El bajón es uno de los instrumentos autóctonos que pervive en la cultura moxeña. Foto: Steffen Reichle
El bajón es uno de los instrumentos autóctonos que pervive en la cultura moxeña. Foto: Steffen Reichle

 La Ichapekene Piesta, una de las festividades más emblemáticas de Bolivia, vuelve a cautivar a locales y visitantes con su rica mezcla de tradición indígena y legado jesuita. Celebrada anualmente en honor a San Ignacio de Loyola, este año la fiesta alcanzó su edición número 335, consolidándose como un tesoro cultural inmaterial reconocido por la UNESCO.

Un viaje al corazón de la cultura moxeña

Los orígenes de la Ichapekene Piesta, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, desde 2012, se remontan a las misiones jesuíticas del siglo XVI. A través de los años, esta festividad ha evolucionado, fusionando creencias ancestrales del pueblo moxeño con los ritos cristianos, dando como resultado una celebración única y sincrética. La celebración inicia la primera semana de julio y culmina a inicios de agosto, siendo los días 30 y 31 de julio los más esperados.

El punto cúlmine es la representación escénica de la victoria de San Ignacio de Loyola, donde doce guerreros solares luchan contra los guardianes de la Santa Bandera, simbolizando la conversión al cristianismo. Sin embargo, esta representación va más allá de lo religioso, pues también honra a los espíritus ancestrales y a la naturaleza, elementos fundamentales en la cosmovisión moxeña.

Más allá de los macheteros

Con sus vistosos tocados de plumas, los macheteros recorren las calles al son de melodías tradicionales. Foto: Steffen Reichle
Con sus vistosos tocados de plumas, los macheteros recorren las calles al son de melodías tradicionales. Foto: Steffen Reichle

Con sus vistosos tocados de plumas, los macheteros recorren las calles al son de melodías tradicionales. Foto: Steffen Reichle

Si bien los macheteros, con sus vistosos trajes de plumas, son los personajes más emblemáticos de la Ichapekene Piesta, la festividad ofrece una amplia gama de danzas y tradiciones. Desde los ligeros movimientos de las moperitas hasta la energía de los achus. Cada baile cuenta una historia y refleja la diversidad cultural de la región.

Un legado que trasciende fronteras

La multitud que asistió a la festividad disfruta del espectáculo de música, destellos y chispas que esparcen los chasqueros durante la festividad. Foto: Steffen Reichle
La multitud que asistió a la festividad disfruta del espectáculo de música, destellos y chispas que esparcen los chasqueros durante la festividad. Foto: Steffen Reichle

La Ichapekene Piesta no solo es una celebración local, sino también un atractivo turístico de gran importancia para Bolivia. Su reconocimiento internacional como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad ha posicionado a San Ignacio de Moxos, un municipio situado a 90 kilómetros al oeste de Trinidad, Beni, en el mapa cultural mundial, atrayendo a visitantes de diversos países que desean sumergirse en esta experiencia única.

Los achus representan a los abuelos o ancestros. Esta danza es anterior a la llegada de los españoles. Foto: Alejandro De Los Ríos
Los achus representan a los abuelos o ancestros. Esta danza es anterior a la llegada de los españoles. Foto: Alejandro De Los Ríos

Un mar de chispas ilumina la noche mientras los chasqueros, con sus sombreros encendidos, se abalanzan sobre el público en una danza de fuego y emoción frente al templo de San Ignacio de Moxos.

Foto: Alejandro De Los Ríos
Foto: Alejandro De Los Ríos
Foto: Steffen Reichle
Foto: Steffen Reichle

Los más conocidos personajes de esta festividad son los macheteros que lucen impresionantes tocados de plumajes. 

Foto: Steffen Reichle
Foto: Steffen Reichle
Foto: Steffen Reichle
Foto: Steffen Reichle
Foto: Steffen Reichle
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Foto: Alejandro De Los Ríos
Foto: Alejandro De Los Ríos
Foto: Alejandro De Los Ríos
Foto: Alejandro De Los Ríos