Kapeatindi y el reto de no dejar morir el Arete Guasu

La comunidad guaraní busca revitalizar sus costumbres con la celebración de la Fiesta Grande. El esfuerzo es para que las nuevas generaciones mantengan vivo el legado de sus antepasados.

Quienes personifican a los seres que vienen del otro mundo recorren las casas de espera para dar inicio al Arete Guasu y garantizar que todos participen de esta tradición. Foto: Rocío Lloret

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Rocío Lloret Céspedes

Un estrecho sendero de arena ardiente divide al mundo de vivos y muertos. El llamado de la köroreta –instrumento de viento largo con un asta de toro en la punta- anuncia el regreso de los antepasados para ver a sus seres queridos. Hombres de vestidos largos, todos ancianos con joroba, algunos con plumas (los agüeros), otros con rostros cansados (ndesi ndesi) y ciertas veces militares que evocan la Guerra del Chaco. Al son de la flauta (mïmbi) marcan un paso cansino en medio de gritos agudos como relinchos de un caballo; una forma de decir, aquí estamos, hemos vuelto. Ya en este mundo saludan a los suyos con voz chillona, les extienden la mano -puama (buen día), kaaruma (buenas tardes), pituma (buenas noches)-, invitan a sumarse al jolgorio. Ha empezado el Arete Guasu (Fiesta Grande) en Kapeatindi y durante tres días vivos y muertos celebrarán la abundancia, un nuevo año, el reencuentro.

Con la llegada de los personajes principales comienza la celebración, que durará tres días. Foto: Doly Leytón

Kapeatindi es una comunidad guaraní de Alto Isoso, pertenece al Gobierno Autónomo Originario Campesino (Gaioc) Charagua Iyambae, en la provincia Cordillera de Santa Cruz. Alrededor de 77 familias viven en pequeñas casas de adobe pelado y material, de patios amplios sin paredes y frondosos árboles de ramas largas. De aves de granja, perros raquíticos, grupos de chivos. Calles de arena, una cancha de fútbol con arcos de palo y una bomba de agua en medio de un canchón, de la que muchos se proveen cada mañana.

Desde hace cinco años en este lugar se ha vuelto a celebrar el Arete Guasu de forma autóctona. Antiguamente todas las comunidades guaraníes –sur de Bolivia, Noreste argentino y chaco paraguayo- lo hacían en época de carnaval, sin una fecha fija como sucede en el mundo occidental. Hoy en día, pocas se animan, porque la preparación demanda semanas y una organización meticulosa. En Kapeatindi el anhelo es que los niños y jóvenes conozcan a fondo estas y otras tradiciones para que continúen con el legado cultural de sus antepasados.

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La participación comunal es importante, porque simboliza la unidad de los pobladores.

Como parte del proyecto “Fortalecimiento comunitario y revalorización de conocimientos tradicionales para la conservación y gestión sustentable de los recursos naturales en la comunidad de Kapeatindi”, impulsado por el PNUD, este año la oenegé Asociación para la Conservación, Investigación de la Biodiversidad y el Desarrollo Sostenible (Savia) ejecutó esta iniciativa sociocultural. En la misma línea, al ser una de las comunidades del Isoso que forma parte del área de influencia del Parque Nacional Kaa Iya del Gran Chaco, la habilita en la implementación de proyectos sostenibles. Esto con el objetivo de generar bienestar en las familias, integrado a la conservación del área protegida nacional. El resultado fue una fiesta que se celebró del 6 al 8 de marzo.

Unidad, el símbolo de una nación

La ronda suele comenzar pequeña y de a poco se van sumando los asistentes, hasta hacer un círculo grande. Foto: Rocío Lloret

En el pueblo guaraní todo gira en torno a la comunidad. Si uno visita a los vecinos –con seis, siete o más hijos-, lo invitarán a sentarse debajo de un árbol de ramas largas, que es el sitio de reuniones que tiene cada casa. Allí las familias conversan, se sientan a comer, tomar mate, ven televisión o simplemente dormitan ante temperaturas de más de 35 grados en verano.

Bajo ese concepto, de unión, también se organiza el Arete Guasu. Las mujeres, divididas en grupos, se hacen cargo de la chicha, elaboración que demanda hasta tres días solo en la preparación. En tanto, los hombres hábiles con las manos hacen las máscaras; también están los que fabrican instrumentos.

Días antes del festejo, en los hogares se encontrará a niñas y adultas a cargo de la bebida de maíz, alimento base de esta cultura. Moler, tostar, sacar, moler otra vez, hervir, enfriar, volver a hervir, en todo eso consiste el preparado. Aunque esta es una labor femenina, los varones se encargan de traer y atizar las leñas, así como de ayudar en la cocción.

Una vez que se trae el Arete Guasu, que es como un llamado a los agüeros del más allá, todo el pueblo empieza a bailar detrás de ellos. El abrazo y la ronda –otra vez símbolo de la unión- son las características de esta danza de pasos cansinos. Para ese momento, ya en las casas designadas o de espera, las mujeres salen con grandes ollas de chicha lista para calmar la sed de los participantes. En ningún momento, aún a temperaturas sofocantes, ellos se sacan las máscaras, así que deben darse modos para beber el preparado.

El secreto de la grandeza

Gran parte del simbolismo de la fiesta se resume en el retorno de los antepasados para saludar a los presentes. Foto: Rocío Lloret

Kapeatindi busca preservar sus tradiciones y transmitirlas a las nuevas generaciones. Por eso los adultos ven con entusiasmo a niños y jóvenes que participan en el rol que les corresponde durante la organización. A la hora de salir a danzar, los chiquillos emulan a los mayores, hacen sus propias máscaras con retazos de cartón y se divierten con juegos típicos como el kusi kusi o el toro toro. En uno de ellos, los más pequeños se meten al barro para luego salir a untar a la gente que está en la fiesta. Quien no conoce la tradición corre; craso error, porque el chiquillo no se cansará hasta alcanzarlo y dejarle la “peste”.

Doña Felicia, una de las sabias de esta nación, dice en guaraní -idioma oficial de esta y otras comunidades- que ve con orgullo todo esto. Entre otras cosas, le conmueve el rol que ahora tiene la mujer respecto a décadas pasadas. En la organización social, por ejemplo, el capitán o mburuvicha es el líder de la comunidad y a su lado también hay una capitana. Ambos son elegidos por la gente, decisión basada en la experiencia y la capacidad para conducir a la gente.

Esto, acompañado por oenegés que ejecutan el mencionado proyecto desde diferentes aristas, ha permitido que las guaraníes puedan vender su producción, algo que antes era imposible, porque todo lo que hacían era para su familia. Así, en Charagua, a dos horas en vehículo desde Kapeatindi, se puede encontrar shampú de ñetira, un fruto con el que desde siempre lavaron su cabello, y también de sábila; remedios naturales para diferentes afecciones y tejidos de algodón hechos a mano, entre otros.

Heladia es la partera de la comunidad, también sabe de tejido y de elaboración de la chicha. Foto: Rocío Lloret

Los bolsos son piezas únicas con una característica especial, la cruz karapepo, que representa la tierra, el espacio y el espíritu. Los diseños aparecen en los sueños de sus creadoras, algo recurrente en los habitantes de este pueblo, que saben mediante ellos qué va a pasarles y si será bueno o malo, según explica Porfirio Segundo, médico naturista. Desde siempre, manos femeninas se encargaban de esto, desde el hilado del algodón, un conocimiento que pasó de generación en generación, según cuenta Heladia Cuéllar, la partera de la comunidad.

En casi todas las casas, las guaraníes conocen del arte de tejer, una cualidad heredada de sus abuelas. Foto: Rocío Lloret
La cruz que se ve en los bolsos es la característica principal de los tejidos. Foto: Doly Leytón

Volver al otro mundo

Ante el llamado con el instrumento de viento, la gente se va reuniendo mientras se espera a los agüeros. Foto: Rocío Lloret

Tras tres días de fiesta y comida en ollas comunitarias, la última jornada es para limpiarse, renovarse, sacarse el barro de encima. El río Parapetí, aquel del que salen los peces para alimentar a la gente, es el escenario para que todos los participantes se bañen y saquen todo lo malo.

Dicen que cuando uno asiste al Arete Guasu y no se queda hasta el final, puede enfermar, porque no ha estado presente para que los antepasados vuelvan a su mundo.

Con el mismo baile, la misma música y el mismo son, pasado el mediodía todos se dirigen hacia las aguas. Allí cada quien volverá a su mundo, hasta el próximo año, donde habrá un nuevo reencuentro.


Podcast

Porfirio Segundo, un guaraní de Kapeatindi, cuenta el significado del Arete Guasu, la Fiesta Grande de esta cultura ancestral. Escúchalo ⤵⤵


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