Foto: Steffen Reichle

Rocío Lloret Céspedes

La diversidad de mamíferos que habitan el Chaco de Bolivia, Paraguay y Argentina se ha reducido, debido a la rápida deforestación y expansión de la caza. Jaguares, tapires, capibaras, venados de los pantanos y especies endémicas como el pecarí del chaco, o armadillos como el tatú bola, son algunos de los animales que viven en el considerado bosque seco tropical más grande del mundo y están amenazados.

La conclusión es parte de una investigación de científicos de la Universidad Humboldt de Berlín, liderada por el boliviano Alfredo Romero-Muñoz. La misma fue divulgada este 1 de diciembre y publicada en la revista Global Change Biology.

Durante el último año, el equipo de expertos utilizó un análisis satelital, elaborado en una investigación previa, para evaluar cómo la deforestación y el incremento de la cacería afectan a la diversidad de mamíferos.

Los resultados son más que preocupantes, porque el número de especies, la diversidad evolutiva y el rango de roles ecológicos disminuyeron en el Chaco durante los últimos 30 años.

“Cada especie representa una rama, ya sea más corta o más larga del árbol evolutivo de la vida. Una sola especie alberga una historia evolutiva que puede representar millones de años, por lo que si se extingue, podemos estar perdiendo, tres, cuatro, cinco, siete millones de años de evolución, que no vamos a poder recuperar”, explica Romero-Muñoz a La Región.

Los hallazgos

El puma concolor es otro mamífero que habita en el Gran Chaco, este fue captado en el Parque Nacional Kay Iya. Foto: Steffen Reichle

El estudio encontró que, “previsiblemente”, la destrucción del hábitat fue el principal causante de la disminución de la fauna. Aun en bosques con poca deforestación, la cacería tuvo un impacto importante. Entonces, en este tipo de estudios es importante considerar las dos amenazas, porque ello permite tener una idea más completa de todo el impacto que causa el ser humano sobre la biodiversidad.

“Si uno ve las imágenes satelitales, parecen bosques en buen estado de conservación, pero nuestros modelos y los mapas que hemos desarrollado, muestran que puede haber cacería alta, debido a que son sitios muy accesibles para la gente, ya que hay carreteras, pequeños poblados o pequeños asentamientos”, asegura el biólogo chuquisaqueño.

Su colega, Ana Benítez-López, de la Estación Biológica de Doñana en España, coincide en que estos resultados muestran la importancia de mirar más allá de la simple deforestación. “Conocer dónde son importantes estas diferentes amenazas puede ayudar a orientar las acciones de conservación”, recomienda.

La importancia

El bosque del Gran Chaco, donde se realizó esta investigación, es el bosque seco tropical más grande del mundo; abarca partes de Bolivia, Paraguay y Argentina. Sumada su extensión en los tres países cubre 1,1 millones de kilómetros cuadrados, el equivalente a poco más del territorio boliviano y tres veces la superficie de Alemania. En las últimas décadas, se ha convertido en uno de los lugares más rápidamente deforestados del mundo, ya que los árboles son talados para dar paso a estancias de ganado y plantaciones de soya.

En la Convención de la Biodiversidad, los tres países que abarcan esta ecorregión se comprometieron a conservar el 17 por ciento de la superficie de su territorio para la naturaleza. Sin embargo, los investigadores descubrieron que para conservar esa cifra de la tierra para cada aspecto de la diversidad (número de especies, diversidad de la historia evolutiva y diversidad de los roles ecológicos), se tendría que proteger el 23 por ciento de territorio.

“Esto porque con el 17 por ciento para cada aspecto de biodiversidad, se solapa bastante los otros aspectos, pero no completamente, por lo que añadiendo solo un seis por ciento más de protección podríamos conservar todos estos aspectos de acuerdo a las metas de conservación. Es una meta importante, porque ahorita el Chaco tiene muy baja protección, con solo el nueve por ciento de su área protegida”, asegura Romero-Muñoz.

En ese contexto, Tobias Kuemmerle de la Universidad Humboldt de Berlín, da a conocer que los mapas que se usaron para la investigación muestran dónde deberían implementarse las áreas protegidas para proteger a los mamíferos chaqueños en peligro, “antes de que sea demasiado tarde».

«Los mamíferos son vitales para mantener el ecosistema del bosque en equilibrio a través de sus roles en la dispersión de semillas, el pastoreo de plantas y la depredación de otros animales. Esta disminución de la diversidad es una tendencia preocupante que podría tener graves repercusiones para el bosque y las personas que dependen directa o indirectamente de él», refuerza el boliviano.

Nuevos retos

Una próxima evaluación que prevé realizar este equipo de científicos es el impacto del fuego sobre el Gran Chaco: su rol y cómo afecta a la biodiversidad. Aunque según Romero-Muñoz ya colegas suyos están trabajando en ello, en el caso de los investigadores de la Universidad Humboldt lo harían a grandes escalas, para analizar las cicatrices del fuego en base a imágenes satelitales.

En el actual trabajo no se tomó en cuenta este factor, porque los mapas datan de 2015, y fueron 2019 y 2020 los años en los que los incendios forestales alcanzaron diversas ecorregiones, entre ellas el Gran Chaco. Así, áreas protegidas como el Parque Nacional Kaa Iya del Gran Chaco y Ñembi Guasu, en Santa Cruz fueron alcanzados por las llamas.

“Hemos identificado al Parque Nacional Kaa Iya como importante y a Ñembi Guasu como un área con diversidad alta en las tres facetas: aspecto evolutivo, número de especies y de diversidad funcional. Pero esta área se ha quemado en grandes extensiones, incluso nuestros mapas, que son de 2015, ya están desactualizados debido al desastre ambiental de los fuegos”, lamenta.

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