Lago Ginebra. Foto: Omar Torrico / WCS Bolivia.
Lago Ginebra. Foto: Omar Torrico / WCS Bolivia.

La Región, con datos del Grupo de Trabajo para los Llanos de Moxos

En un escenario de transformación acelerada de la Amazonía boliviana, los lagos Rogaguado y Ginebra, parte de los Grandes Lagos Tectónicos de Exaltación, en el suroeste del Beni, permiten comprender procesos históricos de adaptación humana a ecosistemas dinámicos. Más allá de su valor ambiental, estos humedales conservan evidencias arqueológicas que aportan claves para el debate actual sobre sostenibilidad y gestión del territorio.

La arqueología en los Llanos de Moxos documenta un paisaje profundamente modelado por la acción humana a lo largo de siglos. Campos elevados, canales y montículos revelan formas de ocupación y uso del espacio, orientadas a convivir con el régimen de inundaciones estacionales, generando áreas productivas y habitables en un territorio dominado por el agua.

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Los registros arqueológicos dan cuenta de sistemas de vida diversificados que integraban agricultura, pesca, caza y manejo forestal de manera flexible. Esta combinación permitió a las poblaciones indígenas adaptarse a las variaciones climáticas y ecológicas propias de los humedales amazónicos. El uso intensivo de los campos elevados cesó posteriormente, probablemente como consecuencia del colapso demográfico y de las transformaciones sociales impuestas por la colonización europea, sin que ello desvirtúe la sostenibilidad de estos sistemas, que se mantuvieron durante largos periodos gracias a un conocimiento profundo del entorno.

Excavaciones Jasschaja. Foto: G. Fernández.

En la actualidad, los humedales de los Llanos de Moxos cumplen funciones ecológicas estratégicas: almacenan carbono, regulan el ciclo del agua y sostienen una elevada biodiversidad. Su protección implica no solo la conservación de un ecosistema clave frente al cambio climático, sino también el reconocimiento de las sociedades que lo habitaron y gestionaron históricamente. En este marco, la arqueología deja de ser únicamente una herramienta para estudiar el pasado y se vincula con discusiones contemporáneas sobre justicia ambiental y modelos alternativos de desarrollo.

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Diversas iniciativas científicas y de gestión territorial, como las impulsadas por el Grupo de Trabajo para los Llanos de Moxos (GTLM), articulan esfuerzos entre investigadores, autoridades locales y representantes indígenas para integrar la investigación arqueológica y ecológica con estrategias de conservación. Estos trabajos subrayan que los Llanos de Moxos constituyen un paisaje biocultural en el que convergen alta biodiversidad, vestigios arqueológicos, áreas protegidas, sitios Ramsar, territorios indígenas y propiedades privadas.

Coquinal en el lago Rogaguado. Foto: C. Jaimes / Universidad de Bonn.

En este contexto, la propuesta de Ley de Protección, Conservación y Promoción del Patrimonio Cultural Arqueológico del Municipio de Trinidad, junto con el reglamento a la Ley del Patrimonio Arqueológico del Beni, adquiere especial relevancia. Ambos instrumentos normativos permanecen pendientes de revisión y aprobación, lo que deja en situación de vulnerabilidad un patrimonio que trasciende el ámbito local y forma parte del legado cultural y ambiental de Bolivia y de la Amazonía.

Los Llanos de Moxos evidencian que la Amazonía ha sido históricamente un territorio habitado, gestionado y transformado. Comprender este pasado, a través de la arqueología y de los sistemas de vida que lo sustentaron, aporta elementos clave para pensar respuestas más equilibradas frente a las actuales crisis ambientales.

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