El pueblo que refaccionó su propio hospital, ahora apuesta por huertos familiares para enfrentar la crisis

El año pasado sufrieron escasez de alimentos por la imposibilidad de movilizarse para adquirirlos durante la cuarentena rígida. Un proyecto que inició en septiembre con donaciones y benefició a quince familias ahora recoge sus primeros frutos.

Teodosio Frías muestra el fruto de su trabajo en la huerta familiar. Foto: Yuvinka Gareca

Doly Leytón Arnez/ Fotos: Yuvinka Gareca

Bajo el intenso sol de verano en la Chiquitania, el carpintero Teodosio Frías muestra orgulloso las plantas de apio, perejil, tomate, y otras hortalizas, que pronto cosechará para el consumo de su familia. Al igual que él, otros catorce vecinos se beneficiaron con la implementación de huertos familiares en Santiago de Chiquitos, población ubicada a 22 kilómetros de Roboré, en el este de Santa Cruz.

Durante la cuarentena rígida decretada en marzo de 2020 y que se extendió por tres meses, muchas poblaciones alejadas de los centros urbanos sufrieron escasez de alimento. Mientras que en las ciudades proliferaron los servicios de entrega a domicilio y mercados ambulantes, en muchos pueblos no ocurría lo mismo.

Ese fue el caso de esta comunidad que está dentro de la Reserva Municipal de Vida Silvestre Valle de Tucabaca, que además tuvo que enfrentar la falta de servicios sanitarios en medio de la pandemia. Incluso llegaron a construir su propio hospital sobre las bases de uno derruido solo con donaciones y mano de obra de voluntarios de la comunidad.

El 70 porciento de las semillas plantadas por los santiagueños rindieron fruto.

Durante ese proceso surgió la idea de capacitar a las familias para que puedan cultivar sus propias hortalizas y así hacer frente a la crisis que ocasiona el COVID-19, cuenta Yuvinka Gareca, gestora del proyecto junto a su esposo Steffen Reichle, propietarios de un hotel de esa población.

La pareja, sin mucho conocimiento en la implementación de huertos pero con muchas ganas de ayudar, se puso en campaña. Inició con su entorno y la primera en responder fue una tía de Steffen, quien hizo una donación económica. El segundo paso fue tocar otras puertas y así se logró el apoyo de Alas Chiquitanas, una organización que nació para apoyar la labor de bomberos durante los incendios forestales y que canaliza fondos para ayuda a comunidades en áreas protegidas.

Ya con los recursos en mano se buscó asesoría de Probioma, institución experta en agroecología, que se hizo cargo de la capacitación de quince personas inscritas para participar del proceso que inició en septiembre de 2020.   

Para este propósito cada familia recibió mallas de protección para un perímetro de 10×10 metros, semillas, insecticidas, vitaminas, todo orgánico. La inversión por cada huerto fue de 65 dólares, sin contar con el precio de capacitación que brindó Probioma sin costo.  

Ignacio Gutiérrez, uno de los más jóvenes del proyecto, sembró pimentón, lechuga, zanahoria pepino y remolacha. Video: Cortesía Yuvinka Gareca.

En este pueblo habitan unas 2.500 personas en cinco barrios. En esta primera etapa se beneficiará a unas cincuenta personas de 15 familias pero se espera conseguir recursos para que más pobladores puedan producir hortalizas orgánicas para el consumo interno y también como un medio de generar recursos económicos.

Sara Crespo, directora de Probioma, explica que en varios pueblos de la Chiquitania la “alimentación se vio duramente comprometida” desde 2019 debido a la sequía, incendios forestales, la pausa ecológica que impidió que las comunidades trabajen la tierra, y por último la cuarentena rígida que hizo imposible salir a las ciudades en busca de provisiones.   

 Es así que esta organización lleva adelante un proyecto de huertos ecológicos en poblaciones chiquitanas de San Ignacio y Lomerio desde julio del año pasado. A dicho proyecto se sumó Roboré, en septiembre, con Santiago de Chiquitos que se benefició con asistencia técnica y capacitación.

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Teodosio Frías, uno del los beneficiarios del proyecto. Video: Cortesía Yuvinka Gareca.

Crespo explica que debido a que la producción de huertos no es tradicional en la zona de la Chiquitania, los participantes debieron aprender desde cero. Recibieron semillas para cinco siembras y un técnico les enseñó la elaboración de almácigos y el manejo ecológico del huerto. La asesoría fue virtual y presencial.

En la última etapa los voluntarios aprenderán a recolectar sus propias semillas de tomate, lechuga, pimentón, cebollín, remolacha, zanahoria, entre otros, para garantizar la sostenibilidad. Además se les dará bases de comercialización como alternativa para generar ingresos económicos a partir de su producción.

Por los resultados positivos de Santiago de Chiquitos, Crespo considera que esta población puede llegar a convertirse en un ejemplo: quince familias tienen ahora sus huertos y el rendimiento de las semillas ha sido del 75 por ciento.

Se necesita apoyo  

La implementación de cada huerto beneficia a familias de hasta 15 miembros. Para quienes deseen apoyar pueden contactar con Alas Chiquitanas al (70811914) – Yuvinka Gareka (72194972).



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