Compartir sus tradiciones con los visitantes es parte de la oferta de turismo comunitario. Foto: Doly Leytón Arnez

Cuatro comunidades del municipio de Colcha K, en Potosí, buscan mejorar la calidad de vida de sus habitantes con tiendas de artesanías locales, restaurantes y rutas por senderos milenarios. Esta es una alternativa para quienes gustan de compartir con la gente del lugar más allá de tomarse una foto. Bienvenidos a los Pueblos Mágicos de Los Lípez.


Por Rocío Lloret Céspedes

En el amanecer altiplánico los tonos marrones y grises se funden con los rayos del sol. Carreteras infinitas se pierden en el horizonte, mientras una gallarda vicuña macho conduce a su pequeña manada a un costado de la vía. A lo lejos, en las faldas de los cerros, solitarias casitas de adobe parecen puestas como adornos. Así es el ingreso hacia el municipio de Colcha K, capital de la provincia Nor Lípez, en el sudoeste de Bolivia.

Es verano, época de lluvia, temporada alta de visitantes al Salar de Uyuni, colindante con Colcha K. En la pequeña terminal de buses de la ciudad de partida hacia ese mar blanco desierto, hombres y mujeres de rostro cobrizo, enfundados en chamarras y chalinas, ofrecen tours para conocer el mayor atractivo turístico de este país. En las calles aledañas, donde los buses llegan de madrugada, vehículos con doble tracción esperan con los motores encendidos, listos para iniciar la travesía por uno, dos o tres días, dependiendo la disponibilidad de tiempo de los visitantes.

La lluvia, aquella que para los turistas de este destino puede ser perjudicial porque provoca el cierre de ciertos accesos al Salar, es para los habitantes de los Pueblos Mágicos de Los Lípez una bendición, porque los motorizados deben desviarse hacia su territorio para poder acceder por otro tramo.

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La Ruta del Minero es una de las alternativas para conocer parte de los Pueblos Mágicos.

Precisamente pensando en ello, hace dos años nació un proyecto de parte de emprendedores de comunidades de Culpina K, San Cristóbal, Vila Vila y Río Grande (municipio de Colcha K) e impulsado por la Fundación Codespa, la Minera San Cristóbal y el Consejo Consultivo de Los Lípez.

Se trata de un tipo de turismo complementario al Salar, ya que puede realizarse antes de llegar a ese destino. Los citados sitios se han autodenominado Pueblos Mágicos, en alusión a que son guardianes del mayor desierto de sal y continuo del mundo, con una superficie de 10.582 kilómetros cuadrados.

Sabedores de que “competir” con eso no es factible, estos lugareños ofrecen circuitos turísticos alternativos, servicio de gastronomía típica y fusión, artesanías en base a fibra de camélidos, así como servicio de hospedaje y gastronomía. Pero lo más importante: la posibilidad de conocer a fondo la cultura de esta tierra, mediante la convivencia y práctica de tradiciones ancestrales.

La gastronomía se caracteriza por los preparados con productos locales como la quinua y carne de llama.

Una experiencia sin precedentes

El objetivo es mostrar sus actividades cotidianas para tener otra fuente de ingresos. De hacerlo sostenible económicamente, sería una experiencia única en el país, ya que se demostraría que con capacitación y esfuerzo, es posible dejar de depender de la minería, por ejemplo. Algo así como adelantarse al momento en que los recursos naturales no renovables de la zona –zinc, plomo y plata- se terminen.

Ovidia Ayala es una de las reposteras de Vila Vila, la comunidad situada a una hora de Uyuni, que se encarga de dotar masas y panes para los emprendimientos de las otras comunidades. Pequeña, de tez morena y manos regordetas, cuenta que estudió el arte de hornear en Tarija. Nacida en una zona cercana, proviene de una familia dedicada a la agricultura de la quinua, por lo que domina casi por instinto la utilidad de cada tipo del denominado “grano de oro de los incas”.

Luego de tomar cursos de repostería y aplicar su propia experiencia, es capaz de elaborar desde galletas hasta sofisticados postres con un sabor inigualable, pero sobre todo saludable y nutritivo, teniendo en cuenta las bondades de este alimento.

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Una calidad bienvenida reciben los turistas al llegar a Vila Vila.

Habitado por unas 500 personas, en este lugar donde sopla el viento y se levanta el polvo también hay una tienda donde las compañeras de Ovidia muestran piezas tejidas con lana de alpaca y vicuña. Aunque la competencia por la incursión del contrabando peruano de prendas es desleal, estas mujeres han logrado estampar su sello en sacos, gorros, chalinas, guantes y toda aquella prenda de lana para combatir las bajas temperaturas.

El traslado de un pueblo

En el museo del pueblo se puede apreciar una réplica en miniatura del pueblo en su primer lugar de fundación. Foto: Doly Leytón Arnez,

Más adelante está San Cristóbal, cuyo nombre se debe al Santo que según cuenta la leyenda llevó a un niño en hombros a través de un río y, al llegar, este le reveló que era Cristo. En 1999, la iglesia de piedra -considerada una de las más antiguas del altiplano boliviano porque data del Siglo XVIII- y la comunidad entera fueron trasladadas a 17 kilómetros de su lugar original, porque -sin saber la magnitud- el pueblo estaba asentado sobre una verdadera mina de plata.

En este lugar, de mayor tamaño y población que Vila Vila, se nota la pujanza procedente de la Minera San Cristóbal, actualmente subsidiaria de la Sumitomo Corporation, uno de los principales grupos industriales de Japón.

En el pueblo está el moderno Museo de la vida lipeña, quizá el único en el país que cuenta con audioguías en diferentes idiomas, para que el visitante vaya recorriendo las salas, en las que podrá encontrar no solo la historia antes mencionada del traslado, sino las variedades de quinua de la zona, así como sus utilidades.

Ataviada en un traje típico de la zona: vestido oscuro tejido con lanas de auquénidos, Nelly Quispe Colque cuenta que su vida, la de su familia y sus vecinos cambió cuando llegaron a proponerles mover su terruño.

Al principio, cuenta Alberto Colque, fue una decisión que demandó reuniones y discusiones, pero finalmente se decidió aceptar la propuesta, a sabiendas de que aun cuando quisieran, jamás podrían por sí mismos explotar el rico mineral. Actualmente la pujanza se nota hasta en sucursales bancarias y construcciones modernas.

La iglesia de San Cristóbal es uno de los principales atractivos del lugar.

La idea es que este lugar sea una pascana o sitio de descanso de los viajeros, quienes además pueden aprovechar de hacer pequeños tours de un día, por senderos que fueron abiertos por gente de antaño que vivía de la explotación de la plata, de manera precaria, por ejemplo.

Aquí también es posible degustar de un exquisito menú en base a carne de llama y quinua, ingredientes que no solo sirven para preparar platillos tradicionales como una sopa con piedra volcánica (k’ala pari), sino también comida fusión como una pizza de harina del grano de oro.

Para los amantes de la caminata

El mirador de cóndores permite apreciar el paisaje de este hermoso destino.

En los cerros de San Cristóbal, solo el vuelo de un alcamari o halcón rompe el silencio altiplánico. Cuenta Gonzalo Colque –uno de los mayores impulsores del proyecto y conocedor de la historia del lugar- que en estos ignotos parajes se exploraba en busca de plata y, prueba de ello, varias bocaminas quedaron como vestigios.

Desde arriba, del mirador de Hirucancha, el visitante puede ver a los cóndores altivos que llegan a descansar luego de largos viajes desde países vecinos como Chile. Esta vez no hubo suerte, pero sí hay épocas en los que ellos –cual reyes- desfilan por el lugar sin temor a nada.

Con unos buenos zapatos para trekking, recorrer estas tierras lleva incluso a apreciar a especies nativas y hierbas que otrora sirvieron para atizar las llamas de las fundidoras.

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Convivir para entender

Los visitantes comparten durante los rituales.

En Culpina K, otro “pueblo mágico”, ofrecen la posibilidad de participar del ritual del enfloramiento de las llamas, una fiesta que se prepara con una semana de anticipación, en la que las familias lipeñas celebran y marcan su ganado auquénido, deseándole prosperidad, salud, fertilidad y bienestar.

En la lógica, si los animales están bien, sus dueños estarán mejor, así que el ceremonial debe ser cumplido al pie de la letra. En esta ocasión, se eligió pompones celeste y blanco para colocárselos a las orejas de las llamas.

Acompañados de música autóctona, baile y mucha comida, los lugareños expresan su alegría y comparten lo que tienen, para que no les falte nada todo el año.

Como se ve, es posible realizar una o todas estas actividades antes de visitar el Salar de Uyuni o cuando se debe pasar la noche en las comunidades a la espera de poder ingresar al inmenso desierto blanco. Ello tampoco ha sido pasado por alto por los emprendedores, ya que no hace mucho en Culpina K se abrió el café ‘Uniko’, que ofrece la posibilidad de degustar los mejores granos provenientes de los Yungas de La Paz, en diferentes variedades.

Así, mientras el viajero aguarda o pernocta en este pueblito, puede calentarse en el frío atardecer altiplánico, en un lugar acogedor, con conexión libre a wifi. Vale la pena, ¿no?

Lo que debe saber antes de ir

Estos lugares se pueden conocer gracias a los operadores de turismo. Solo se debe pedir que incluyan alguno de los tours mencionados. Antes de ir es bueno que lleve sombrero, ropa abrigada o semiabrigada (según la época), protector solar, impermeable, zapatos con huella y las ganas de vivir una aventura diferente.


Conoce más de este emprendimiento turístico en su facebook o página web (Pueblos Mágicos )



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