El ensamble ‘Martín Schmid’ encierra el alma de Concepción

Desde niños, los integrantes se forman en una escuela de música, donde además de tocar instrumentos o canto, aprenden disciplina y a conocer a fondo su cultura. Con 16 años, la orquesta y el coro han participado en festivales internacionales y tienen un disco grabado. Durante todo el año tienen presentaciones tanto locales como nacionales.


Por Rocío Lloret Céspedes

Amanece en Concepción. El trinar de las aves se oye como una orquesta sinfónica sin director; donde cada especie busca lucirse frente a otra y, en ese afán, “compone” una armonía en medio del caos. Así son los sonidos de la selva, aquellos que –dicen- la música busca imitar.

Quizá por eso, por la cercanía y el contacto directo con la naturaleza, los niños que viven en toda la región chiquitana de Santa Cruz tienen un talento innato para interpretar instrumentos de cuerdas y cantar. Lo hacen desde pequeños, con la facilidad con la que aprenden a leer o escribir.

Incluso en comunidades pequeñas y mucho más en capitales de provincias, existen orquestas y coros –unas más grandes que otras- que se esfuerzan por mostrar su arte dentro y fuera de Bolivia. Hay escuelas, hay afán de los padres para que sus hijos se formen y, sobre todo, hay apoyo extranjero con becas para aquellos que muestran mayor interés.

En Concepción, a 286 kilómetros de la capital oriental, está el ensamble Martín Schmid, actualmente integrado por 50 niños y jóvenes. Fundado en 2003 por el sacerdote franciscano Reinaldo Brumberger, no solo forma músicos, sino gente disciplinada que conoce a fondo su cultura y, de a poco, estudia partituras barroco/chiquitanas del Archivo Musical de Chiquitos, único en el mundo y con sede en este lugar.

Dependiente de la iglesia Católica, cuenta con el impulso de la misión alemana Advenit Kinder, entre otros benefactores, por lo que maestros extranjeros alternan con los locales para impartir clases o dirigir el coro. Desde hace algunos años, el ensamble ha dejado de recibir apoyo institucional, por lo que le ha tocado aprender a financiarse y mantenerse con el aporte de los padres de familia, algo que para muchos es una gran inversión para la vida del niño.

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Disciplina y constancia

Un ejemplo de dedicación.

El director artístico, Ángel Calixto Rodríguez (30 años), es concepcioneño. Estudió en la escuela de Bellas Artes en Santa Cruz e inicialmente fue invitado por el Vicariato Apostólico Ñuflo de Chávez, para dictar clases de violín. De hablar pausado, dice que acá hay talento, “porque la música se lleva en la sangre”.

Cada día, los alumnos dedican 45 minutos, con pausas, a sus estudios musicales, pero en su casa deben volver a practicar lo aprendido. Al tener un convenio con el Instituto de Música Integral de Urubichá, en Guarayos, a la par que salen bachilleres los jóvenes obtienen un título técnico.

Esa constancia hace que sus presentaciones sean frecuentes tanto para los turistas que llegan a Concepción, como cuando a los jóvenes músicos les toca representar a su municipio en Santa Cruz, por ejemplo.

El entusiasmo con que enfrentan esos momentos es digno de admirar. Vanessa Monasterio, madre del primer tenor –Ferdinand Mues-, cuenta que se esfuerzan tanto, que al final de los espectáculos que brindan siempre terminan con aplausos por demás. Y, claro, al ser tantos, no todos pueden acudir a todas las actividades, por lo que casi siempre están en pequeñas audiciones.

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Una sana competencia


El ensamble ‘Martín Schmid’ debe su nombre al arquitecto jesuita que fundó el pueblo misional de San Javier.

Cada año par en Santa Cruz y ahora en otros departamentos como Tarija, se realiza el Festival Internacional de Música Barroca. Orquestas y coros de países europeos, asiáticos y de Norte América se disputan cupos para participar, debido a la importancia que ha cobrado el acontecimiento, merced a los estudios de las partituras encontradas por el arquitecto jesuita suizo Hans Roth, principal restaurador de las Misiones Jesuiticas de la Chiquitania boliviana.

Durante la organización, Piotr Nawrt (sacerdote y musicólogo polaco), se encarga de recorrer todas las poblaciones donde haya intérpretes de estas melodías sacras, para escuchar a sus orquestas, y elegir a las mejores, de manera que puedan alternar con los internacionales.

El talento de estos jóvenes es valorado por los visitantes.

Ese proceso obliga a que niños y jóvenes tengan una sana competencia para llegar al nivel requerido. El ensamble ‘Martín Schmid’ que, por cierto, le debe su nombre al arquitecto jesuita que fundó el pueblo misional de San Javier; participó varias veces del evento y también grabó un disco.

Tiziano Barutto, chef italiano que llegó a Concepción y aquí conformó su familia, asegura que la escuela tiene asesores de Colombia, que llegan cada dos años para compartir con los estudiantes. De hecho, varios de ellos salieron al extranjero, para especializarse. Sin embargo, al no haber oportunidades para seguir una carrera universitaria, la mayoría egresa como bachiller y debe partir a la ciudad capital en busca de un futuro mejor.

Una vez en allí, la música no deja de ser parte de su vida. La orquesta de música chiquitana, por ejemplo, está compuesta por jóvenes de varios pueblos de esta región. La misma está a cargo de Edy Bailaba, quien se formó en Concepción. “Prácticamente nuestros niños empiezan a los seis, siete años y se gradúan a los 17, 18 en la escuela de Urubichá (en Guarayos), como técnicos medios. Si se quedan tres años más, son técnicos superiores, pero ellos ya pueden impartir clases en toda la escuela técnica del país, gracias a su resolución administrativa”, explica.

Para este padre de familia, que forma parte de la directiva del ensamble, el sentido no es tanto tener una orquesta, sino que sus hijos tengan una formación integral, “esto es el corazón, el alma de la escuela”.

 


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