Foto: Steffen Reichle

Paneles solares para generar energía; shampúes y acondicionadores elaborados con plantas naturales; un fruto para lavar los utensilios de cocina y la vajilla; tanques para recolectar agua de lluvia. Esas son algunas medidas que ayudan a cuidar el medio ambiente y a economizar.

¿Es factible aplicar estas acciones para una familia reducida?, ¿dónde es más conveniente hacerlo?, ¿cómo debe ser una casa verde?, ¿en qué país se incentiva esta práctica? Un experto ayuda a resolver estas y otras dudas sobre esta nueva forma de vida.


La Región/ Santa Cruz

Cuando uno introduce en el Google las palabras “hoteles ecológicos en Bolivia”, la mayoría de los que allá aparecen están en Uyuni, Potosí. Se trata de hospedajes (muchos de ellos de lujo) que utilizan paneles solares y baños que ahorran agua principalmente. También hay uno en Cochabamba y, esporádicamente, sale otro en Santa Cruz. No son muchos, de hecho bastaría una mano para contarlos.

Aunque no está en las primeras páginas del buscador más famoso del mundo, en Santiago de Chiquitos (Roboré), está el hotel Churapa que, desde hace más de un año ha decidido apostar por lo verde, como una manera de asumir acciones en favor del medio ambiente, pero también para resolver un problema de constantes cortes de luz que se dan en esta comunidad chiquitana, que está a 640 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra.

En el hospedaje, que también ofrece el servicio de restaurante, hay aires acondicionados, refrigeradores, televisores y todas las comodidades que requiere un huésped. Por eso, en fechas clave, como feriados o fin de año, suele llegar al total de su capacidad, por lo que quedarse sin energía eléctrica en una previa de la fiesta de Año Nuevo, era para sus propietarios no solo un estrés, sino la frustración de no saber cómo resolver el problema

Esa precisamente fue una de las razones para apostar por los paneles solares como generadores de energía, pero también porque se trata de una manera de ayudar al medio ambiente.

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Steffen Reichle, el propietario, cuenta que se trata de un sistema trifásico (producción, distribución y consumo), que alterna con el servicio de la Cooperativa Rural de Electrificación (CRE) de Santa Cruz, pero a la vez, es autónomo cuando hay un corte de luz. Actualmente tiene 18 paneles, que se cargan durante el día y que pueden cubrir hasta el 80 % de la capacidad del hotel. Sin embargo, también se necesita un conversor, para generar los 220 voltios que se utilizan en Bolivia para usar los electrodomésticos y baterías. Los dos últimos elementos son los más caros, si hablamos de precios.


De uso rural

Hole Churapa en Santiago de Chiquitos.

Paul Schullhauser es un experto en integración de sistemas fotovoltaicos y quien asesora a las empresas o personas que deseen contar con energía solar. Asegura que, por los costos, esta alternativa aún no es aconsejable para una familia, salvo que tenga una mansión en la que se gaste demasiado en energía eléctrica.

En el caso de Churapa, las facturas mensuales superaban los Bs 2.200, entre otras cosas porque los comercios tienen un costo diferenciado al de las personas naturales.

De ahí que los principales clientes de Schullhauser están en el área rural. Su trabajo consiste en asesorar a los interesados para cubrir sus necesidades. Lo mínimo que se requiere para ello son $us 4.000 y no hay límite para el máximo, dependiendo lo que quiera la persona. También trabaja con gente que vive en el Urubó, en la capital oriental, porque los dueños de grandes viviendas gastaban tanto en energía que optaron por esta alternativa. En la misma línea está ingresando el colegio Alemán.

Y es precisamente en el país germánico, donde se incentiva el uso de energía solar, mediante subvenciones para adquirir los sistemas, entre otras medidas. En Bolivia, según el experto, ya hay varias firmas dedicadas al rubro, pero no todas están acordes a los cambios que ha ido experimentando el uso. Si antes se podía invertir hasta $us 100 mil en algo muy completo, por ejemplo, hoy ya no es necesario tanto, y se consigue mucho mejor rendimiento.


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Pequeñas acciones, grandes resultados

En Churapa, además de los paneles, en las habitaciones los huéspedes tienen a disposición shampúes y acondicionadores elaborados por las mujeres de Santiago, con albahaca y romero. Son productos que han dado tan buenos resultados que ahora en el hotel se los vende en frascos más grandes. Otra de las acciones que se ha tomado es pedirle a la gente que no se lleve los envases, así estos son reutilizables. Económicamente, el hecho de no tener que traer estos implementos desde Santa Cruz y, a la vez, apoyar a las señoras de la comunidad, también es rentable.

Desde hace unos meses, como otra acción para no tener que usar plástico, tanto los utensilios de cocina como las vajillas se lavan con lufa, la pulpa del fruto de una enredadera que da en la zona (ver foto). Esto no solo ha permitido que la limpieza sea más efectiva, sino que ya no se tenga que gastar tanto en esponjas sintéticas. Semanalmente se requería diez de ellas y ahora, con la lufa, se gasta menos y no hay necesidad de reciclarlas, porque se desintegran de manera natural.

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Pensar en verde

Con los paneles solares se cubre hasta el 80 % de la capacidad del hotel.

Muy pronto en este hotel de Santiago también se aprovechará el agua de lluvia, mediante la implementación de tanques para recolectarla. El líquido será utilizado en el riego de los jardines, los baños y el lavado del servicio. El ahorro no solo se medirá en la factura, sino en el aprovechamiento de algo cotidiano y que puede ayudar mucho a no desperdiciar tantos litros.

Schullhauser, quien también asesora en este tema a sus clientes, explica que en el país son muy pocos los arquitectos que piensan en verde a la hora de diseñar las viviendas; lo cual no solo beneficiaría al medio ambiente, sino también al bolsillo de la gente.

Paneles instalados en el  hotel Churapa.

Esto significa que ya desde la planificación, una casa debe estar pensada para tener los tanques de recolección en lugares adecuados, para que no sean antiestéticos, y también las estructuras debieran ser más cerradas, para que no se requiera tanta energía eléctrica, como sucede actualmente en las épocas de calor, cuando los aires acondicionados suelen funcionar hasta 24 horas.

Aunque todavía falta para llegar a ese nivel de conciencia, el hecho de que ya haya gente que se preocupe por el tema no deja de ser esperanzador y un ejemplo para que el propio Estado pueda promover inmuebles verdes, no solo en pro del medio ambiente, sino de la economía.


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