viernes, septiembre 30, 2022
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“Tilín”, el mono que salvó una veterinaria antes de morir

La Región

“Tilín”, un mono capuchino (Sapajus sp) enfermo con tétanos, estuvo a punto de ser sometido a una eutanasia. Cuando unos vecinos de la zona norte de Santa Cruz de la Sierra lo entregaron al Centro de Atención y Derivación de Fauna Silvestres (CAT) de la Gobernación cruceña, estaba tan mal que no podía sujetar nada y la fiebre superaba los 40 grados.

Ese 24 de septiembre -recuerda Paola Montenegro- ella y todo el equipo de Biodiversidad se encontraba trabajando en el CAT pese al feriado departamental. Acababan de llegar de la zona de incendios en Guarayos y traían tres animales rescatados. “Desde el primer momento, la doctora Farell se hizo cargo de Tilín”, recuerda ahora la responsable del programa mencionado.

Ingrid Farell, a quien se refiere, era una de las veterinarias de Biodiversidad. El pasado 9 de octubre falleció en un accidente de tránsito cerca a Puerto Suárez, cuando el vehículo en el que viajaba junto a Montenegro, Delmar Melgar Colodro y Luis Ernesto Méndez, volcó. Todos ellos estaban por la zona de incendios, rastreando animales silvestres víctimas del fuego.

Antes de irse al que sería su último viaje, Farell dejó a “Tilín” fuera de peligro. Cecilia Dorado, su colega veterinaria, recuerda que, pese a que sabía que la atención que necesitaba el mono era “24/7”, decidió salvarlo. “Tenía espasmos musculares y el dolor era demasiado. No podía ni abrir la boca para comer, así que se le tenía que hacer una papilla para dársela por una sonda. La hidratación era vía oral y por suero”, cuenta.

“Tilín” y el recuerdo de su cuidadora

El mono ya puede ser derivado a un centro de custodia, pero en su caso es difícil porque las características de su especie.

Por los datos recolectados cuando los vecinos entregaron al primate, se supo que apareció una noche en una casa, temblando. Estaba adolorido, tenía poco movimiento y se esperaba lo peor. Por los síntomas y el laboratorio se supo que tenía tétanos, pero no se le detectó ninguna herida, por lo que se presume, pudo contraer la bacteria de una mascota.

Poco a poco y con la paciencia de un sabio, Farell sacó adelante al mono. De pronto empezó a tomar agua solo y a comer solo, los cuales ya eran síntoma de mejoría. “Él ahora está con nosotros en el CAT, terminó tratamiento y tiene una dieta adecuada para su especie, tamaño y temporada. Está totalmente recuperado, tiene mucho movimiento, activo como todo capuchino”, dice la veterinaria Cecilia Dorado.

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Actualmente “Tilín” está a punto de ser integrado al resto de primates que están en el centro de derivación departamental. Y es para sus compañeros, el gran recuerdo de dedicación y entrega que dejó Ingrid Farell.

“Ella se hizo cargo de Baguira (una cachorra de puma), de alrededor de 23 pichones que se alimentó dos semanas a mano y así de muchos animales. En realidad, la atención que se da en el CAT es una, pero adicionalmente cada uno de nosotros (el equipo de Biodiversidad) entrega el tiempo necesario, porque hay animales que necesitan atención 24/7 y nosotros lo realizamos muy aparte”, asegura Montenegro, responsable del programa.

Mascotismo y fuego

No se sabe con exactitud si “Tilín” escapó de alguna casa donde lo tenían como mascota. Pero en el CAT, el tráfico de animales silvestres con fines comerciales se ha convertido en un gran problema. Actualmente hay cerca de 200 individuos con los recientes decomisos que se hacen en ferias y mercados de la capital cruceña.

“La mayoría son aves y monos. Tengo 22 (aves) que estoy terminando de criar, llegaron 12 el jueves y hay como 35 de un decomiso anterior. Ese es el mayor problema que tenemos ahorita: animales que necesitan atención 24/7 en la alimentación, porque son pichones”, lamenta Montenegro.

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Oficialmente, el CAT de la Gobernación cruceña tiene tres personas a cargo, pero prácticamente todo el equipo de Biodiversidad debe apoyar, por la cantidad de individuos. Los neonatos -explica la experta, necesitan que alguien esté con ellos prácticamente las 24 horas.

Los incendios son otro factor que pone en riesgo a la fauna silvestre. En la reciente etapa que todavía atraviesa Santa Cruz, se atendió a 13 animales. El número es menor respecto a otros años, por el desplazamiento, explica Montenegro. “No olvidemos que de toda una abundancia de fauna que había en 2019, ahora son lugares que se han vuelto a ver afectados. Entonces la fauna empieza a desplazarse y a irse a otros lugares. Tal es así que en Ñembi Guasu no se encontraron animales para ser atendidos; tampoco en San Matías. Entonces eso nos complica un poco”, dice.

El cruel destino de las mascotas silvestres

El animal totalmente recuperado. Ahora solo se le debe hacer un último examen para darle el alta.

“Tilín” ya está listo para ser enviado a un centro de custodia, pero no podrá volver a su hábitat. Lamentablemente, con los monos capuchinos y Martín, ya no es fácil hacer esa derivación, porque los primates forman clanes familiares o gregarios. Entonces, cuando se quiere integrar un nuevo individuo, este puede sufrir agresiones.

“Los centros ya casi no nos reciben monos más que todo. Hace un mes derivamos a Tarija un clan que formamos nosotros, con 14 monos capuchinos para que formen un clan allá. Pero ahora otra vez tenemos siete rescatados: tres de ellos monos araña, y la situación es complicada. Hasta que encontremos un lugar, ‘Tilín’ estará en el CAT, porque está en observación”, afirma Paola Montenegro.

Pero más allá del estado de salud del animal, el tema de mascotismo condena a estos seres a vivir en lugares que no les corresponden. Solo en el CAT hay alrededor de 37 parabas (Ara ararauna), que no se pueden derivar porque los refugios privados tampoco tienen espacio. Ellas están en aviarios, así como 45 loros amazonas (Amazona amazónica) de otro decomiso.

Estas aves junto a monos como el capuchino o el martín son víctimas de personas que se dedican al comercio ilegal de fauna silvestre. Al respecto, la veterinaria Cecilia Dorado advierte que, así como “Tilín” pudo adquirir el tétanos por contacto con una mascota doméstica, también pudo transmitirlo al ser humano y viceversa.

Ahora verlo sano y jugando, como es característica de su especie, es el recuerdo que queda de su colega, Ingrid Farell. “Cualquier animalito que necesitara atención, día o noche, ella estaba disponible y lo hacía con mucho gusto”, dice.

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