Las regiones de Cerrado, Bosque Seco Chiquitano y Pantanal -en el Este de Santa Cruz- albergan alrededor de 19 cuevas en cuyo interior habitan especies de murciélagos. Estas cavernas están ubicadas en San Matías (2), Ascensión de Guarayos (1), San Ignacio de Velasco (1) Santiago de Chiquitos (3) Roboré (3) Puerto Suárez (1) y en la meseta de Huanchaca, Parque Noel Kempff Mercado (8), convirtiendo la zona en un lugar de importancia para la conservación de estos mamíferos.

En 2010, el biólogo Dennis Lizarro Zapata elaboró una tesis en base a la información recogida de cada uno de estos sitios. Entre los objetivos que había planteado estaba georreferenciar cada cueva y sus características, para saber si la fluctuación de temperatura y humedad en el interior permitía a estos animales elegir sitios que se ajusten a sus necesidades metabólicas o energéticas.

Natalus macrourus. Foto: Aidee Vargas

Hasta entonces, la gente que vive en comunidades que están en los alrededores de estas cuevas tenía conocimiento de su existencia, pero nunca se había hecho un estudio específico. A nivel Bolivia, se sabía de la existencia de este tipo de estructuras rocosas en Sorata (La Paz), el Parque Nacional Carrasco (Cochabamba) y Torotoro (Potosí). Pero del lado oriental puntualmente solo se tenía datos de las cuevas de Motacucito, cerca de Puerto Suárez.

Por eso, el Programa para la Conservación de Murciélagos de Bolivia (PCMB) se interesó en apoyar esta tesis. Gracias a ello, se logró medir la profundidad y altura de las estructuras rocosas. Asimismo, determinar su temperatura, humedad y el número de especies e individuos de murciélagos presentes.

Las cuevas de Santiago de Chiquitos

La cruz que dejó la familia de Miserendino, un ermitaño que vivió en este lugar durante muchos años.

Las Cuevas de Miserendino, en Santiago de Chiquitos (Roboré), están dentro de la Unidad de Conservación del Patrimonio Natural (UCPN) Tucabaca. Le deben el nombre a Juan Miserendino di Giorgio (1869-1931), un italiano que vivió en este lugar como ermitaño. De hecho, su familia puso una cruz en su honor, en 2006.

Para llegar a este sitio es necesario caminar ocho kilómetros desde Santiago. Un kilómetro más delante de la primera, donde se puede apreciar pinturas rupestres, está la caverna más grande, con una galería principal de 55 metros de largo, con una entrada de 2.5 metros de alto por dos de ancho. En el ingreso hay un agujero en el techo, de un diámetro de 1.40 metros, por donde ingresan rayos del sol, que iluminan un pequeño arroyo, que corre por un costado de la cueva. Apostados como guardianes en las alturas se encuentran vencejos (Chaetura meridionalis), aves ocasionalmente cavernícolas que emiten un grito agudo.

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Las pinturas rupestres, otra riqueza de la cueva que causa admiración entre los visitantes.

Posiblemente la longitud de esta estructura sea mayor, pero a medida que se avanza, el acceso es más difícil. La temperatura promedio adentro es de 24 grados centígrados y la humedad relativa en el ambiente es de 93%.

“En esta cueva hay solo una especie de murciélago, Natalus macrourus. Cuando hicimos el muestreo (2010), contabilizamos entre 25 y 30 individuos volando en todo el espacio. Entrando y saliendo de sectores de difícil acceso”, dice Lizarro.

El estado de conservación de esta especie está categorizado como “Vulnerable”, según el Libro Rojo de Vertebrados de Bolivia (2009) y únicamente está distribuida en la región amazónica de Sudamérica. Hasta 2014 su nombre era Natalus espiritosantensis, pero en 2014 cambiaron todos sus aspectos de conservación y su nombre por la antes mencionada.

Se trata de un animal pequeño, de orejas anchas color crema o negruzco, piel del rostro rosado pálido. Patas y cola largas, pelaje anaranjado pálido en el dorso y amarillo en la parte ventral. En Bolivia solo es conocido en el Bosque Seco Chiquitando, Pantanal y Cerrado de Santa Cruz. Se alimenta de insectos mientras está volando, con lo cual cumple un rol fundamental en el ecosistema. Es netamente cavernícola, lo que significa que prefiere las cuevas para descansar.

Las amenazas de las especies

Dadas sus características, la cueva de Miserendino es un Sitio Importante para la Conservación de los Murciélagos (SICOM), una categoría que otorga la Red Latinoamericana y del Caribe para la Conservación de Murciélagos (RELCOM).

Por ello, Lizarro ve importante maximizar el conocimiento de la biología de estos mamíferos, para trabajar mejor en preservarlos. “En general, se sabe muy poco de las especies de murciélagos, no solo de Bolivia sino del mundo, especialmente el uso de los refugios y su alimentación”, explica.

El biólogo Dennis Lizarro en una de las cuevas que estudió hace más de diez años.

De las más de casi 400 especies que existen en el trópico, solo unas cuantas han sido bien estudiadas. De la mayoría no hay información suficiente para determinar si sus poblaciones son estables o están disminuyendo.

En el caso de las cuevas que están en el Este de Santa Cruz, se han convertido en hábitats de extrema rareza y gran importancia para la región, porque albergan a estos individuos. De ahí que los incendios forestales, el vandalismo generado por turismo no controlado y otros factores, afectan a las poblaciones.

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“Al vivir en cuevas, estas especies se alimentan de insectos que vuelan alrededor. Cuando hay incendios, escasea la alimentación y eso afecta a la población. Además, hay que tomar en cuenta que, a nivel mundial, las cuevas se han identificado como hábitats globales clave para la conservación de especies y cualquier perturbación causada por humanos es perjudicial”, dice el biólogo.

En el caso particular de la Cueva de Miserendino, se evidenció vandalismo en los muros rocosos. El ruido que se genera al ingreso también perturba a los animales, al igual que la basura que se deja en el interior. Aunque no se conoce a cabalidad el tema de reproducción de Natalus macrourus, se cree que solo tiene una cría al año, la misma que va pegada al cuerpo de la madre, con lo cual, cualquier ruido puede hacer que esta se suelte, caiga y muera. “Eso disminuye la supervivencia y el posible abandono del refugio”, dice Lizarro.

Bajo su experiencia en el tema, el biólogo ve necesario cambiar la percepción de la gente frente a los murciélagos. Enfatizar en sus beneficios al ecosistema y la población. “Con todo este trabajo, el PCMB ha tratado de aportar elementos sólidos que ayuden al conocimiento de especies cavernícolas de murciélagos y requerimientos de refugio en zonas donde no se tenía registros de estas formaciones rocosas. Esto también se puede usar para actividades de educación, sitios turísticos, formación a niños y jóvenes, por ejemplo. Pero el trabajo debe ser constante, de monitoreo, de evaluación de la cueva, estado poblacional de la especie y ver el tema de concienciación para que la gente no bote basura ni genere perturbación de ruido y luz”.



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