
Doly Leytón Arnez
Periodista | La Región
El mono araña o marimono (Ateles chamek), el primate más grande de Bolivia, fue recategorizado este año de Vulnerable (VU) a En Peligro (EN) en el Libro Rojo de los Vertebrados de Bolivia. Mientras la evidencia científica confirma un escenario cada vez más crítico para la especie, las víctimas del tráfico ilegal de fauna suman.
En menos de una semana, dos monitas araña llegaron al refugio Senda Verde, situado en Coroico, zona de los Yungas de La Paz. Las rescataron en distintos puntos, pero existen dos nuevas denuncias, con lo cual, en menos de diez días, cuatro crías serían víctimas de este delito tipificado en la Ley de Medio Ambiente (1133) y el Decreto Supremo 4489, que reglamenta las medidas relativas al bienestar, conservación y preservación de la fauna silvestre.
Una especie cada vez más amenazada

La nueva edición del Libro Rojo (2026) señala que el marimono dejó atrás la categoría de Vulnerable, en la que permaneció desde 1996 hasta 2009, para pasar a la categoría “En Peligro” (EN), en Bolivia, equiparándose a la lista global de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

La evaluación advierte que las poblaciones de esta especie han disminuido en, al menos, un 50 por ciento en los últimos 45 años, y que la tendencia continuará a la baja si no se reducen sus principales presiones. Entre los factores identificados en el documento, figura la destrucción de su hábitat por incendios, deforestación, apertura de carreteras, minería y expansión agropecuaria, además de la caza y el mascotismo.
Según los expertos, el marimono posee una tasa reproductiva extremadamente baja: las hembras alcanzan la madurez sexual entre los cuatro y seis años y tienen, en promedio, una sola cría cada tres o cuatro años. Por ello, sus poblaciones requieren décadas para recuperarse tras episodios de cacería o extracción.
Dos crías rescatadas en pocos días
Uno de los casos más recientes ocurrió en El Alto, donde una cría de menos de tres meses fue encontrada abandonada dentro de un canil de tela, expuesta a las temperaturas extremas del invierno altiplánico.
Además de ese caso, Vicky Ossio, cofundadora del refugio Senda Verde, informó sobre un nuevo rescate: otra monita araña, todavía más pequeña, fue entregada por el guardaparque Marcos Uzquiano, de la Estación Biológica del Beni (EBB). Este ejemplar pesa apenas 900 gramos, mientras que la encontrada en El Alto registra 1,5 kilogramos.
“Están acabando con los monos araña”

Para Ossio, ambos rescates son una señal de que el tráfico de fauna continúa afectando gravemente a la biodiversidad boliviana.
«Rescatamos una bebé más, más pequeña aún, y tenemos denuncias en Rurrenabaque y San Ignacio de Moxos. Están acabando con los monos araña», advirtió la ambientalista.
Ossio también alertó sobre reportes recientes de tráfico de monos capuchinos en el Beni, lo que confirma que la red de comercio ilegal permanece muy activa. La disminución del marimono ya es evidente sobre el terreno. “Los guías de turismo de San Buenaventura y del Madidi dicen que ya no los ven. Tan solo el año pasado recibimos nueve monitos araña bebés procedentes de esa zona”, lamentó Ossio.
El costo invisible del mascotismo
El Libro Rojo identifica al mascotismo como una de las amenazas más destructivas para la fauna silvestre, como los primates. Para arrebatar una cría, los cazadores habitualmente matan a la madre que intenta defenderla, por lo que cada ejemplar comercializado representa la muerte previa de al menos un individuo adulto.
Además del tráfico de mascotas, la cacería de consumo continúa activa en varias regiones. Los decomisos de estos días confirman sobre el terreno las razones por las cuales el marimono acaba de ingresar a la lista de especies en peligro crítico de conservación en Bolivia.
Tanto Ossio como Marcos Uzquiano, jefe de guardaparques de la EBB, coinciden en que muchos de estos casos se dan en pueblos indígenas. Si bien el consumo de la carne silvestre, por ejemplo, está permitido en estos territorios para supervivencia; la comercialización y el mascotismo, no lo está.
La Región intentó conocer las políticas de Estado de la Gobernación de La Paz, en el marco de sus atribuciones, para luchar contra estos flagelos sociales, en coordinación con la Dirección General de Biodiversidad y Áreas Protegidas (DGBAP), pero hasta el cierre de este reporte, la funcionaria Rosmery Caballero Bautista, Directora de Cambios Climáticos y Gestión de Recursos Hídricos del Gobierno Autónomo Departamental de La Paz (GADLP), no respondió a una entrevista.
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