La ciudad de Belém, en el corazón del estado brasileño de Pará, fue escenario este sábado de una de las movilizaciones más grandes registradas en torno a una conferencia climática de la ONU en los últimos años. Miles de personas participaron en “Gran Marcha de los Pueblos”, una protesta convocada por organizaciones indígenas, movimientos sociales, juventudes y colectivos ambientalistas que buscan incidir en el rumbo de la COP30, actualmente en su punto medio de negociaciones.
La marcha puso en el centro tres grandes preocupaciones globales: el avance del extractivismo en la Amazonia, la falta de resultados de los mecanismos de mercado que dominan las discusiones climáticas y la demanda de que los territorios —y no las corporaciones— definan las soluciones.
Entre los ejes señalados por organizaciones latinoamericanas, destaca el rechazo a que los mercados de carbono vuelvan a posicionarse como herramienta clave para cumplir las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC). Especialistas advierten que estos mecanismos, que permiten compensar emisiones en vez de reducirlas en origen, no han demostrado resultados efectivos y, en muchos casos, han derivado en conflictos territoriales.

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El analista climático boliviano Martín Vilela, presente en la marcha en representación de la Plataforma Latinoamericana y del Caribe por la Justicia Climática, explicó a La Región que la tendencia a fortalecer mercados y financiación de la naturaleza “asegura más inacción”, especialmente porque se está promoviendo un nuevo mecanismo financiero que convierte bosques y conservación en activos para bolsas de valores. Para plataformas de justicia climática, este camino no solo es insuficiente: expone a los territorios a mayor presión extractiva.
A ello se suma la insistencia de algunos gobiernos —entre ellos Brasil— en impulsar biocombustibles derivados de monocultivos como la soya o la caña, bajo el argumento de transición energética. Organizaciones indígenas y ambientalistas subrayan que esta lógica “verde” reproduce las mismas dinámicas de expansión agrícola que han devastado bosques tropicales en las últimas décadas.
Una protesta que denuncia impactos concretos en los territorios

Delegaciones indígenas de varios países coincidieron en que la crisis climática ya se expresa con fuerza en sus comunidades: falta de agua, incendios cada vez más extremos, pérdida de biodiversidad y presiones crecientes por minería, agroindustria y proyectos de infraestructura.
Desde Bolivia, representantes de la Chiquitanía y de juventudes indígenas participaron para visibilizar los impactos de la deforestación y la ausencia de consulta en decisiones sobre sus tierras.

Rosa Pachurí, de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas (CENAMIN), afirmó que en su región “la combinación de desmontes, incendios y sequías está golpeando la alimentación y el acceso al agua”. Su presencia, dijo, responde a la necesidad de recordar que “la Amazonía no se negocia en oficinas: se vive y se sufre en los territorios”.
Por su parte, Ruddy Cabello, de la Organización de Jóvenes Indígenas Chiquitanos, señaló que las negociaciones climáticas “siguen siendo pactos entre actores que no sienten las consecuencias”, y llamaron a que las demandas nazcan desde los pueblos afectados, no desde intereses corporativos.
Dejar combustibles fósiles bajo tierra, el reclamo global

Las organizaciones reunidas en torno a la marcha llevaron un mensaje común a los negociadores:
no habrá salida a la crisis climática sin un compromiso claro para eliminar progresivamente el uso de combustibles fósiles.
Entre los llamados más repetidos durante la caminata estuvieron:
- Fin a la expansión petrolera y gasífera,
- Protección de los territorios indígenas,
- Expulsión de actores corporativos de las negociaciones climáticas,
- Respaldo directo a comunidades que conservan bosques y ríos,
- Transición energética justa y territorial, no basada en monocultivos.
Para líderes indígenas amazónicos, esta COP representa una oportunidad histórica: es la primera que se realiza en un estado que depende profundamente de la Amazonía. Sin embargo, temen que las decisiones sean absorbidas por la presión de gobiernos y empresas que buscan promover nuevos mercados sin modificar las causas estructurales de la crisis.
Organizaciones globales subrayaron que esta es la primera gran movilización social en una COP desde el inicio de la pandemia. Las anteriores conferencias se realizaron en países con restricciones severas a la protesta pública o con condiciones de seguridad limitadas para las organizaciones indígenas.
En Belém, en cambio, señalaron que existe un espacio de participación más amplio, lo que permitió retomar una tradición de presión social que históricamente ha influido en los acuerdos climáticos.
La marcha no buscó únicamente mostrar fuerza en las calles, sino enviar un mensaje directo a la presidencia de la COP y a los negociadores:
la acción climática debe tener como centro los territorios, no los mercados.
Durante la próxima semana se discutirán decisiones clave sobre financiamiento, combustibles fósiles y protección de bosques. Las organizaciones advierten que estarán vigilantes y que, independientemente del resultado de la cumbre, la resistencia continuará en los territorios.

VOCES DESDE LA COP30
“Nos están vulnerando el territorio. Somos dueñas de nuestra casa grande, pero no nos consultan para hacer transacciones sobre nuestras tierras.”
— Rosa Pachurí, Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia (CENAMIN)
“Poner los mercados de carbono en el centro de la acción climática nos asegura una total inacción. No son soluciones: nos alejan de lo que necesitamos.”
— Martín Vilela, Plataforma Latinoamericana y del Caribe por la Justicia Climática
“Las decisiones de la COP se hacen a la espalda de los pueblos. Nuestro deber es pelear desde los territorios para evitar llegar al punto de no retorno.”
— Luis Alberto Rojas Mogrovejo, delegado fundador de Bocinaf
“Este espacio de decisiones es, en realidad, un pacto entre extractivistas. La resistencia está en los territorios, donde vivimos esto todos los días.”
— Ruddy Cabello, de la Organización de Jóvenes Indígenas Chiquitanos












