700 millones (de dólares) y los cálculos que tenemos es que se necesitan entre 600 y 900 millones para cubrir eso.
Necesitamos no solo terreno, necesitamos casas, necesitamos servicio social, servicios de infraestructura. Entonces, ahí no estamos para nada un nivel de lo que necesitamos y para nada a un nivel de lo que necesitan los países más afectados por el cambio climático.
Y tal vez lo tercero, nosotros aquí estamos negociando mucho que haya un acceso de fondos de las comunidades. Como organizaciones sociales, movimientos sociales, queremos que las comunidades tengan acceso directo, y eso hasta ahora no va a funcionar, lo están borrando de todos los textos.
L. R. Finalmente, entiendo que tiene raíces bolivianas, no sé si ha estado siguiendo los compromisos del país y la postura que ha traído a esta COP.
K. B. Hasta ahora, y eso hay que decirlo, Bolivia siempre ha sido un ejemplo. Ellos han llevado la incidencia para que los países que son causantes de cambio climático ( países emisores) paguen más. En teoría eso es bueno. Lo que veo es que en la práctica hay una brecha con la realidad.
Organizaciones bolivianas como la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático y LIDEMA señalan que las NDC de Bolivia siguen siendo poco ambiciosas y dependientes de un modelo extractivista, pese al discurso de “Vivir Bien”. Critican la falta de metas claras, poca participación de comunidades indígenas y campesinas, y la ausencia de un Plan Nacional de Adaptación completo, lo que deja respuestas fragmentadas frente a inundaciones, sequías e incendios.
Yo vengo de la parte de desplazamiento y si hablamos de la protección de desplazados internos climáticos, no hay nada. Los incendios (forestales) son una catástrofe y no hay mecanismos de protección.
Y eso me preocupa mucho. Que los países emitentes paguen, pero que también los gobiernos tomen la responsabilidad para proteger a las personas más vulnerables.









