Laura Pinedo y Winny Sejas durante las pruebas de la saponina. Foto: Cortesía Laura Pinedo.

En Bolivia por cada tonelada de quinua, se produce cinco por ciento de un residuo llamado saponina. Normalmente este se desecha a los ríos y mal gestionado, ocasiona contaminación. Sin embargo, tiene características similares al jabón y por sus propiedades, es una alternativa ecológica a los detergentes comunes. 

Entre 2019 y 2020,  Maria Laura Pinedo Maraz (28), ingeniería ambiental, Máster en ciencias ambientales, se dedicó estudiar este componente, que se ha convertido en un problema para los productores de quinua, debido a que el almacenarlo en depósitos o gestionarlo de forma adecuada, demanda un alto costo.  

Junto a sus colegas  Winny Sejas y Camila Ledezma, desarrolló una investigación que permitió ejecutar un emprendimiento que, además, busca cambiar la costumbre de usar detergentes dañinos y costosos. 

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“Siempre me interesó el tema de tratamiento de aguas, y vi que es muy complicado  y difícil tratar la espuma de las aguas residuales producidas por detergentes. Entonces viendo alternativas, pensé que en vez de tratar las aguas con componentes del champú, lavavajillas, y los productos de limpieza en general, sería mejor sustituir estos productos con otros más amigables con el medioambiente”, cuenta a La Región.

De ese modo, ella y su equipo comenzaron a estudiar el tema en un laboratorio artesanal instalado en un pequeño cuarto en la casa de Pinedo.

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Las investigadoras fueron galardonadas en un concurso de emprendimientos. En la foto María Laura Pinedo, Winny Sejas, Camila Ledezma y Lucia Calla.

Durante ocho meses realizaron pruebas hasta que en 2020 lanzaron la línea de productos de limpieza Sumay. 

Para Laura, lo más complicado fue hacer entender que no se trata solo de un emprendimiento de producción artesanal, sino de un estudio que pretende continuar para que la saponina sea utilizada como materia prima a gran escala por otras empresas, y no sea un contaminante más.

 “Actualmente lo estamos llevando como un emprendimiento artesanal, pequeño, pero mi principal visión es continuar con esta investigación para poder proveer esta saponina como un insumo para que otras empresas puedan utilizarla. No monopolizar sino distribuir, por ejemplo, a otras chicas expertas en cosmetología. Que esté disponible para todos”, asegura. 

Recientemente estas jóvenes recibieron el apoyo de la Universidad Católica, gracias a un reconocimiento a su investigación. Esto les permitirá continuar con sus estudios científicos y desarrollar más productos en los ambientes adecuados para ello. 

“Cómo gestionar la saponina, considerada un desecho industrial, es un gran problema medioambiental del que no se habla mucho. Allí está el mayor plus de nuestra investigación: apoyar esto y aportar para que la producción de quinua se realice enfocada desde un punto de vista de la economía circular”.

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