Tatiana Vargas (derecha) junto con una de las voluntarias durante el trabajo de monitoreo en el río Rocha.

Cuando en 2018 la Gobernación de Cochabamba lanzó la campaña “Dar la cara por el río Rocha”, en busca de recuperar ese afluente severamente contaminado e involucrar en ese objetivo a la ciudadanía; Andrea Tatiana Vargas (31), fue una de las cientos de personas que respondió al llamado. 

Esta ingeniería ambiental dedicada a la  investigación, cambio climático y educación ambiental, formó parte del equipo de la Fundación Gaia Pacha como investigadora de un proyecto inédito que llamó a la población a ser parte del equipo de estudio. 

La iniciativa “Monitoreo y evaluación biológica con participación ciudadana del río Rocha”, se desarrolló entre 2018 y 2019, y estuvo enfocada en el monitoreo participativo, biológico de ese afluente que nace en la cordillera de Los Andes, al este de Sacaba, y que cruza el área urbana de Cochabamba. 

¿Por qué involucrar a la ciudadanía en la ciencia? Para la investigadora es importante porque permite que la gente conozca de primera mano lo que pasa en el río; lo que a su criterio, incide en el empoderamiento para impulsar acciones de cuidado. 

Si bien nosotros como investigadores conocemos el problema a fondo, también queremos que los ciudadanos y otros actores puedan ser parte de estos estudios, porque al final toda la información que se genere debe de ser de dominio público. Así  hay más respaldo en el pedido de acciones para solucionar problemas ambientales”, dice a La Región. 

Actualmente, Vargas cuenta que al menos cien personas, que se unieron al llamado de  Gaia Pacha, para apoyar en el estudio que buscaba conocer cuál era el grado de contaminación.  

Los monitores encargados de la parte biológica fueron capacitados para recolectar macroinvertebrados, unos organismos que viven en el agua y que de acuerdo con las diferentes familias que existen, permiten identificar el nivel de contaminación del río. Otros se encargaron de tomar muestras para el conteo físico químico, entre otros estudios.  El trabajo se realizó en tres puntos diferentes del afluente.

El resultado demostró que el río sigue siendo afectado por las descargas ilegales  domiciliarias y de empresas. El análisis biológico determinó, por ejemplo, que en la zona de Sacaba  y del puente Cobija, el grado de afectación es “crítico”. En tanto que en Colcapirhua, el estado está entre muy crítico a crítico. “Otros estudios mostraban que había plaguicidas y otro tipo de fertilizantes. Se encontraron metales pesados”. 

Los estudios más complejos los hicieron los expertos, en laboratorios. Aquí se involucró a instituciones como la Universidad Católica Boliviana y el  Centro de Comunicación y Desarrollo Andino. 

Si bien, se tenía conocimiento de la situación ambiental del río Rocha, para Adriana, involucrar a la ciudadanía ha despertado el interés en esta problemática.  “Es importante que los ciudadanos se involucren en este tipo de iniciativas, porque los datos generados pueden servir para realizar control social a nuestras autoridades, siempre impulsando el cuidado del medio ambiente. Y que más mujeres y niñas se animen a hacer investigación”.

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