viernes, noviembre 25, 2022
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Jucumari, cóndores y janchicoco, la riqueza de El Palmar para apostar por el ecoturismo

Guardaparques, comunarios y guías tomaron la posta de la organización y construcción de puntos de avistamiento, albergues y otros sitios de interés turístico. Entre todos buscan el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad de una de las áreas protegidas menos conocidas de Bolivia.

 -¿Alguien quiere un poco de queso? —pregunta Emilio Escalante durante el almuerzo.

— ¿Queso de janchicoco? —retruca uno de los comensales.

La risa general da paso a otro chiste corto:

— Sí, solo falta que en la bandera del pueblo esté el janchicoco.

El janchicoco (Parajubaea torralyi ) es una especie de palmera que únicamente se distribuye en Bolivia. Sus frutos, del tamaño de media almendra, saben a coco. Además de ser el sustento de la microeconomía de comunidades que viven en el Área de Manejo Integral (ANMI) El Palmar de Chuquisaca, es un alimento preferido por el oso jucumari (Tremarctos ornatus), una de las especies de animales amenazadas de este territorio. Por eso, la gente del lugar lo aprecia tanto.

Por eso también surge la broma entre los 21 estudiantes de Ingeniería Ambiental de la Universidad Autónoma San Francisco Xavier, quienes horas antes hicieron una caminata hacia el bosque de la palmera (janchicoco), al interior del ANMI. Tomás Calahuma Arispe, jefe de protección del área, también sonríe y asiente, sabedor del valor de ese fruto, mientras Emilio —guía local que administra la posada para visitantes en la comunidad El Palmar — se une al momento jocoso.

Un guía local muestra a los turistas el bosque natural de palmeras en El Palmar. Foto: Gabriel Diez

Más allá del episodio de distensión, la riqueza natural y cultural del ANMI El Palmar es incalculable. Creada mediante decreto supremo del 20 de mayo de 1997, su fin es preservar los árboles de janchicoco, de cuyo fruto se benefician comunidades como El Palmar y Rodeo. A través de su procesamiento, los habitantes hacen refrescos, empanadas, sazonan llajuas (salsas de ajíes), elaboran alfajores, licor y galletas, y cuyas hojas y lianas ya secas y desprendidas del tronco, sirven para hacer artesanías y sogas.

Con el decreto de declaración de ANMI, también se buscaba proteger el hábitat del jucumari, el puma (Puma concolor), la paraba de frente roja (Ara rubrogenys), el oso hormiguero (Tamandua tetradactylia), de la pava serere (Opisthocomus hoazin) y cuidar los lugares de descanso de cóndores (Vultur gryphus).

Este bosque de palmeras de janchicoco es único en el mundo. Foto: Gabriel Diez

Investigadores como Marco Octavio Ribera y Máximo Liberman describieron en su momento (2006) al sector boscoso de palmeras al interior de esta ANMI, como formaciones ecológicas “de excepcional importancia”, y a estos árboles como auténticas rarezas biológicas y biogeográficas. Y es que, después de todo, ¿quién podría imaginar un bosque de palmeras, como si se tratara de una playa, a solo cuatro horas de Sucre, en un escenario de cordillera central en transición a los valles?

Por eso, cuando en septiembre de 2021 se registró un incendio en El Palmarcito se encendieron las alarmas. El fuego duró alrededor de una semana y afectó 1500 hectáreas de las 59.484 del total de esta área protegida. Las noticias del momento hicieron foco en la afectación de uno de los hogares del oso jucumari; en un reportaje de Verdad con Tinta se informó que el 80% de la vegetación de El Palmarcito fue dañado.

“La principal amenaza del área son los incendios forestales”, dice Tomás, quien a sus 26 años llegó desde Torotoro, el 23 de febrero de 2022, para hacerse cargo del equipo de guardaparques del área. Pese a haber estado toda la vida en contacto directo con la naturaleza, cada que hace una de sus rondas, no deja de sorprenderse por la belleza de los sitios por los que camina.

Según Tomás, la extensión de los bosques de janchicoco no exceden el tres por ciento del total del área protegida. Ese es uno de los motivos por los cuales, considera, es urgente su preservación. Otro, es que se trata de una especie vegetal que solo se encuentra en Bolivia por el tipo de frutos que da.

Fruto de la palmera de janchicoco (Parajubaea torralyi ). Foto: Gabriel Diez

En “El janchicoco – una palmera única en el mundo” (2021), los investigadores Mónica Moraes, Marcial Vargas y Sofía Miguez explican que estos bosques están en las provincias Zudañez y Luis Calvo, al centro de Chuquisaca, y que en la provincia José María Linares del noreste de Potosí “no llega a formar bosques, pero si hay pequeños grupos de palmeras”. Cuentan, además, que se trata de árboles de entre 10 a 27 metros de altura, una corona con entre 15 a 40 hojas y que tienen una vida estimada de 500 años.

Conservación y turismo comunitario

Los visitantes siguen los pasos de los guías por angostos senderos que llevan hacia los bosques de la palmera de janchicoco. Foto: Gabriel Diez

Cuando se dio la declaración de ANMI, ya existían asentamientos humanos en El Palmar. Actualmente hay diez comunidades y un estimado de cinco mil habitantes, según Tomás. El centro poblado más desarrollado es el municipio de Presto, a dos horas y media de la capital boliviana. Desde Presto hasta la comunidad Rodeo se puede tardar hasta una hora y si se quiere ir hasta la comunidad El Palmar, más arriba en la montaña, se requiere de al menos una hora y 50 minutos. El camino es, admiten comunarios y guardaparques, una asignatura pendiente para dar comodidad a los visitantes.

Hace 16 años, allá por 2006, aún no existían visos de proyectos turísticos, según Ribera y Liberman. Sin embargo, desde hace un par de años, guardas y habitantes decidieron que sería una buena idea liderar un proyecto que sea sostenible con el tiempo. En la actualidad las gestiones con operadoras turísticas están en pleno proceso. El reto es visibilizar este destino, que a la vez es un área protegida, y que los visitantes, además de conocer paisajes tropicales en valles semiandinos y de observar los sitios por donde transita el oso andino, tomen conciencia de por qué es importante preservar este ecosistema.

Antes de partir hacia Rodeo desde Presto, Tomás me invita a tomar un refresco cuyo nombre requiero me pronuncie más de tres veces para entender. Es de janchicoco, que quiere decir coco pequeño y áspero en quechua. Es tan común y emblemático de estos lugares, que aparece en cualquier conversación cada nada. 

El primer destino en Rodeo es Cañón Misión. Se trata de un sistema de senderos con dos miradores cuyas vías desembocan en el río Rodeo. A sus veras con piedras grandes y blancas que hacen de playa, están las famosas palmeras de la zona; un escenario paradisíaco. Equipado con su cámara especial para fotografiar naturaleza y animales a detalle, Tomás dice que aquellas personas que se animen a visitar esta ANMI deben estar preparadas para caminar bastante. Es cierto. Los otros dos circuitos, el de Cóndor Bañana y el de Yanacocha, también requieren de mucha predisposición, y zapatos cómodos, para hacer largas distancias a pie.

Foto: Gabriel Diez

Para ir hacia Yanacocha, otro de los bosques de palmeras cuyos caminos conducen a una poza para tomar un baño, hay que entrar por la comunidad El Palmar. Mientras se hace el descenso, el panorama de puna va desapareciendo hasta estar en medio de los janchicocos por completo. De igual manera, el frío se va transformando y gana terreno el ambiente húmedo y tibio. A los costados de las vías se ve, de tanto en tanto, algunos frutos de cobertura verde, como pequeñas manzanas, lo cual significa que el jucumari aún no los comió, y también cáscaras ya secas, envolturas como las de un coco normal, pero en miniatura. Para romperlas y extraer el janchicoco —actividad diaria de los pobladores en toda la región— se requiere técnica, fuerza, una buena piedra y una superficie dura.

“Estamos organizados entre guías, gente que hace artesanías y gastronomía, tenemos nuestros presidentes de cada sector. A los turistas les decimos que hay que cuidar nuestro medio ambiente y el bosque”, dice Juan Curasi Flores (35), guía local de El Palmar desde 2018, durante el ascenso nuevamente a la comunidad. Ahí esperan con el almuerzo listo para 25 personas Juanito Escalante —guardaparque que en su días libres ayuda al emprendimiento familiar de alojar turistas y brindarles alimento caliente— y su esposa, Teofila Zárate.

En el predio que administran es posible pernoctar y comer. También, para quienes buscan algo más de aventura, existe un espacio destinado para acampar.

Observatorio de cóndores

Los comunarios y guardaparques trabajan en la construcción del mirador de cóndores. Foto: Gabriel Diez

El observatorio de cóndores es un proyecto personal de los guardaparques de El Palmar. Osvaldo Yale, uno de ellos, tiene 34 años y desde hace siete y medio es parte del cuerpo de protección. Explica que en el último tiempo no hay buenas condiciones para el trabajo a nivel nacional. Y es por eso también, añade Tomás, que decidieron emprender, casi del todo por su cuenta, con la construcción de una cabaña para el descanso de los visitantes que llegan hasta Cóndor Bañana (lugar donde los cóndores se bañan), para hacer avistamiento de estos animales y retratarlos.

“El turista va a tener condiciones para observar y sacar fotos. Iniciamos su construcción en septiembre de 2022; creo que cuando hay voluntad y compromiso, se puede. Todos hemos aportado de una u otra forma; por ejemplo, la madera para el techo, eso viene de Sucre y ¿quién paga pasajes?, ahí está el bolsillo del guardaparque. También unas herramientas que trajimos, algunas cosas nos fletamos y ¿quién corre con los gastos?: Está en la conciencia de cada uno”, explica Tomás. Uno de los impulsores de esta inciativa, cuenta, fue el investigador Diego Méndez, coordinador del programa Aves Rapaces en Bolivia.

Esta zona tiene un alto potencial para la práctica del aviturismo. Foto: Tomás Calahuma

Cuando llegamos al lugar, luego de casi tres horas de caminata por un sendero montañoso que conecta a la comunidad Rodeo, Osvaldo está preparando mezcla de barro, mientras Florencio y Marcelino Flores y otro ayudante separan paja para luego terminar de colocar el techo encima de la caña hueca ya puesta. Es una casa de adobe de cinco por cuatro metros. La ventana principal, sin vidrios, tiene vista hacia la montaña del frente, justo en dirección al sitio en el que todos los días cerca de las doce, especialmente cuando el sol es generoso, los cóndores se posan en una gran piedra para secarse luego de tomar su baño en una caída de agua cercana.

Cuando puede darse un tiempo para descansar, Osvaldo cuenta que trabajar como guardaparque es en parte una satisfacción. “Para los que vivimos en el campo la naturaleza significa todo, hasta recursos económicos; es fundamental para la existencia del hombre. Si no cuidamos estos recursos, puede haber mucha afectación”, dice mientras procesa su bolo bajo el sol del mediodía. En el cielo, poco nuboso y más que todo despejado, los cóndores comienzan a hacer su sobrevuelo.

Galletas y alfajores de janchicoco

Las galletas de janchicoco son uno de los deribados que produce la comunidad. Foto: Gabriel Diez.

Así como los pobladores optaron en su momento por procesar el janchicoco para hacer refrescos, llegó el tiempo, allá por 2017, de apostar por la productividad. Con el apoyo de la ONG Líder se logró montar en la comunidad El Palmar el “Centro de transformación” para elaborar galletas y otros alimentos como alfajores y muffins con ese fruto como ingrediente central. Gonzalo Rivera, coordinador del Proyecto Laboratorio Territorial en el municipio de Presto, desde la oficina de Líder en Sucre, comenta que desde ese año se producen alrededor de 25 mil unidades de galletas al año y que la mayor parte va para el desayuno escolar de Presto.

El presidente de la Asociación de Transformadores de Janchicoco de El Palmar, Santos Escalante, mientras muestra las instalaciones de la planta en esa comunidad, explica que para su operación, los comunarios-socios encargados de la producción son constantemente capacitados para sus labores específicas. En la actualidad trabajan 10 personas en este emprendimiento comunitario cuyas galletas, más que todo, son comercializadas, aparte de en el desayuno escolar, en ferias departamentales y en la oficina de Líder en la ciudad de Sucre.

El recorrido turístico inlcuye la visita a la fábrica de galletas. El presidente de la Asociación de Transformadores de Janchicoco de El Palmar, Santos Escalante, muestra el proceso. Foto: Gabriel Diez

Al tratarse de un proyecto en fase de cierre por parte de Líder, Rivera dice que es momento de que los pobladores de El Palmar apunten hacia una nueva etapa. “Les estamos incentivando a que ya no lo vean simplemente como parte de una asociación, sino que ya hay que empezar a ver la figura de la planta de transformación como una empresa”, desafía.

Ahora, de nuevo, ¿cómo sería la bandera del ANMI El Palmar y, eventualmente, su escudo? Sin duda tendría una una palmera, un cóndor con las alas abiertas sobre una piedra y un oso jucumari buscando su alimento —la manzana contenedora del janchicoco— entre los senderos naturales de este paraje único. ¿Algo más? Siluetas de gente trabajando: comunarios, guías y guardaparques.