Cada cinco años, Bolivia y los países firmantes del Acuerdo de París —un tratado que busca combatir el cambio climático— presentan un plan de acciones que tomarán para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero; aquellos gases que calientan el planeta. Este documento, que técnicamente se denomina Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC por su sigla en inglés) ha sido presentado en su tercera versión en septiembre pasado por el Estado boliviano bajo el denominativo de “3.0”.
Durante la reciente Conferencia de las Partes (COP 30), donde los países se reúnen anualmente para negociar y adoptar decisiones sobre el clima; Mauricio Fernández Mavrich, jefe de delegación de Bolivia, dijo a La Región que el documento de NDC de Bolivia “es bastante completo” y que la novedad fue la inclusión de metas para el sector de residuos, además de los anteriores como agropecuaria, agua y bosques, entre otros.
Aseguró que el país cumple sus compromisos de presentación de reportes, pero no así con metas como la de reducir la deforestación, como se había establecido en el anterior NDC.

Solo como dato, en 2024, Bolivia ocupó un alarmante segundo lugar en el mundo de pérdida de bosque primario, con 1,48 millones de hectáreas; tres veces más que en 2023, cuando llegó a medio millón de hectáreas. Con esta cifra, el país se ubica después de Brasil y encima del Congo, según hizo conocer Global Forest Watch en su informe anual.
Aunque los avances del cumplimiento de las NDC presentados hacen referencia a datos de 2022, esta información preocupa por el alto impacto y las medidas que toma el país para reducir dichas cifras.
Entre promesas y realidades
Carla Ledesma, exjefa de la Unidad Madre Tierra y Agua del Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia y negociadora en anteriores Conferencias de las Partes, explica a La Región los alcances de las nuevas NDC; los riesgos del camino que asume el nuevo gobierno en temas ambientales y por qué muchas veces no se logra financiamiento para enfrentar los retos climáticos.

La Región (L R) ¿Qué puede decir de los compromisos que asumió el Estado boliviano para el período 2026-2035, que se presentaron en septiembre pasado?
Carla Ledesma (C L) De acuerdo con el reporte, hay una meta que se ha cumplido al cien por ciento y diferentes niveles de avance como el sector energético. Pero, hay algunas metas que, en lugar de haber reducido, más bien han aumentado como la deforestación. En ese caso, en lugar de haber reducido al 80%, como se estableció en las NDC, en realidad la cifra aumentó. Y en el reporte, en lugar de aceptar que se ha retrocedido, se puso como cero avance, lo cual no es cierto, porque ahora para poder llegar a esa meta tenemos que hacer más esfuerzo que la línea base que estaba establecida.
L R ¿Cuándo se debe presentar un nuevo avance y qué se necesita para llegar a ese término?
C L Los informes de seguimiento a las NDC son bianuales, por lo que el siguiente se debe presentar en 2026. Para que pueda haber un avance, se va a requerir realmente mucho esfuerzo del Estado, sea cual fuere el Gobierno.
L R ¿Hay algún mecanismo de control para ello?
C L Los informes bianuales pasan por una revisión. Cada país puede designar expertos para que puedan hacer revisiones de los informes de otros países. Aunque no existe una penalidad para el incumplimiento de las NDC, este año la Corte Internacional de Justicia ha emitido un pronunciamiento, donde señala que estas contribuciones ya no son voluntarias como está establecida en la comisión, sino que deben ser de cumplimiento obligatorio.
No señala todavía las penalidades, pero es la primera vez que se ha pronunciado sobre el tema.
L R Durante los últimos años se ha defendido que el aporte de Bolivia en el tema de emisiones es muy bajo, ¿eso es así?
C L Como señala en su contribución nacionalmente determinada, el aporte de Bolivia a las emisiones es 0.28% de los gases efecto invernadero (gases contaminantes) a nivel global. O sea, si comparamos con las emisiones de otros países, obviamente no es un monto totalmente representativo. Sin embargo, el tema central es que la deforestación. Más allá de las emisiones de gases de efecto invernadero, la deforestación genera un impacto. Se produce un desequilibrio de la naturaleza. Por tanto, Bolivia debe evaluar su proyección de desarrollo, porque si no se toman acciones directas, vamos a vivir cada vez más situaciones como la tragedia de Samaipata, no hace mucho.
L R Por el discurso del gobierno de Rodrigo Paz, es evidente que se va a priorizar la producción dada la crisis económica. ¿Va a ser posible cumplir metas climáticas con ese panorama?
C L Parecería que estamos evaluando a corto plazo, pero no nos damos cuenta del impacto a largo plazo. Con la Amazonia, por ejemplo, estamos entrando a un punto de no retorno, es decir que ya no vamos a poder hacer ninguna acción y el costo que esto va a generar sobre nuestros propios territorios es mucho más alto que el que vamos a obtener ampliando la frontera agrícola.
De hecho, una de las debilidades que tenemos es que un grupo muy pequeño de gente maneja el tema de las NDC; conoce a detalle cada una de las metas, cómo se calcula, etcétera y el Estado necesita una validación con la sociedad civil, con las instituciones, incluso que trabajan en la temática para revisar si realmente lo que se estaba presentando es lo mejor.
L R ¿Cómo debería funcionar la presentación de los compromisos climáticos según su experiencia?
C L Hay mesas técnicas por cada uno de los sectores donde participan esencialmente instituciones del sector público, pero no ha habido una participación más activa de la sociedad civil en la revisión.
De la segunda versión a la tercera, por ejemplo, se aumentó de 32 metas a 36. De cuatro sectores que estratégicos —bosques, energía, agropecuario y recursos hídricos— ahora se han adicionado uno: residuos.
Cada meta tiene un porcentaje que va con aporte propio (supuestamente del Tesoro General de la Nación) y una parte que se llama “condicionada”, que tiene que venir en base al financiamiento internacional que se pueda recibir.
Pero ahí realmente está uno de los problemas que tenemos, porque en casi todas las metas, se ha aumentado el porcentaje de condicionamiento. Eso significa que algunas metas van a depender hasta en cien por ciento de la cooperación internacional y eso tampoco es correcto, porque el Estado tiene que empezar a darle mayores recursos y financiamiento a temas ambientales.
L R En la reciente COP se ha dejado claro que los mercados de carbono son vistos como una fuente de financiamiento para Bolivia. De hecho, ya hay comunidades indígenas y campesinas muy interesadas en ello.
C L Me da la impresión que hay un fuerte desconocimiento de lo que realmente es el mercado de carbono. Sé que ahora (en la COP30), la delegación boliviana participó activamente en esaa negociación, pero cuando uno puede realmente entender cómo funciona el tema, se da cuenta que esa negociación está totalmente bloqueada.
Funcionó en algún momento como una forma de hacer negocios a partir del cambio climático, cuando los países desarrollados tenían compromisos y los países en desarrollo no teníamos compromisos, pero ahora la situación es diferente. Primero, porque cada país determina lo que puede hacer, o sea, no le obligan a decir en cuánto puede reducir sus emisiones.
Por lo tanto, el nivel del precio de cada certificado de reducción de emisiones ha ido bajando. De hecho, en algún momento ha llegado hasta dos dólares por cada certificado. Pero para poder vender en ese precio, Bolivia tiene que hacer inversiones en cuanto al sistemas de monitoreo porque tiene que demostrar que realmente ha reducido esas emisiones de gases de efecto invernadero. También tiene que pagar a empresas certificadoras y cuando uno analiza si realmente esos costos se logran cubrir con el precio de lo que implica esto, estamos muchas veces en tela de juicio que eso suceda.
L R ¿Qué alternativa plantea entonces?
C L El enfoque de no mercado, que es lo que realmente se tiene como alternativa. Uno busca financiamientos para poder desarrollar acciones que nos permitan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Es decir que ese financiamiento es antes. Porque para poder reducir, por ejemplo, la deforestación, controlar incendios, ¿qué necesitamos? Dinero antes que se produzca todo ello.
En la Autoridad Plurinacional de la Madre Tierra con el apoyo de la Agencia de Francesa de Cooperación desarrollamos una estrategia de financiamiento para el sector bosque. Y lo que veíamos es que una de las razones por las cuales Bolivia no había accedido a esos recursos es porque no hemos presentado proyectos. Solamente se ha presentado un proyecto para poder desarrollar una acción, que la está haciendo la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).
Colombia, Brasil tienen una diversidad de proyectos y han recibido financiamiento. Entonces, el conflicto de Bolivia es que no desarrolla esos proyectos y una de las razones es porque no hay la permanencia requerida del personal con ítems, sino solamente consultores.
L R Finalmente, ¿en qué etapa está Bolivia en el tema de transición energética y o dejar los combustibles fósiles como el diésel y la gasolina, para usar otras fuentes de energía?
C L Lo que señalan la NDC es que Bolivia es víctima de una transición energética injusta, porque de ser un país exportador, ahora es un país importador de combustibles fósiles. Además, para poder adquirir esos combustibles, Bolivia se endeuda y esa visión por lo visto se va a seguir manteniendo con el nuevo gobierno, por lo menos por ahora.
Entonces, mientras todos los países están tendiendo a reducir los subsidios a combustibles fósiles, en Bolivia no se hace.
Ahora, cuando hablamos de un tema de transición energética, también hay un punto que se necesita evaluar. ¿En qué medida se puede exigir una transición energética cuando en algunos casos cuando todavía parte de la población boliviana no tiene acceso a electricidad?.
Por lo tanto, sí se debe cambiar el uso de combustibles fósiles hacia fuentes renovables, pero no no porque sea una obligación internacional o un compromiso internacional, sino que realmente la necesidad nos va a impulsar a tomar medidas en ese sentido. Descarga aquí los compromisos climáticos de Bolivia:










