domingo, diciembre 4, 2022
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La invaluable lucha por salvar a las serpientes y bajar la tasa de mordeduras en el Chapare

Un equipo de expertos trabaja en una de las regiones de la Amazonia boliviana donde más accidentes ofídicos se registra. A través de capacitaciones, estudios y un programa de radio, buscan mejorar la convivencia entre el ser humano y estos animales, para reducir la incidencia de mordeduras y conservar a las especies.

Desde el Génesis, el primer libro de la Biblia, la serpiente es considerada un animal que representa al mal. Su presencia en sí misma provoca temor e incluso hay creencias populares sobre su aparición en determinadas circunstancias. En los hechos, estos animales son grandes controladores de plagas como los roedores, porque se alimentan de ellos y de pequeñas aves. Las especies se regulan entre sí, porque muchas no venenosas se alimentan de las venenosas y, a la vez, sirven de alimento para algunas aves y mamíferos. Todo este sistema permite mantener un equilibrio en el ecosistema.

En el campo de la ciencia, el veneno es útil para elaborar suero antiofídico. Pero lo más importante, en Sudamérica se investiga la sustancia para desarrollar medicamentos contra enfermedades tan graves como el cáncer.

Estas consideraciones, así como la mitigación del conflicto entre el ser humano y las serpientes mediante la reducción de mordeduras y la conservación de las poblaciones en la zona del Chapare cochabambino, dio vida a Proyecto Pucarara, en agosto de 2019.

“Una de las razones de este conflicto es el avance de la frontera agrícola-ganadera, porque se continúa colonizando espacios naturales de manera no planificada, con lo cual muchas especies se quedan sin hábitat y los encuentros con humanos son más frecuentes”, dice Beatriz Nieto Ariza, bióloga y una de las principales impulsoras de la iniciativa.

Leptophis ahaetulla (voladora) sobre una rama. Foto: Octavio Jiménez Robles

En esta zona amazónica de Bolivia, las especies venenosas son minoría (tres de 30 registradas por el equipo de Proyecto Pucarara). Pero como estas se alimentan de roedores y estos animales están asociados al ser humano por la basura o la comida acumulada, suelen merodear cerca de las viviendas. “La serpiente no tiene interés en las personas, pero sí en su presa (el ratón, por ejemplo) y ahí es donde se da el encuentro”.

La carga cultural y religiosa lleva a la persona a interpretar que será atacada, pero en realidad es el ofidio el que se asusta muchísimo, porque tiene delante de sí a alguien mucho más grande. Lo que le queda es huir o quedarse quieto para reaccionar si se siente amenazado. Pero en el campo, la situación es distinta. En la mayoría de los casos, al ser este un animal que por su piel se camufla muy bien, los accidentes se dan cuando el campesino pasa cerca o lo pisa. Como no utiliza botas, es mordido en el tobillo, los dedos o debajo de las rodillas.

“Esto normalmente termina con la muerte de la serpiente, porque la gente no distingue entre especies venenosas o no venenosas”, explica la experta.

Un trabajo en equipo

La bióloga Beatriz Nieto Ariza (fondo) en una clase de educación ambiental.

Junto a Nieto Ariza trabajan principalmente los biólogos Húber Villca Corani y Raúl León Vigara, así como el médico Jean Phillippe Chippaux. La base del equipo está en el municipio de Puerto Villarroel, pero el proyecto se desarrolla desde Villa Tunari hasta Entre Ríos, toda la región del Chapare; una de las zonas con mayor incidencia de mordeduras en todo el país.

Básicamente las actividades tienen que ver con el entrenamiento al personal médico de la región, para mejorar el diagnóstico y el tratamiento.

Con la gente del lugar se trabaja en educación ambiental, para que conozca a las especies de la región. También en primeros auxilios y prevención. Para reforzar este aspecto, Pucarara tiene un programa radial, donde los vecinos llaman para plantear sus dudas y aprenden más sobre estos animales. Esta es una parte vital de la iniciativa, porque la mayoría de las personas afectadas no tiene acceso a redes sociales -el otro canal de comunicación del proyecto- pero sí a la radio.

Por supuesto, los expertos también dedican tiempo a la investigación de serpientes. Hasta ahora tienen registradas 30 especies, pero hay bastantes más.

Un trabajo por etapas

Para desarrollar estas tareas, en la primera fase los biólogos acompañaron al equipo médico de emergencias del Hospital Central de Ivirgarzama -el más grande del Chapare- durante más de un año. La idea era apoyar al personal cada vez que recibía un caso de mordedura de serpiente y entrevistar al afectado.

Esto sirvió de aprendizaje para entender a los actores antes de pasar a la segunda fase, que era llegar al público objetivo: los campesinos. Uno de los hallazgos fue que el desconocimiento sobre las especies es tal que la mayoría no distingue entre serpientes comunes y las venenosas; algo que no sucede con los pueblos originarios, como los Yuquis o los Yuracaré.

Aunque es demasiado pronto para evaluar esta etapa, es evidente que los niños son los más abiertos a aprender. Con los adultos todavía se debe trabajar en cambiar algunas creencias arraigadas, respetando su cultura. “La educación es un camino lento, pero no hay otro más rápido”, sentencia Nieto.

“Si conseguimos que la gente aplique medidas de prevención acordes con su cultura, aprenda primeros auxilios adecuados y el personal médico esté capacitado, habrá un cambio de visión sobre las serpientes”, dice la bióloga, especialista en Biodiversidad y Conservación de Áreas Tropicales.

Sepa qué hacer si se encuentra con una serpiente

En general, las serpientes no atacan salvo que se vean acorraladas.

Cuando nos encontramos con una serpiente, “es genial” -explica la experta- porque significa que no es peligrosa. Frente a ello, simplemente se debe retirar, porque esta no va a atacar nunca, salvo que se sienta amenazada.

En el caso que fuera una víbora (serpiente venenosa), utilizar su veneno es un desperdicio para ella. Energéticamente le cuesta generarlo y le sirve para cazar y digerir a sus presas. “Entonces desperdiciarlo en algo que no se va a comer, no le conviene”.

Si la encuentra cerca de su casa, lo ideal es tratar de apartarla con un palo largo. Si está lejos, se irá sola. “El problema es cuando no la vemos. La gente la pisa porque se camufla muy bien o pasa cerca de ella. En ese momento se asusta, se siente acorralada y algunas reaccionan mordiendo; otras, huyen”, dice Beatriz.

Pero también ocurren accidentes cuando se intenta matarla. Se registraron casos de gente que vio alguna y al ir a atacarla con machete, no calculó bien, y recibió la mordida.

Por tanto, la mejor defensa en el caso de las serpientes, no es el ataque.

Encuentra en estos enlaces información útil sobre las serpientes:

https://www.facebook.com/ProyectoPucarara
https://www.instagram.com/proyecto_pucarara/

Podcasts semanales en Radio Televisión Carrasco (94.7 FM): sábados 19.30.

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