viernes, septiembre 30, 2022
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La ruta de la deforestación en Madre de Dios: “Los madereros han rodeado mi concesión»

La región de Madre de Dios, alguna vez considerada la capital de la biodiversidad de un país con la segunda extensión de bosques de la cuenca amazónica y quinto en el mundo, después de Brasil, Congo, Indonesia y Colombia, en posesión de áreas boscosas tropicales, es el territorio, al menos en apariencia, con mayor protección del Perú.

De acuerdo a cifras oficiales, de los 85 183 km2 de su superficie, el 44,6 % ha adquirido, desde la creación del Parque Nacional Manú en 1973, alguna de las categorías que la legislación nacional prevé para el establecimiento de un área natural protegida.

Los datos de la importancia de esta región son elocuentes: Madre de Dios es el territorio subnacional con más áreas de bosques per cápita del país. La cobertura boscosa de esta región amazónica, según datos del portal Geobosques  del Ministerio del Ambiente, alcanza al 93 % de toda su superficie: casi ocho millones de hectáreas de bosques en aparente buen estado.

Los ríos Los Amigos, Purús y Tahuamanu, que nacen en el interior del Parque Nacional Alto Purús, son los afluentes principales del río Madre de Dios. Se trata de un continuum boscoso de gran biodiversidad y presencia de pueblos indígenas en aislamiento voluntario y contacto inicial. Foto: Michell León, Apeco.

A pesar de estas cifras, la pérdida acumulada de los bosques de Madre de Dios en las tres provincias que lo conforman —Manu, Tambopata y Tahuamanu— ha crecido considerablemente en los últimos años.

Si en el 2000 la deforestación alcanzaba el 2,2 % de la superficie de Madre de Dios, entre los años 2001 y 2018 esta llegó a una media de 22 846 hectáreas por año, un incremento bastante significativo si lo comparamos con la tasa de deforestación nacional.

¿Cómo se han movido las cifras de la deforestación en el último año en la región donde se encuentra el 15,3 por ciento de los bosques amazónicos del Perú? Un equipo de Mongabay Latam visitó la región para saberlo y para ello siguió la ruta de la extracción forestal de maderas tan valiosas como el shihuahuaco (Dipterix sp), un árbol de madera fina de muy buena cotización en los mercados internacionales que se ha convertido, según los especialistas consultados, en el motor de la industria forestal de la región de Madre de Dios.

Los intocables de la madera

En agosto del 2020, en pleno estado de emergencia nacional, una división especializada en delitos de alta complejidad de la policía del Perú desbarató el accionar de una red de corrupción dedicada al tráfico de madera que tenía entre sus integrantes a funcionarios del Gobierno Regional de Madre de Dios, de la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental (FEMA) y a un grupo considerable de policías y trabajadores estatales asignados precisamente al control forestal.

La banda, que fue de inmediato bautizada como “Los hostiles de la Amazonía”, operaba a lo largo de la carretera Interoceánica Sur a través del “blanqueo” de madera extraída ilegalmente de predios agrícolas y concesiones forestales en las cuencas de los ríos Los Amigos, Las Piedras y Tahuamanu, los  tributarios más importantes del río Madre de Dios.

Según la ONG Global Witness, el 60 % de la madera supervisada en Perú en los últimos diez años fue extraída de zonas prohibidas a través de la tala selectiva de árboles de gran valor comercial y el lavado de madera.

La presencia temporal en la ciudad de la mencionada División de Investigación de Delitos de Alta Complejidad (DIVIAC), la unidad de élite de la policía nacional encargada de combatir la criminalidad organizada, es lo que ha causado, según fuentes locales, la subida intempestiva del precio de la madera en la ruta de la Interoceánica en las últimas semanas. “Mientras la policía especializada siga investigando —comentó el periodista local Manuel Calloquispe— el control será más severo en los puestos de vigilancia y el negocio tenderá a ir a la baja”.

Los caminos forestales, muchos de ellos ilegales, son las vías de comunicación que se vienen utilizando para transportar la madera de las concesiones forestales invadidas. Vehículos pesado de toda traza se mueven a sus anchas por caminos donde no hay control de la autoridad correspondiente. Foto: Flor Ruíz.

Río Los Amigos

Juan Loja, responsable de la ONG Conservación Amazónica (ACCA) en  Madre de Dios, tiene a su cargo la gestión de la concesión del Río Los Amigos, un bosque de más de cien mil hectáreas por donde suelen desplazarse grupos de indígenas en aislamiento voluntario del pueblo mashco piro.

En el 2019, su institución denunció la presencia de campamentos de madereros ilegales en una concesión forestal contigua a su predio. Tras meses de recopilación de información y denuncias, la DIVIAC realizó una primera intervención exitosa en Madre De Dios que logró incautar más de 100 mil pies tablares de madera ilegal y la detención de ocho infractores.

Lo paradójico del caso, nos lo refirió en su momento Loja, es que después del exitoso allanamiento en estos campamentos en medio del bosque, los detenidos fueron absueltos por la fiscalía al no encontrarse pruebas suficientes para continuar el proceso.

Los ríos Los Amigos, Las Piedras y Tahuamanu nacen en el Parque Nacional Alto Purús (PNAP), un área natural protegida de más de dos millones de hectáreas de extensión que alberga en su interior los últimos bolsones de maderas finas, caoba, cedro y shihuahuaco, de la Amazonía peruana.

Los tres de alguna manera son los que generan la vida en los bosques de la Reserva Territorial Madre de Dios, un área bajo estricta supervisión del Ministerio de Cultura y la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad), creada explícitamente para salvaguardar la existencia de grupos numerosos de indígenas en aislamiento voluntario.

Según la especialista Beatriz Huertas, los mashco piros de esta vasta región del país se mueven a lo largo del año entre los bordes de la Reserva Comunal Amarakaeri, el Parque Nacional Manu, la Concesión para Conservación del Río Los Amigos y los bosques de protección permanente de las cuencas de los ríos Las Piedras y Tahuamanu, un territorio de más de un millón de hectáreas de extensión que se prolonga por el este hasta el estado de Acre, en Brasil.

Se trata, concluye la antropóloga, de una población muy vulnerable a las enfermedades que pudieran trasladar los agentes extraños a su territorio como la influenza A y B, la parainfluenza 2 y 3, el rotavirus, la tos convulsiva y el sarampión. Huertas refiere que en todos los casos la presión o alteración de sus territorios afecta directamente la disponibilidad de recursos alimenticios y su subsistencia.

Después que se cortaron los shihuahuacos y otros árboles centenarios, lo que queda de ello es convertido en carbón. Un ejército de carboneros se interna en la selva para transformar en carbón lo que fue parte fundamental de un bosque riquísimo. Foto: Flor Ruíz.

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¿Qué maderas buscan estos infractores?

Aunque la madera incautada en el operativo en el río Los Amigos en su mayor parte pertenecía a otras especies maderables, es el shihuahuaco (Dipteryx sp.), un árbol que puede tardar 1200 años en alcanzar un diámetro de 120 cms y una altura de 50 metros, la pieza del bosque tropical más requerida por la industria maderera local de acuerdo a la ingeniera forestal Tatiana Espinosa, una férrea defensora de la especie.

Sobre la importancia ecosistémica del shihuahuaco se ha dicho mucho en estos últimos años en la prensa especializada. Se trata de un árbol clave en el mantenimiento de los bosques que habita dado que sirve como lugar de anidación para muchas especies de aves amenazadas y protegidas por el Estado peruano como el águila arpía (Harpia harpyja), el águila crestada (Morphnus guianensis) y las dos especies de guacamayos más emblemáticos de la región amazónica (A. macao y A. chloropterus).

Las tres variedades de shihuahuaco, Dipterix micrantha, D. alata y D. odorata, que se extraen con mayor frecuencia en la región, además, proveen de alimento a múltiples especies de mamíferos terrestres y voladores que se encargan del necesario transporte de semillas y actúan como excelentes fijadores de carbono.

Pese a lo anterior, una investigación publicada por Ojo Público como parte de la Alianza Periodística Madera sin Rostro, determinó que entre el 2012 y el 2020 de las 948 mil toneladas métricas de madera exportadas por Perú, 531 mil toneladas, más de la mitad de lo comercializado en el período, correspondió a alguna de las diversas especies del género dipterix que se extraen de sus bosques.

Solo en el año 2015, según reporta el Servicio Nacional Forestal y Fauna Silvestre (Serfor), el 86,69 % de toda la madera aserrada de shihuahuaco a nivel nacional provino de Madre de Dios.

La batalla por la defensa de los shihuahuacos de Madre de Dios la lidera la ingeniera forestal Tatiana Espinosa, galardonada en el 2019 con el importante Jane Goodall Hope and Inspiration Ranger Award. Foto: Arbio.

En la concesión de Arbio

La batalla por la defensa de los shihuahuacos de Madre de Dios la lidera Tatiana Espinosa, galardonada en el 2019 con el importante Jane Goodall Hope and Inspiration Ranger Award. Espinosa es titular desde el año 2006 de una concesión para conservación de 916 hectáreas en los bosques del río Las Piedras, de las tres cuencas que visitamos para este reportaje, la más impactada por la tala ilegal.

A inicios de año, la directora de la Asociación para la Resiliencia del Bosque frente a la Interoceánica (Arbio), nos refirió que la situación en la cuenca del río Las Piedras se había vuelto insostenible debido al crecimiento de la actividad maderera: “Los madereros han rodeado mi concesión, precisó, han construido más de 50 km de carreteras que conectan estos bosques con la Interoceánica y a través de ellas están vaciando de maderas finas las concesiones no maderables de la cuenca. Casi todos los shihuahuacos de las concesiones de castaña que nos rodean han sido tumbados”.

“Cortan los shihuahuacos y con las piezas que quedan producen carbón que comercializan en Puerto Maldonado”, señaló un titular de una concesión invadida en la misma zona del río Las Piedras que pidió mantener en reserva su nombre por seguridad. “El boom del pollo a la brasa y la expansión de los cultivos de papaya, de cacao y de maíz para el engorde de los pollos no ha parado a pesar de la pandemia”, agregó.

Ni va a parar. Nos lo dijo en Puerto Maldonado Augusto Mulanovich, ingeniero forestal de larga residencia en la región. Como lo han demostrado los informes del Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina – MAAP sobre Madre de Dios, los principales motores de deforestación en la región están vinculados a la ampliación de la frontera agrícola, caminos y trochas incluidas.

“Las concesiones forestales están siendo invadidas, eso es innegable, primero por agricultores que actúan con la complicidad de las autoridades regionales, comentó Mulanovich, después por los madereros ilegales: he visto decenas de camiones cargados de shihuahuacos saliendo de la zona de Las Piedras por el puerto de Lucerna”.

La deforestación por tala legal e ilegal está poniendo en riesgo las coberturas boscosas del departamento con más bosques per cápita de todo el país. Foto: Dina Tsouluhas.

Para el especialista, el marco legal que definió el carácter de las concesiones forestales en el año 2000 (Ley 27308 y modificaciones) debe ser mejorado, no ha sido del todo eficiente para ordenar el territorio cuyas competencias forestales fueron entregadas a los gobiernos regionales. “Se trató de una ley moderna, racional en su momento, que intentó exigirle al sector privado que se haga responsable del recurso y no extraerlo a la mala. Son pocas las concesiones al amparo de esta legislación que han cumplido con el encargo que se les dio”, agregó.

El abandono de muchas de estas concesiones por parte de sus titulares, señaló Mulanovich, permite que los bosques de Madre de Dios caigan en manos de agricultores, madereros y  mineros que, como en el caso del río Pariamanu, un afluente del río Las Piedras, han empezado a desplazarse desde La Pampa o el llamado Corredor Minero utilizando las trochas construidas ilegalmente.

En la cuenca del Pariamanu, los reportes MAAP son clarísimos: en noviembre de 2016 la información satelital indicaba que se habían deforestado, con el inicio de la actividad minera en el área, 69 hectáreas boscosas. En enero del 2020, un segundo reporte señalaba que se había incrementado a 99 como consecuencia del desplazamiento de los mineros interdictados. En marzo del año pasado, la cifra ya había alcanzado las 204 hectáreas perdidas.

“Mientras las competencias del manejo forestal estén en manos de ministerios tan contrapuestos como el de Agricultura y del Ambiente las cosas no tienen visos de solución”, termina de comentar Mulanovich.

Los principales motores de la deforestación en Madre de Dios están vinculados a la ampliación de la frontera agrícola y la construcción de trochas y caminos forestales. En la cuenca de Las Piedras la migración de la ciudad al campo aumenta todos los días. Foto: Dina Tsouluhas.

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La batalla del río Las Piedras

Según información del Ministerio del Ambiente son productores agrícolas provenientes en su mayor caso de Ayacucho, San Martín y Ucayali los que se han instalado en concesiones de castaña, predios rurales y otras áreas no concesionadas de los alrededores de Lucerna, un centro poblado a orillas del río Las Piedras, cerca a la carretera Interoceánica. Las cifras indican que desde el año 2001 se han afectado más de 7000 hectáreas de bosques. Según fuentes consultadas, más de 40 kilómetros de selvas en las dos orillas del río que baja desde el Purús.

Cuando visitamos la zona pudimos observar la singular y muy extendida red de caminos informales por donde transitan vehículos de todo tamaño llevando insumos para los campos de cultivo y los campamentos madereros que prosperan a lo largo de la cuenca.

Aunque se estima que la madera que se sigue extrayendo del sector del río Las Piedras, a vista y paciencia de la población, pertenece a las especies shihuahuaco, tornillo (Cedrelinga catenaeformis), estoraque (Miroxylom balsamum), quinilla (Manilkara bidentata), otras fueron las impresiones del recientemente nombrado Gerente Gerente Forestal y de Fauna del Gobierno Regional de Madre de Dios, ingeniero Jorge Cardozo.

Durante la entrevista que le concedió a Mongabay Latam comentó que “ya no hay maderas finas en ese sector de la cuenca, en Lucerna y otros poblados, lo que prima es la actividad agrícola, los bosques han perdido su vocación forestal; 250 migrantes llegan todos los días a Madre de Dios, muchos de ellos para dedicarse a la agricultura en predios rurales y bosques de producción”.

Para el funcionario de más alto cargo del sector forestal en la región resulta indispensable hacer una evaluación del estado de los bosques que quedan en pie para determinar su verdadera vocación. Para Cardozo sin ese diagnóstico de base resulta imposible ordenar la situación.

Lamentablemente, como nos lo refirió, no existen partidas presupuestales en el gobierno regional para ese fin y el tiempo apremia.

La situación es compleja en la Madre de Dios. Se requiere actuar con prontitud para evitar el aumento de la deforestación en estas cuencas que determinan, como ninguna otra, la riqueza natural del departamento más biodiverso del Perú. Foto: Dina Tsouluhas.

¿Cuánto de la madera que sale por el río Las Piedras es ilegal? Cardozo fue tajante con Mongabay Latam: “Si juzgamos su procedencia de acuerdo a las guías que los transportistas presentan en los puestos de control, toda la madera supervisada es legal, puede continuar su ruta. La madera no habla, nos dijo con cierta resignación, son los documentos los que hablan por ella”.

Jaime Semizo, representante del Serfor en Puerto Maldonado, el organismo estatal encargado de velar por el buen estado de patrimonio forestal nacional, fue más cauto en sus apreciaciones. En Madre de Dios las funciones forestales que en otras regiones del país son de entera responsabilidad de su institución, fueron transferidas hace diez años al gobierno regional como parte del proceso de descentralización en curso; aun así, el Serfor tiene el encargo de apoyar a la administración local en el cumplimiento de sus obligaciones.

Para Semizo, el único funcionario de Serfor en Madre de Dios, el puesto de control que existe en el sector El Triunfo, uno de los siete que ha implementado la región, resulta insuficiente para determinar la trazabilidad de la madera que se extrae de Las Piedras.

“Se acaba de crear en Madre de Dios, nos refirió, la Mesa Regional de Control y Vigilancia Forestal y de Fauna Silvestre, una figura prevista en la ley forestal que integra a todos los actores públicos inmersos en el manejo de la madera, la fiscalía, ejército, policía nacional, Sunat, Autoridad Nacional del Agua, Osinfor, Sernanp”.

En esa mesa, nos los comento el propio Gerente Forestal y de Fauna del Gobierno Regional de Madre de Dios, una de las zonas priorizadas es la del río Las Piedras.

“He visto decenas de camiones cargados de shihuahuacos saliendo de la zona de Las Piedras por el puerto de Lucerna” comentó Augusto Mulanovich, una de las voces más autorizadas en la región en temas forestales. Foto: Flor Ruíz.

Camino al Alto Purús

El río Las Piedras, originalmente llamado Tacuatimanu, nace en el Parque Nacional Alto Purús, en la región de Ucayali, y recorre unos 650 km antes de desembocar en el río Madre de Dios.

El biólogo Arsenio Calle, actual jefe del Parque Nacional Alto Purús (PNAP), trabaja en el área desde el año 2006, ha sido testigo de los cambios que se han producido en la región que baña el río Las Piedras y, sobre todo, en el mosaico de áreas naturales protegidas que el Estado ha ido creando para salvaguardar la vida de los pueblos indígenas que lo habitan.

En junio pasado, comenta, los especialistas del Sernanp a su cargo visitaron el centro poblado de Monte Salvado, la última comunidad en el río Las Piedras antes de ingresar a la reserva indígena del pueblo mashco piro. En ese sector, antes de la creación de la Reserva Territorial Madre de Dios, existía un puesto de vigilancia del Sernanp que fue clave para la erradicación de los madereros que operaban en la zona cuando se estableció el Parque Nacional Alto Purús.

Para Calle, un sector de la población de esta aldea y de la localidad vecina de Puerto Nuevo se ha involucrado en el negocio de la madera ilegal, de allí la reticencia a cumplir con las normas que rigen la vida en una zona de amortiguamiento del área natural bajo responsabilidad del Sernanp. “Por primera vez hemos sentido rechazo de la población, aclaró, para mi es evidente que se está sacando madera ilegal de las comunidades”.

Los ríos, cuando no se puede utilizar los caminos forestales, son las vías más adecuadas para el transporte de la madera que sale de las concesiones y los bosques de la cuenca de Las Piedras. Del cauce fluvial a los caminos que llevan la carga hacia la carretera Interocéanica hay un solo paso. Foto: Flor Ruíz.

Y no solamente madera. Testigos que recorren la zona nos comentaron en Puerto Maldonado que los “foráneos” y sus colaboradores locales recogen sin ningún cuidado huevos de tortugas y trafican con especies silvestres distrayendo lo recursos con los que cuenta la población local para su subsistencia.

Calle y su gente quieren dar batalla. Si les fuera permitido establecer un puesto de control entre Puerto Nuevo y Monte Salvado con cuatro guardaparques del sistema nacional provistos de la logística del caso se recuperaría el área, asegura el jefe del Parque Nacional Alto Purús.

El accionar de estas actividades ilegales compromete la existencia de la Reserva Territorial Madre de Dios, precisa Calle, quien sostiene que en cualquier momento pueden darse enfrentamientos con los indígenas en aislamiento. “Hay un tema delicado, muy preocupante. No sabemos qué puede estar pasando al interior de esta zona, pensamos que podrían estar habiendo enfrentamientos entre los infractores y los indígenas mashco piros”, acotó.

Ni qué decir de la presencia creciente en esta parte de la cuenca de los llamados “mochileros”, refirió, pobladores que provienen por lo general de regiones altoandinas que llevan la droga que sale del valle contiguo del Urubamba sobre sus hombros por quebradas inhóspitas de las áreas protegidas. O del avistamiento frecuente de narcoaviones que vuelan a baja altura sobre el la reserva territorial  mashco piro y el Parque Nacional Alto Purús en dirección a Bolivia.

La situación es compleja en la Madre de Dios. Se requiere actuar con prontitud para evitar el aumento de la deforestación en estas cuencas que constituyen, como ninguna otra, la riqueza natural de una de las regiones más biodiversas del Perú.

De las 231 111 hectáreas perdidas en todo Madre de Dios entre los años 2001–2019, el período previo a la pandemia del Covid-19, la provincia de Tambopata, epicentro de la actividad aurífera, perdió 122 820 ha; la provincia de Tahuamanu 56 528 ha y la provincia de Manu 51 693 ha.

En todas, el avance de los vectores de destrucción pareciera no tener fin.

La senda que recorre el shihuahuaco en territorio peruano antes de salir hacia los mercados internacionales está trazada y con la dosis apropiada de decisión política se puede cerrar para evitar el saqueo de las maderas finas que guardan estos bosques y proteger la biodiversidad que contienen. Y, sobre todo, preservar la vida de sus pobladores.

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