miércoles, octubre 5, 2022
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Así es la primera especie de tajibo de Bolivia: Handroanthus abayoy

Allá por 1993 se colectó una planta en la zona de Roboré, al Este de Bolivia. En ese momento los investigadores la registraron de forma incorrecta con el nombre de una especie endémica de Brasil: Handroanthus selachidentatus.

Años más tarde, en 2009, un equipo liderado por el doctor en Botánica Daniel Villarroel, decidió estudiarla porque veía características diferentes al ejemplar del país vecino.

Luego de procesos y análisis se empezó a generar argumentos suficientes para proponer a la especie encontrada en Roboré como una nueva especie para la ciencia y elaborar su descripción.

Como corresponde en estos casos, el año pasado los estudios fueron enviados a la revista Phytotaxa, reconocida por el sistema de nomenclatura botánica, que define si la apreciación es válida o no para la comunidad científica.

Después de otro proceso, que implica la revisión de parte de otros especialistas, finalmente el pasado 20 de mayo el artículo fue aceptado y Bolivia registró a esta nueva especie como propia o endémica: Handroanthus abayoy.

Villarroel estuvo acompañado en este proceso por los biólogos Alexander Parada, Maira Martínez-Ugarteche y Bente Klitgaard. En entrevista telefónica con La Región, explicó que esta nueva especie tiene tres hojas y no cinco como la brasileña. Además, dichas hojas tienen una característica peculiar: no son completamente verdes, sino que tienen alta cantidad de una cera que las protege del sol. Esto porque la planta está sometida a altas temperaturas, como es el clima del bosque abayoy o bosque enano, en el sur de la Chiquitania.

El abayoy es un bosque «casi endémico» de Bolivia y es la zona de principal distribución de la especie.

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Asimismo, tiene la corteza gruesa, lo cual también la diferencia del tajibo morado. Los frutos son más pequeños, mientras que las semillas más grandes.

“Este tajibo tiene mucha capacidad de crecer dentro de zonas arenosas como el abayoy. Si bien también crece al pie de las serranías chiquitanas, como Roboré, San José, Pailón y toda esa zona, su hábitat más idóneo es el abayoy, donde prácticamente son pocas las especies que tienen esta capacidad de adaptarse y crecer tranquilamente en una zona donde la escasez de agua es severa”, dice Villarroel.

¿Cuál es su estado de conservación?

Las flores también tienen una diferencia técnica importante respecto a la especie de Brasil.

Actualmente Handroanthus abayoy fue propuesta para ser categorizada como “vulnerable”. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés) debe aceptarlo, ya que es otro proceso científico que se lleva adelante para eso.

Los argumentos son: su área de distribución, que es que bastante reducido a escala mundial; el cambio de uso de suelo, y los incendios forestales, entre otros factores que podrían afectar a la especie.

“Recientemente, cuando fuimos a hacer una prospección rápida en la zona, se pudo observar una rápida regeneración. Y esto es porque debido al viento, tiene una capacidad de dispersión y germinación amplia y rápida. Sin embargo, hace falta estudiar a mayor profundidad este aspecto. Hay bastante regeneración ahora, pero de ahí a que vaya a prosperar (cada ejemplar) es otra cosa”, explica Villarroel, quien actualmente se desempeña como subgerente de Investigación y Monitoreo de Ecosistemas de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

Este nuevo registro es parte del proyecto TeA, TIPAs en Acción “Improving indienous Bolivian Chiquitano people’s livelihoods throungh sustainable forest management”, ejecutado por la FAN, el Real Jardín Botánico de Kew y el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado de Santa Cruz.

“Esta especie es una de las otras que hemos ido publicando a lo largo de cuatro años. El año pasado salió el primer cuchi endémico, con área de distribución restringida a las serranías chiquitanas, lo cual es bastante llamativo, porque en la actualidad pocos árboles son descritos como nueva especie. Esto nos ha demostrado que hace mucha falta analizar nuestra biodiversidad desde el punto de vista de la taxonomía”, asegura Villarroel.

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