En Nuquí, Chocó, una líder comunitaria encontró en el turismo una forma de mejorar la vida en su territorio. / Foto: Corporación Mano cambiada
En Nuquí, Chocó, una líder comunitaria encontró en el turismo una forma de mejorar la vida en su territorio. / Foto: Corporación Mano cambiada

En el contexto de la COP16, Colombia emerge como un país pionero en el turismo regenerativo, ofreciendo un ejemplo al mundo sobre cómo el turismo puede ser una fuerza de cambio positivo en territorios vulnerables. Este enfoque, que promueve la conservación de la biodiversidad y el empoderamiento comunitario, es una respuesta a las profundas crisis socioeconómicas y ambientales que enfrenta el país, a la vez que capitaliza su riqueza natural. Colombia es hogar del 10% de la biodiversidad mundial, ocupa el primer lugar en especies de aves del mundo, tiene la mayor diversidad de reptiles y es el segundo país con más especies, y también es uno de los países más ricos en mariposas y mamíferos. A pesar de esto, sumado a su riqueza cultural en sus regiones, son territorios afectados por años de conflicto y abandono estatal, especialmente en áreas rurales: allí donde está la biodiversidad.

La visión de un turismo regenerativo puede apreciarse en las historias de vida que ha logrado transformar, como la de Norberto en la Serranía de las Quinchas, Boyacá, quien dejó de cazar y talar árboles para convertirse en un guía apasionado que educa sobre hongos y aves locales. Su historia, compartida en la COP16, en eventos liderados por científicos, ilustra cómo el cambio de prácticas insostenibles puede ofrecer nuevas oportunidades económicas y educativas. Otro ejemplo de vida es el de Josefina Kringler en Nuquí, Chocó, una líder comunitaria que encontró en el turismo una forma de mejorar la vida en su territorio y darles visibilidad a las comunidades afrocolombianas del Pacifico Colombiano. Su trabajo en la Ensenada de Utría ha ganado reconocimiento internacional como modelo de conservación y empoderamiento comunitario, para proteger la naturaleza y generar transformaciones sociales, en busca de la paz con la naturaleza.

Colombia está lleno de historias inspiradoras, en las que el turismo, ha sido un catalizador, un medio de vida que ha transformado realidades en contra de la naturaleza, en sus mejores aliados. Otro ejemplo son los excombatientes en el Guaviare que ahora son guías de turismo de naturaleza, o la historia de cazadores de cocodrilos en la bahía de Cispatá, en Córdoba, en el Caribe Colombiano, que ahora enseñan a los turistas sobre los beneficios ambientales de los caimanes y cocodrilos como estabilizadores del equilibrio en los manglares.

Las comunidades afrocolombianas, campesinas, indígenas de Colombia le están enseñando al mundo a través de la práctica turística, como sus vidas, son ahora mejores, gracias a la conexión con la naturaleza. Para impulsar estas transformaciones se necesita más educación, creación de capacidades y proyectos de cooperación, para seguir transformando las vidas de las comunidades colombianas. Ellas están enseñando a tener más consciencia de la gran riqueza natural del país y están inspirando a colombianos y extranjeros a cambiar sus modelos de vida, a tener economías más limpias, y a entender que, para ser feliz, es necesario hacer las paces con la naturaleza, en línea con el lema de la COP16.

Otra de esas historias que reencuentran a las comunidades con la visión del turismo sostenible se da en Bahía Málaga, en el Valle del Cauca, región donde se llevó adelante la COP16. En esta región la Gobernación del Valle organizó un viaje para conocer el territorio e iniciar el primero de muchos vuelos directos Cali-Juanchaco Que permita promocionar los viajes al Pacífico.

Esta iniciativa resaltó el valor de involucrar a las comunidades como protagonistas en la gestión de áreas naturales de alto valor ecológico, reforzando el compromiso de Colombia con un turismo responsable y respetuoso. En el Valle del cauca, en Bahía Málaga, la sala de parto de las ballenas, líderes como Antonio Padilla, que es guía de manglares y observación de ballenas, esperan un cambio aun mayor después de la COP16. Para él, la conferencia puede traer oportunidades para continuar su labor sin depender únicamente de recursos económicos inestables. Además, Padilla espera que lo acordado en la COP16 permita generar instrumentos de gobierno que impulsen la conservación de la biodiversidad al tiempo que pueden desarrollar una bioeconomía sostenible que les permita prosperar protegiendo sus territorios.  Todavía es crítico saber cómo generar mayores capacidades locales para la adecuada gestión de la biodiversidad en Colombia, como en este caso, a través del turismo.

En el marco de la COP16, Colombia asumió un rol de liderazgo, promoviendo un llamado global para proteger la biodiversidad y reconociendo el papel de las comunidades locales e indígenas como custodias de estos recursos. Las discusiones sobre financiamiento y apoyo técnico se centraron en asegurar que los beneficios del turismo regenerativo lleguen directamente a las comunidades, garantizando su gobernanza y permanencia en los territorios.

El mensaje en turismo fue esclarecedor: Este debe ser un pilar de paz con la naturaleza, y las comunidades locales deben ser socias clave en la gestión de sus territorios. Este llamado global para proteger la biodiversidad incluyó propuestas de financiamiento y apoyo técnico que aseguren que los beneficios del turismo regenerativo lleguen directamente a quienes cuidan de estos ecosistemas

La urgencia de enfrentar la crisis planetaria requiere un cambio hacia economías sostenibles y colaborativas. Para asegurar un futuro en equilibrio con la naturaleza, el turismo debe transformarse en una opción económica que respete y preserve los ecosistemas. Las comunidades locales deben ser vistas como socias clave en la gestión de sus territorios, con el apoyo necesario para consolidar medios de vida sostenibles.

El turismo en Colombia ha demostrado ser una fuerza poderosa para la reconciliación y el desarrollo. Hoy, el país se destaca en el ámbito global como ejemplo de resiliencia y empoderamiento comunitario, promoviendo un modelo de turismo en paz con la naturaleza. Lo importante es trabajar juntos en la visión del territorio, uniendo conservación, cultura y prosperidad compartida hacia un futuro en equilibrio con la naturaleza.

El mensaje y la exhortación de Colombia hacia el mundo son potentes: es necesario actuar desde una visión conjunta, desde la unión, ya que, trabajando de manera individual, no se logrará este ansiado desarrollo sostenible. Las comunidades locales transmitieron un mensaje de paz y un llamado a ser más sencillos, a incrementar la conciencia y entender que en la naturaleza reside el equilibrio. Solo a través de la cooperación se hallará el poder para transformar la realidad que asedia con la triple crisis planetaria.

Perfil

Natalia Jiménez es líder en sostenibilidad y desarrollo local, con más de 15 años de experiencia en toda América Latina. Su carrera se ha centrado en promover la conservación del medio ambiente y la equidad social a través de iniciativas comunitarias innovadoras. Con experiencia en el trabajo con pequeños productores, comunidades indígenas, gobiernos locales y socios del sector privado, Natalia ha desempeñado un papel decisivo en el fomento del desarrollo sostenible en su sector el turismo sostenible.

Sus proyectos han abarcado desde la gestión de proyectos de gran repercusión con organizaciones como el Banco Mundial, UK PACT y Swisscontact, hasta el asesoramiento a gobiernos nacionales y regionales sobre competitividad y sostenibilidad del turismo.

* Natalia ha supervisado proyectos que han transformado regiones afectadas por conflictos en prósperos centros de ecoturismo, haciendo hincapié en la importancia de la biodiversidad, el patrimonio cultural y la inclusión económica. Su trabajo en regiones como el Pacífico colombiano, la Amazonia y las zonas andinas se ha traducido en mejoras tangibles de las economías locales y la preservación de los ecosistemas.