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Texto: Rocío Lloret Céspedes / Fotos: Daniel Alarcón – David Grunbaum

“Queríamos dar testimonio de estos animales que habían sido rescatados, de sus miradas acusadoras que nos emplazaban a todos a actuar. Queríamos regalar las fotos, donarlas a todos aquellos que estaban trabajando (por ellos). Son imágenes abiertas a que todo el mundo las use, para sensibilizar a toda la sociedad de lo que estamos haciendo con nuestra fauna”.

De esa manera explica el fotógrafo de naturaleza, Daniel Alarcón, la decisión que tomó junto a su colega retratista, David Grunbaum, de visitar el refugio de animales, que se habilitó en agosto para atender a las especies víctimas de los incendios, en Aguas Calientes, Roboré.

En el lugar, donde ya conocían a muchos de los veterinarios, biólogos y voluntarios que estaban atendiendo a los individuos, aplicaron las técnicas que aprendieron en los últimos seis años, cuando emprendieron un ambicioso proyecto: retratar a todas las familias faunísticas bolivianas.

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Aquella idea, mostrar a estos seres como si estuvieran en un estudio fotográfico para captar su mirada, su expresión, su alma; originalmente surgió del famoso fotógrafo norteamericano Joel Sartore, cuyas imágenes ilustraron portadas de la revista National Geographic o fueron plasmadas en edificios de Naciones Unidas.

Tanto Daniel como David, amigos más allá de la profesión, emprendieron el mismo reto, que pronto será presentado en un libro, pero vieron en los incendios forestales en Bolivia, la oportunidad para mostrar a –quizá- las víctimas más afectadas por el fuego, ya que muchos no pudieron escapar ante las llamas o murieron sofocados por el humo.

El trabajo, que demandó un fin de semana de septiembre y otras visitas a los individuos trasladados a Santa Cruz de la Sierra en otras fechas, consistió no solo en conocer las historias de los animales, sino tener paciencia para no estresarlos, porque lo menos que necesitaban era que alguien los incomode.

Mientras, Raúl Rojas, responsable de Biodiversidad de la Gobernación de Santa Cruz; Cecilia Dorado, veterinaria de la misma institución; Mario Zambrana, biólogo del Zoológico Municipal de Santa Cruz de la Sierra; Daniela Vidal, bióloga de Play Land Park; además de otros veterinarios y voluntarios se encargaron de prestarles la atención necesaria.

Por el refugio pasaron casi 70 individuos de diferentes especies y unos 20 se quedaron al cuidado del personal técnico que contrataron los esposos Claudia Mostajo y José Sierra, propietarios del hotel Biotermal. Ellos cedieron el espacio necesario para habilitar el Centro de Rescate Para Víctimas de Incendios Biotermal. Actualmente, este lugar tiene una licencia de funcionamiento temporal, sin fecha tope, según explicó Rojas.

Aquí algunas imágenes logradas por los fotógrafos y sus respectivas historias, narradas por el responsable de Biodiversidad.

“Valentina”

Esta osa bandera (Myrmecophaga tridactyla) fue encontrada en el parque Otuquis y se la trasladó al refugio de Aguas Calientes. Tenía un cuadro de deshidratación e inanición agudo así como quemaduras de tercer grado en las cuatro patas. Se recupera en Play Land Park. Su especie está en riesgo de extinción. Actualmente se encuentra fuera de peligro, aunque las heridas de sus extremidades deben cerrar gradualmente. “Queremos que vuelva a su hábitat, creemos que es factible, por eso estamos acelerando los procesos de recuperación para que esté el menos tiempo posible con la gente y no se acostumbre al ser humano”, dijo Raúl Rojas.

 


“José”

Este loro (Amazons aestiva, Loro Gloria) fue encontrado en Roboré, en muy mal estado. En la foto se ve el ojo bueno, pero en realidad perdió el otro. Probablemente llegó al área urbana de dicho municipio huyendo de los incendios o del humo, porque así lo hicieron muchas aves. “Un problema que tuvimos fue que los animales llegaban huyendo a lugares poblados y en el afán de capturarlos para tenerlos como mascotas, la gente los golpeaba o les cortaba las alas”, explicó el biólogo. Por la lesión, los expertos creen que le dieron un golpe. José no podrá volver a su hábitat y actualmente se encuentra en el CAT (Centro de Acogida Temporal), dependiente de la Gobernación.

Chuvi

A esta ave se la conoce como chubi. Fue rescatada en la ciudad capital, víctima de los incendios, pero del área urbana. Por sus lesiones, los veterinarios dicen que cayó a un lugar donde había llamas y se quemó todas las plumas primarias de la cola y las alas. Tardará mucho tiempo en recuperarse. Se teme que no vuelva a volar.
A esta ave se la conoce como chuvi (Rupornis magnirostris). Fue rescatada en la ciudad capital, víctima de los incendios, pero del área urbana. Por sus lesiones, los veterinarios dicen que cayó a un lugar donde había llamas y se quemó todas las plumas primarias de la cola y las alas. Tardará mucho tiempo en recuperarse. Se teme que no vuelva a volar.

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Águila tijera

A pesar de que no tenía directa relación con los incendios, se presume que chocó con un edificio. Actualmente está en el CAT.

Mono

Este mono (Allouata caraya) estaba en una casa de Roboré, como mascota. Se cree que su madre fue cazada y él quedó indefenso. En el domicilio donde lo tenían también había perros, por lo que lo atacaron. Pese a que se le prestó atención, no pudo recuperarse y, lastimosamente, falleció.

“Josesano”

Este corechi (Tolypeutes matacus) lleva ese nombre porque se lo encontró en San José de Chiquitos. Tiene un problema en los ojos, que probablemente se le quemaron o el fuego, o las cenizas le provocaron una infección e inflamación. Fue trasladado al Refugio Temporal de Animales Silvestres de Roboré y su especie está amenazada por la deforestación y la cacería.

“Chiqui”

Es el primer chanchito de monte bebé rescatado. Estaba cerca de un cuerpo, que se presume era su madre muerta. Hoy en día está bien, pero como él, se rescató siete crías del mismo tamaño. “Esos son casos bastante particulares porque, parece ser, que en las estampidas de huida (del fuego), los chanchitos quedan abandonados. Ninguno podrá volver a su hábitat, porque al atenderlos, los humanos se convirtieron en su imagen materna. El fotógrafo Daniel Alarcón contó que caminaban detrás de las personas pensando que alguna era su mamá.

Tejón

Este tejón (Nasua nasua) estaba en Taperas (San José), como mascota de una familia. Una denuncia alertó a los responsables de Biodiversidad, quienes lo llevaron al refugio Biotermal. El animal nunca más volverá a su hábitat.

“Kaa”

Esta boa constrictora estaba en la casa de un barrio de las afueras de Roboré. Se refugió en un techo, probablemente huyendo de los incendios. Luego de hidratarla y hacer que suba su peso, porque estaba bajo, fue devuelta sana y salva a la reserva del Valle de Tucabaca. “Su vida estaba amenazada por su cercanía con la civilización”, dijo Rojas. Fue devuelta rápidamente a su medio de vida, porque cuanto menor es el tiempo de contacto de una especie con el ser humano, mayores probabilidades tiene de readaptarse con éxito a su entorno natural.

“Cochi”

Este peji pertenece a la familia de los corechis (Chaetopractus villosus), pero de otra especie. Fue encontrado por los bomberos escapando de los incendios. Por suerte no tenía ningún tipo de lesión y estaba con buen peso. Fue devuelto a su hábitat y permaneció poco tiempo en el refugio.

Halcón

Este halcón también fue devuelto a vida silvestre. Estaba muy deshidratado, pero se recuperó durante diez días.

Loro silbador

Este loro (Pionus maximiliani, Loro Silbador), fue encontrado en Roboré. Cuando lo rescataron, tenía una doble fractura expuesta en un ala. Fue sometido a una operación y se le hizo un implante metálico. Por suerte sobrevivió, aunque nunca podrá volver a volar.

Pichones

Estos loritos (Inmaduros de Brotogeris chiriri, Catita Aliamarilla) fueron recuperados en Roboré. Personal de Biodiversidad los decomisó a una persona ayorea que los trataba de comercializar. Ellos permanecen en el refugio de Aguas Calientes.

Tucán

Ese tucán (Ramphastos toco) huyó del humo como otros tres que se recibieron en el refugio. “Parece que son muy sensibles al humo”, explicó Rojas.

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