
A primera vista, podría parecer una hoja seca entre la hojarasca. Pero al mirar con atención aparecen unos ojos, una piel rugosa y unas crestas muy marcadas sobre la cabeza. Es uno de los sapos del complejo Rhinella margaritifera, visto en el norte de la Amazonia boliviana.
El registro fue realizado el 21 de enero de 2026, durante una expedición de investigación en el departamento de Pando. El video fue realizado por el biólogo y fotógrafo cochabambino Eduardo Navia.
Según explicó a La Región, se trata de un grupo de sapos cuyos ejemplares pueden ser muy similares entre sí. Por eso, observar una fotografía o un video no siempre permite determinar con certeza la especie.
Dentro de este complejo existen varias de ellas estrechamente relacionadas y de apariencia parecida. Para diferenciarlas pueden ser necesarias características morfológicas, el análisis de sus vocalizaciones y estudios genéticos.
Un cuerpo diseñado para confundirse con el bosque
El biólogo resalta que una de las características más llamativas del ejemplar son las crestas elevadas de su cabeza. Además, que en los individuos registrados en zonas del norte de la Amazonia boliviana, estas estructuras pueden ser especialmente notorias. “Junto con la coloración y la textura de la piel, contribuyen a romper la silueta del animal cuando permanece entre hojas secas”, describe.
Es una estrategia de camuflaje que hace que un animal que está a pocos centímetros pueda pasar desapercibido. El sapo del video se encontraba posando, posiblemente en espera de vocalizar o de capturar alguna presa, de acuerdo con el especialista.
Los anfibios son considerados buenos indicadores biológicos porque responden a cambios en las condiciones de los ecosistemas. Sin embargo, en el caso de los sapos del complejo Rhinella margaritifera, su presencia por sí sola no permite determinar el estado de conservación de un lugar. Estos animales pueden encontrarse tanto en ambientes relativamente conservados como en sitios con cierto grado de perturbación, incluso cerca de áreas urbanas y chacos, explica el especialista.La expedición en la que se obtuvo este registro contó con la participación de los herpetólogos Steffen Reichle, Mauricio Pacheco y Karl-Heinz Jungfer; así también, la bióloga y entomóloga Cindy Pérez y el guía local Pablo Sergio Alvez “Canela”.









