miércoles, noviembre 30, 2022
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¿Por qué el aviturismo es una estrategia de conservación que deja buenas ganancias a las comunidades?

Bolivia es el sexto país del planeta con mayor diversidad de aves. De ellas, 17 especies solo habitan en este territorio. Existe un grupo de turistas especializado, con alto poder adquisitivo, dispuestos a pagar altos costos para ver especies vulnerables en estado natural.

Observar aves requiere paciencia. La capacidad de quedarse inmóvil y en silencio por varias horas. Contar con binoculares o prismáticos, un equipo de fotografía de alto costo y, sobre todo, tener esa capacidad de asombro frente a la belleza natural que ofrecen los pájaros. Es, como dicen los expertos, una actividad especializada.

Países como Colombia, Ecuador y Perú, en la región, han desarrollado el aviturismo como una industria que mueve mucho dinero, ya que hay un nicho de gente dispuesta a pagar lo que sea necesario para poder observar aves en su estado natural. 

En el documentoEstrategia para que levante vuelo el aviturismo en el corredor Madidi-Pilón Lajas-Cotapata”, elaborado por la Asociación Civil Armonía, se lee que Bolivia es el sexto país del planeta con mayor diversidad de aves. De ellas, 17 son endémicas, lo que significa que solo habitan en territorio nacional y se encuentran en sitios de alta biodiversidad que están “en un relativo buen estado de conservación”.

Palkachupa cotinga. Foto: Steve Huggins

De hecho, en el país hay experiencias exitosas al respecto, pero que demoraron más de diez años en consolidarse, porque se trata de una industria que, al ser de alto costo, requiere un gran compromiso y estándares de calidad internacionales. Ello significa que la inversión no solo es económica, sino también en recursos humanos, lo cual implica la colaboración conjunta entre gobiernos (nacional, departamental y municipales), comunidades indígenas y campesinas, empresa privada, y todos aquellos actores que estén dispuestos a encaminarse hacia el éxito.

Los resultados, que no son inmediatos, pueden alcanzar ingresos iguales o mayores a los del petróleo, por ejemplo, dice Iván Pérez Hurtado, director administrativo de Armonía. Así, en el caso del documento citado, se menciona beneficios socioeconómicos directos entre Bs 5,7 millones y 8,6, en un período de diez años. De manera indirecta, el efecto multiplicador varía entre Bs 24,4 millones y Bs 36,6 millones. “Estos beneficios están estimados para una población de 100.500 habitantes, repartidos principalmente en La Paz, Coroico, Sorata y Apolo”, aclara el estudio.

Las experiencias locales

En Omereque, las comunidades de San Carlos, Perereta y Amaya administran el albergue

En Bolivia hay experiencias que muestran cómo el aviturismo puede convertirse en una herramienta de conservación, que involucra a las comunidades y les genera recursos. Una de ellas es la Reserva Natural Paraba Frente Roja, ubicada en el municipio cochabambino de Omereque. Allí, las comunidades de San Carlos, Perereta y Amaya administran el albergue con capacidad para recibir a 14 personas, que llegan para observar a una de las aves más amenazada del país: la Paraba frente roja (Ara rubrogenys), categorizada como “en peligro crítico de extinción”.

Guido Saldaña, coordinador del Programa de conservación de esta especie en Armonía, cuenta que les llevó entre 12 y 15 años lograr que la gente del lugar vea al ave como una aliada y no así como una plaga. 

“Especialmente en la zona de los valles (cruceños), la veían como una plaga, porque evidentemente (las parabas) atacaban sus cultivos de maíz. Al ver esto, nosotros pensábamos cómo cambiar eso y ahí empezamos a trabajar con proyectos productivos e impulsando el ecoturismo comunitario”, cuenta. 

Fue así que nació la iniciativa de impulsar el aviturismo como estrategia de conservación y para mejorar la calidad de vida de los habitantes de Omereque. Sin embargo, fueron varios años de trabajo, porque la especie tiene conflictos con el ser humano, y eso alimentaba el tráfico de ejemplares; una de las amenazas más fuertes en la década pasada.

“Yo siempre digo que Armonía no es una institución especializada en ecoturismo, pero hemos ido aprendiendo. Sabemos que hay pobreza donde la gente convive con la especie, entonces dijimos, busquemos alternativas para largo tiempo”.

La fórmula económica

El aviturismo es una actividad e alto costo. En Bolivia el potencial para este rubro es alto. Foto: Fundación Armonía.

La estrategia básicamente consiste en que las comunidades reciban los ingresos por aviturismo y ecoturismo que llegan por la reserva, para que cuiden el recurso turístico; en este caso, las parabas.

“En términos de sostenibilidad y como son las comunidades que van a recibir ingresos, se genera también trabajo de cocina, limpieza y guiaje”, explica Pérez.

Se estima que, en promedio, un turista extranjero gasta en Bolivia alrededor de $us 80 por día, mientras que un aviturista, poco menos de 400 dólares. Esto porque se trata de un segmento con alto poder adquisitivo, que requiere una atención de alta calidad.

Eso implica que el público objetivo es extranjero, lo cual no significa que sea exclusivo. Por ejemplo, en feriados largos, Armonía promueve la llegada de turistas nacionales que, por Bs 500 o 600 por persona, puedan gozar del paquete que se ofrece a los foráneos: tres días y dos noches, con todo pagado. El detalle es que la respuesta no siempre es la esperada, porque para poder cubrir los costos, se requiere la ocupación de las 14 camas disponibles.

La reflexión entonces es: si un turista nacional está dispuesto a pagar altos costos para vacacionar en destinos internacionales, ¿por qué no apuesta por la conservación y el apoyo a las comunidades locales?

Un largo camino por recorrer

Los comunarios donde se desarrolla el proyecto de aviturismo aprendieron a convivir en armonía con las parabas, que se han vuelto en parte indispensable de sus atractivos turísticos. Foto: Fundación Armonía.

Para Saldaña, después de muchos años de trabajo en coordinación con la gente del lugar, hoy en día es posible hablar de un cambio de visión. “Ya no nos dicen, esa paraba es una plaga, no la queremos porque se come nuestro maíz. Hoy en día la misma gente nos dice: ‘vemos poca paraba, ¿qué estará pasando, qué hacemos?”.

Pese a ello, el tráfico de especies sigue siendo una amenaza, porque el área de distribución de la especie es amplio: Santa Cruz, Cochabamba, Chuquisaca. Pero hay otra amenaza, quizá mucho más preocupante, ya que todavía se estudia estrategias para mitigarlo, y es la degradación del hábitat de la paraba.

“Estamos trabajando con planes de restauración junto a los municipios, comunidades locales para tratar de ayudar, porque estos hábitats (lugares) que antes eran la vida de esta especie, donde podía encontrar alimento natural suficiente para sobrevivir, están cada vez más deteriorados. La falta de lluvia es terrible, el cambio climático en la zona de los valles está afectando fuertemente, y eso intensifica el conflicto entre fauna y ser humano”, lamenta Saldaña, especialista en ornitología.

Frente a esto, el aviturismo es una estrategia importante, pero si bien se eligió Omereque para impulsarlo, urge enfocarse en otros sitios como Comarapa (Santa Cruz), donde también se está trabajando en ecoturismo, pero desde otra perspectiva. “Porque no es que deberíamos hacer diez albergues a lo largo de la distribución de la paraba, porque esto generaría competencia entre los propios emprendimientos, pero sí analizar alternativas amigables con el entorno, que generen una relación armónica entre humanos que habitan con la paraba frente roja”.

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