sábado, noviembre 26, 2022
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Turismo comunitario en áreas protegidas: ¿es posible hacer frente al extractivismo?

La “Cumbre Nacional de Ecoturismo en Áreas Protegidas Torotoro 2022” permitió analizar el éxito de emprendimientos de turismo comunitario en dos Parques Nacionales. La alianza entre el sector privado, Estado y poblaciones es una de las claves para lograr sostenibilidad y una herramienta contra la minería ilegal, incendios y deforestación, entre otros.

El Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Secure (Tipnis), ubicado al pie de la Serranía de Sejeruma, entre Cochabamba y Beni, es hogar de los pueblos indígenas yuracaré, tsimane y moxeño trinitario. Alberga en sus bosques más de 850 especies de vertebrados y unas 2.500 especies de plantas. Sobre este tesoro natural, al igual que en otras áreas protegidas de Bolivia, pesan graves amenazas como la deforestación y asentamientos irregulares, entre otras. 

Pese a las adversidades, desde hace 13 años se mantiene en pie uno de los proyectos de turismo comunitario más exitoso del país. Se trata del proyecto “Tsimane una iniciativa de la empresa privada Untamed Angling (Pesca Salvaje), que trabaja en conjunto con la Asociación Indígena Comunitaria  de Alto Secure, conformada por cinco comunidades indígenas, y en coordinación con el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap). 

Situado a 470 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, al noroeste del parque nacional, la iniciativa tiene como principal atractivo la pesca con devolución de enormes peces de la especie dorado (Salminus brasiliensis), además de pacúes y yatoranas. La actividad de tres días atrae a turistas extranjeros con alto poder adquisitivo.  

La pesca con devolución es parte de las actividades del proyecto turístico «Tsimane», en el Tipnis. Foto: Daniel Coimbra

En este lugar nacen ríos importantes como el Secure (afluente del Isiboro y de la cuenca del Mamoré), muy atractivo para la pesca con mosca.  Además de los recorridos por los ríos y selva casi virgen, los huéspedes disfrutan de un servicio de lujo en lodges ubicados en medio de la naturaleza, en los campamentos Agua Negra, Pluma y Sécure.  

“La conservación es un componente crucial de nuestro trabajo. El proyecto Tsimane ayuda a proteger una gran porción de bosque muy especial: un área de transición de la cuenca del Amazonas a las montañas; una zona frágil y rica en biodiversidad de especies vegetales y animales por igual”, contó Marcelo Pérez, ideólogo del proyecto, durante la “Cumbre Nacional de Ecoturismo en Áreas Protegidas Torotoro 2022”, que se realizó en dicho municipio del 6  al 8 de octubre de este año.

Gracias a este proyecto el Tipnis tiene el Sistema de Cobro (Sisco) más alto de todas las áreas protegidas: 120 dólares por cada turista que ingresa. Así, por cada temporada el Sernap recauda unos 380.500 bolivianos (54.827, dólares) y se benefician 30 comunidades con un ingreso aproximado de  un millón y medio de bolivianos (216 mil dólares), por los diferentes servicios que recibe el visitante.

En el tema ambiental, gracias a dichos ingresos, se construyeron tres campamentos para guardaparques y cuatro puestos de control para monitoreo. También se financia la contratación de guardaterritorios, que son gente de las mismas comunidades indígenas, quienes apoyan a los guardaparques en la labor de cuidar los bosques del Tipnis.  También se cumplen todas las normas ambientales y desarrollan buenas prácticas como la selección de residuos, para que la actividad turística no tenga impacto sobre la naturaleza. Este proyecto permite también la práctica de estudios científicos para trabajar en la conservación del dorado. 

Una alternativa sostenible

El principal mercado para esta actividad está en el extranjero. Turistas especializados en pesca deportiva son los principales visitantes. Foto: Daniel Coimbra

De más de 60 áreas protegidas, nacionales, departamentales y municipales, 22 Parques Nacionales representan el 16% del territorio boliviano. Se trata de reservas naturales que proveen agua, alimento y hogar a millones de habitantes, las cuales están amenazadas por minería ilegal, deforestación, incendios, cacería, narcotráfico y asentamientos irregulares, entre otros.

Ruth Suxo, responsable de Turismo y Patrimonio Cultural del Sernap, dice a La Región que en Bolivia existen al menos 60 proyectos de turismo comunitario, entre hospedajes, senderos, gastronomía y venta de artesanías. Pero el “ejemplo estrella” de una iniciativa de turismo sustentable es el que se desarrolla en el Tipnis. 

“El involucramiento de la comunidad en este proyecto ha sido vital porque han frenado la deforestación de los bosques y la depredación de la especie el dorado. Dentro de la actividad, los turistas pescan sin lastimar a los ejemplares, se toman unas fotos y devuelven al río. Gracias a la técnica de pesca que se emplea, no se daña al pez”, asegura.

Actualmente los comunarios trabajan en el proyecto que permite cuidar su territorio. Foto: Daniel Coimbra

Para Marcelo Pérez, el éxito de “Tsimane” es reconocer el medio ambiente y las comunidades locales como pilares fundamentales, viendo la actividad como una herramienta de conservación del área protegida, más allá de lo económico. Para ello se realiza una distribución de los recursos que se genera en cada temporada, de abril a octubre. Además se cumple normas nacionales e internacionales tanto en lo ambiental como en lo legal e impositivo.

Este proyecto repele las actividades ilegales en esta zona puesto que los comunarios son celosos de sus bosques y ríos. Las 30 comunidades beneficiadas estás conscientes de que mientras sus ríos y bosques se mantengan, la actividad turística subsistirá. “Este año queremos ampliar la iniciativa hacia la zona sud”, anticipa Pérez.

“Chalalán”, el hito

Parque Nacional Madidi. Foto: Marcelo Arze.

Otro parque nacional azotado por las actividades ilegales como la deforestación y los avasallamientos, pero en especial la minería, es el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi, ubicado entre las provincias Abel Iturralde y Franz Tamayo, al noroeste de La Paz. Catalogado como el área más biodiversa del mundo, es el hogar de unas dos mil especies de vertebrados y alrededor del 60% de la flora boliviana. En plena Amazonia boliviana, allí también hay comunidades indígenas que asumen un rol relevante en la lucha por la conservación.

Durante el encuentro en Torotoro, también se presentó la experiencia de las comunidades de esta zona. En el corazón de esta área protegida, hace dos décadas años se fundó “Chalalán” el primer proyecto de turismo comunitario de Latinoamérica; emprendimiento que dio pie a muchos otros en la zona y que ha sido un ejemplo para comunidades que viven dentro de reservas naturales del país. 

Se trata de un albergue ecológico ubicado en el corazón del Madidi, a cinco horas en bote de la TCO San José de Uchupiamonas, a la que se llega por Rurrenabaque, en Beni. Allí es posible realizar talleres, eventos y expediciones científicas, observación de aves, de hongos, anfibios o simplemente relajarse en un entorno natural. 

Las cabañas están construidas al estilo tradicional del pueblo indígena Tacana, con techos de jatata (Geonoma deversa) y paredes de chonta (Iriartea deltoidea), equipada con mosquiteros, baños privados, con un sistema de energía solar que alimenta a todo el albergue y agua caliente termosolar.

El emprendimiento Chalalá permite generar fuentes de empleo a los comunarios de la zona. Foto: Marcelo Arze

Jhorlan Laura Mamami, presidente del directorio de Chalalán, explica que los guías locales están capacitados para brindar paseos de interpretación ambiental por senderos en medio del bosque, además de recorridos en canoa de remo por la laguna. El dirigente afirma que este emprendimiento contribuye la conservación de la biodiversidad y a la economía del pueblo indígena de San José de Uchupiamonas, propietario del albergue. 

 “Vamos siempre apostando por  la conservación, es una lucha constante porque existen muchas amenazas al área protegida. Actualmente hay una polémica muy grande que es la minería que se están asentando por río arriba del río Tuhichi, influenciando a toda la población. Una de las amenazas más grandes es esa. Pero como población aún estamos en contra, aunque hay un grupo a favor, es un tema muy delicado”, asegura.

Pese a todas las amenazas y el golpe casi mortal que dio la pandemia por la Covid 19 al sector del turismo, el dirigente afirma que tras 20 años, el emprendimiento sigue en pie. Entre agosto y septiembre de este año recibieron 70 turistas, ingresos que serán invertidos en la refacción de las cabañas que se fueron deteriorando durante la pandemia. 

Elio Valdez Amutari, representante, de la Asociación Comunitaria de Emprendimientos de Turismo Responsable – Uchupiamonas, recuerda que antes de 1999, los comunarios solo realizaban actividades de subsistencia como la cacería, pesca y agricultura, pero el turismo les ha permitido generar recursos para mejorar su calidad de vida. “Hemos elegido una actividad alternativa a la extractivista, una actividad que va de la mano con la protección y conservación de nuestros recursos naturales, de nuestra cultura. En este trabajo se involucra a todas las familias”, dice. 

Con Chalalán como ejemplo, a lo largo de los años se han conformado emprendimientos de ecoturismo comunitario (conformados por familias en comunidades) y de base comunitaria (iniciativas individuales) liderados por miembros del Pueblo Indígena de San José de Uchupiamonas y otras de la zona. Estos son los que conforman hoy en día la asociación: Albergue Ecológico Chalalán, Berraco del Madidi, Sadiri Lodge, Yuruma Journeys, Santa Rosa del Madidi, Madidi Jungle, Corazón del Madidi.

“Nuestro principal objetivo es proteger el territorio indígena de San José de Uchupiamonas y el Parque Nacional Madidi a través del ecoturismo comunitario. Para nosotros es muy importante que se pueda difundir y visibilizar el trabajo que venimos realizando, principalmente en el Madidi donde están latentes las amenazas y no solo para nuestra naturaleza y territorio sino para quienes estamos involucrados en los emprendimientos”, dice Valdez. 

Para Ruth Suxo el turismo es la única actividad que va a permitir generar beneficios económicos a su vez que aporta a la sostenibilidad de las áreas protegidas, porque las comunidades se convierten en las protectoras de los recursos de estas áreas, tanto en lo cultural como en lo natural. “

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En ambos ejemplos –“Tsimane” y Chalalán- parte del éxito tiene que ver con las alianzas entre organizaciones comunales, instituciones públicas y privadas. “Ahora se ha aprendido a trabajar con alianzas y de la mano con el privado, porque la comunidad tiene el emprendimiento pero necesitan una operadora, alguien que les haga llegar a los turistas. Ellos solitos no lo van a hacer”, dice Suxo. 

Marcelo Arze, experto en turismo sostenible, ve que la actividad turística genera una valorización del patrimonio natural, asociada al aprovechamiento sostenible de esos recursos naturales. 

En ese contexto, el turismo es uno de los ejes de la conservación del patrimonio natural porque permite la distribución de recursos económicos entre todos los involucrados. 

Si se compara la llamada “industria sin chimenea” con la actividad de la minería ilegal u otras que se realizan en áreas protegidas, tenemos que en ellas hay explotación laboral, es una actividad que no genera ingresos al Estado y propicia la destrucción de territorios indígenas. En tanto que el turismo, en este caso el comunitario, permite mover la economía de forma más equitativa, brinda seguridad laboral y con los emprendimientos se desarrollan negocios formales que aportan al Estado. 

Arze menciona como ejemplo de resistencia comunidades del Tipnis y del Madidi, en Beni y La Paz, entre ellas Rurrenabaque, San Miguel del Bala, San José de Uchupiamona, Mapajo y Pilón Lajas, entre otros. 

“Todos ellos han conformado un comité de defensa de la región y  están siendo encabezados por líderes indígenas que están trabajando en turismo comunitario y que encuentran que su propia forma de vida implica la conservación de la naturaleza. En este caso, áreas protegidas, se ven amenazadas por actividades extractivitas que son depredadoras, altamente contaminantes, generan impactos inducidos en el tiempo que son terribles. Entonces, se han comprometido en este esfuerzo”.

Así, el experto advierte un futuro promisorio si se sigue por esta senda, ya que hay factores que hacen que las comunidades se conviertan en conservacionistas y en defensoras acérrimas de su territorio, y todas ellas están relacionadas con los beneficios del aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.