Una travesía de tres días que permite conocer parte de la belleza natural y escénica desde Portachuelo hasta Santa Cruz es parte del patrimonio histórico de Portachuelo. Este año una treintena de jinetes participaron del recorrido de 720 kilómetros. Locro y majadito fueron parte de los platos tradicionales que se cocinaron para disfrutar en las pascanas.


 Doly Leytón Arnez

La mañana del lunes 23 de febrero se pintó con algunos nubarrones y una “chilchina” (llovizna) pasajera con una frescura que alentó a los 35 jinetes participantes de la caravana anual a iniciar una travesía que año a año se repite desde hace 16 años por los caminos que unen Portachuelo y Santa Cruz. La Cabalgata de Jinetes del Norte tuvo su punto de encuentro en el campo ferial Exporta pero partió oficialmente y con la bendición del párroco del pueblo a las 9 de la mañana desde la puerta de la iglesia ubicada en la plaza de Portachuelo.

Como es costumbre, amigos, familiares y pobladores de la zona se apostaron alrededor de la comitiva y entre aplausos y buenos deseos los despidieron. La Cabalgata protegida por el oficial de Policía Narciso Rueda, quien también acompañaba a sus hijos en esta aventura, hizo el primer tramo de 20 kilómetros rumbo a la junta, que es la unión del Rió Moreno y Güenda.

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La primer anécdota que no pasó de ser un susto y luego motivo de risas fue cuando la Jinete Rosario Añez probó la arena del Río Moreno al desbarrancarse su caballo. Mientras tanto, el equipo de apoyo que se adelantó en una camioneta hacia la Cabaña La Junta ya tenía sobre la leña una olla tiznada en la que Rosita Parada cocinaba el locro de gallina que fue el deleite de los jinetes durante la primera pascana.

El recorrido continuó después de un merecido descanso de los caballos y jinetes que continuaron rumbo a La Perdiz, donde se pernoctó la primera noche, a unos 15 kilómetros desde la junta, donde pasaron por una de las playas de arena más grandes de la región aún en el municipio de Portachuelo. “No comparar con las Lomas de arena, por aquí confluyen dos ríos: el Moreno y el Güendá, también se encuentran algunos pequeños manantiales, orquídeas y helechos”, según comentaba durante el recorrido el organizador de esta travesía, Tony Nazario.

DSC08102A lo largo del camino se fue trazando la ruta de acuerdo a las condiciones del clima ya que había la posibilidad de variar por la condición de los caminos o ríos. Entre el segundo y tercer día se avanzó unos treinta kilómetros hasta Las Cruces. Los momentos de descanso fueron ideales para disfrutar de las anécdotas y compartir con algunos pobladores como Doña Rosa Carreño, que todos los años espera a los jinetes en su casa. Allí, a pocos metros del río Cuchi, se preparó un sabroso majao mientras los jinetes y sus animales se refrescaban en el agua.

Durante la cabalgata, en el trayecto se pudo disfrutar de un recorrido por inmensas planicies y también por zonas donde los accidentes geográficos formaban espectaculares paisajes, se vio las estribaciones de la cordillera Oriental. Al avanzar por esos caminos antiguos, atravesando algunos peñascos se hizo notable el cambio de color de la tierra, había partes más rojas. Los senderos accidentados obligaron a los jinetes, entre hombres y mujeres de todas las edades, a hacer algunas pericias sin ningún incidente. Ya al finalizar el segundo día, rumbo a Las Cruces, la serranía del Amboró se vislumbraba en el horizonte.

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La segunda noche fue especial en las Cruces donde la familia Jimenez recibió a la caravana con mucho cariñó. Allí en su casa, don Marcelino dio una cálida bienvenida y los jinetes empezaron una tertulia en la que contaron las anécdotas vividas durante las dos primeras jornadas. Con el cuerpo cansado todos se fueron a dormir, algunos en carpas, otros en hamacas y otros en algún tendido sobre el suelo puesto que el calor lo permitía.

Ya al amanecer de lo que sería la última jornada de la cabalgata la emoción estaba a flor de piel y el entusiasmo mucho mayor al recibir el llamado de don Marcelino para que el grupo deguste una sabrosa ambrosia. Allí en el corral, directo de la vaca, todos disfrutaron de esta tradición con un chorrito de licor, para después desayunar y nuevamente responder a la voz de “ensillar”, al tono inconfundible del organizador Tony.

Como augurando un venturoso día, la naturaleza regaló un espectacular arcoíris a los jinetes a su salida de Las Cruces desde donde empezaron nuevamente la cabalgata rumbo a la laguna Capiguara donde se realizó la última pascana previo al tramo final rumbo al restaurante la Casa del Camba del Urubó, donde los jinetes fueron recibidos la noche del miércoles 25 de febrero entre aplausos y mucha algarabía. En este lugar, como todos los años se realizó una serenata con música, bailes y muchas anécdotas a la espera del 26 de febrero, fecha en la que se rinde homenaje a la Fundación de Santa Cruz.

FOTO ANEMY

 

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