Descubre La Paz: Museo de San Francisco

El templo y el convento fueron construidos con piedra labrada y concluidos a mediados del siglo XVIII, la fachada de la iglesia de San Francisco corresponde al estilo barroco. La torre fue construida en 1885. Foto: © Claudio Proesser

Adriana Olivera / La Región La Paz

El Centro Cultural Museo San Francisco es una parada obligatoria para quien visite La Paz. Está ubicado en La Plaza Mayor o Plaza de Los Héroes, donde todos los días se reúne un mar de gente.

El bullicio que se genera en los alrededores de esta histórica edificación, por la actividad de cientos de personas que están de paso, de otras que impacientes esperan a alguien o de los comerciantes, y algunos personajes que brindan espectáculos callejeros, no se siente puertas adentro. Sus muros gruesos, que miden entre uno y tres metros de ancho, aíslan el ruido.

Quien visita La Paz tiene en el Centro Cultural Museo San Francisco una parada obligatoria.

Quien visita La Paz tiene en el Centro Cultural Museo San Francisco una parada obligatoria. Foto: © Danielle Pereira
 Museo San Francisco en La Paz. Foto: © Danielle Pereira

El ex convento de María de los Ángeles es uno de los patrimonios más importantes que tiene la ciudad de La Paz porque encierra  siglos de historia en cada rincón. Es considerado la cuna de la paceñidad porque allí se gestó la revolución del 16 de julio de 1809.

En este lugar se conservan importantes reliquias y objetos que datan desde el siglo XVI  hasta el  XIX.

En la basílica se celebran las misas con normalidad pero desborda durante las principales fechas religiosas. Fue construida en 1549 con piedras de granito y mármol, pero la obra que permanece erguida hasta la fecha fue remodelada durante un largo periodo desde 1743. En la actualidad el claustro menor es ocupado por franciscanos y desde el 2005 una parte es un museo.

El nombre que lleva la basílica y museo es en honor a San Francisco, quien fue canonizado  como santo de la naturaleza y de los animales en 1228 por el papa Gregorio IX, por ser una persona servil con los pobres. Él creó la orden franciscana. A los 42 años sufrió los estigmas de Cristo (marcas de crucifixión) y falleció un año después.

Los indígenas, pintores de la historia

Durante el recorrido por los salones del museo se observan cuadros pintados por indígenas hace más de trescientos años. La Pasión de Cristo o Vía Crucis es una de las pinturas que destaca. Las pinturas y técnicas fueron enseñadas por españoles que crearon las Escuelas del Collao, Cusqueña y Potosina, según explican los guías durante el recorrido.

Las pinturas y técnicas fueron enseñadas por españoles que crearon las Escuelas del Collao, Cusqueña y Potosina. Foto: @ Adriana Olivera
Las pinturas y técnicas fueron enseñadas por españoles que crearon las Escuelas del Collao, Cusqueña y Potosina. Foto: @ Adriana Olivera

Apóyanos

Los indígenas también pintaron a la virgen de Guadalupe, la Sagrada familia, la Señora de Rosario de Pomata, quien representa la Pachamama en la forma de un cerro. Pintaron a la Señora del Carmen, a Nuestra Señora de La Paz. Mientras que La virgen de la Merced, patrona de los ejércitos, y la virgen Inmaculada Concepción fueron pintados por españoles con estilo flamenco.

“Se los puede identificar porque su manto está flotando. Los españoles no permitían que los indígenas pongan su firma en las demás pinturas”, responden los guías a una de las preguntas comunes sobre la autoría de las obras.

Productores de vino patero

En el pasado los franciscanos  elaboraban su vino, quedando hoy como reliquia y testigo de esa actividad su bodega. Según el relato de los guías,  solían traer la uva desde Luribay y su jugo era depositado en los barriles para un proceso de maceración de unos 6 meses. “Lo cubrían con cal, para que no tenga respiradero, y preparaban el vino patero. La bebida era destinada para la celebración de las misas, para la venta y para el consumo de ellos mismos”.

El Altar, el más visitado

El altar mayor, que alberga a Santa María de los Ángeles, patrona de los franciscanos, durante su construcción fue ataviado con láminas de oro, una sobre otra. Característica que es atractiva para los cientos de turistas que visitan este sitio todos los días.

En la basílica las misas se celebran normalmente pero desborda durante las principales fechas religiosas. Foto: © Marco Antonio Aguilar
En la basílica las misas se celebran normalmente pero desborda durante las principales fechas religiosas. Foto: © Marco Antonio Aguilar

El templo se terminó de construir el 27 de octubre 1772. Las piedras de granito se la traían desde Viacha del cerro de Letanía. Cada piedra tiene una letra y una marca, hace referencia a que los indígenas eran los que las traían y ponían una seña.

El custodio es un cetro, hecho de plata, oro puro  y piedras preciosas, que se utilizaba para las procesiones más importantes como Corpus Christie. En el centro de esta reliquia iba la ostia sagrada.

Foto: © Marco Antonio Aguilar
Foto: © Marco Antonio Aguilar

Durante el paseo, que dura al menos una hora, se pueden ver expuestas las vestimentas litúrgicas de los sacerdotes de esa época, bordadas con hilos de oro. El museo también conserva la corona de la virgen que fue hecha de plata bañada en oro y con piedras semipreciosas. También está el Niño Cusqueño, que es considerado milagroso.

Para las misas, los franciscanos cantaban sus alabanzas con libros originales escritos en latín y forrados en cuero de vaca. Estos aún se mantienen y son parte de esta muestra histórica.

Sede de la gesta libertaria  

La basílica de San Francisco fue cuna de la Revolución de La Paz en 1809. En las habitaciones se acogió a Pedro Domingo Murillo y a la Junta Tuitiva para que realicen las reuniones secretas para la liberación contra los españoles. Hoy existen copias de las actas y la lista de los protomártires, de los que seis murieron en la orca y ochenta en el garrote. Las calles de la ciudad llevan sus nombres.

La basílica de San Francisco fue cuna de la Revolución de La Paz en 1809.

“La Paz, antiguamente estaba dividida por el río Choqueyapu, eran dos ciudades: la de los españoles y la otra de los indígenas. En aquel entonces no tenían ningún contacto pero la iglesia, que estaba en el lado de los pobres,  creó un puente para unir a las dos ciudades”

Hermosa vista desde el campanario

En la infraestructura del museo destaca la parte alta. El techo cuenta con siete linternillas que son utilizadas para alumbrar toda la basílica. Las tejas fueron moldeadas por los indígenas que utilizaban sus muslos para esta faena por lo que esa técnica se denomina muslera. Toda la parte superior tiene la forma de una cruz latina.

Las tejas fueron moldeadas por los indígenas que utilizaban sus muslos para esta faena por lo que esa técnica se denomina muslera. Foto: Flickr / © Bengt 1955
Las tejas fueron moldeadas por los indígenas que utilizaban sus muslos para esta faena por lo que esa técnica se denomina muslera. Foto: Flickr / © Bengt 1955

Los campanarios son originales del  siglo XVIII, fabricados con bronce y sus cuerdas con cuero de vaca. Arriba existen tres campanas que ya no se usan porque las escaleras son antiguas y el paso está restringido. En total  diez campanas repican anunciando la misa principal de los sábados a las 18:00 horas. “Una de las campanas está rota, debido a que un franciscano la tocó muy fuerte”, comenta el guía.

Foto: Flickr / © Bengt 1955
Foto: Flickr / © Bengt 1955

Desde el campanario se puede apreciar la ciudad de La Paz, su avenida central Avenida Mariscal Santa Cruz y aledañas, y la calle turística Sagárnaga.

Descanso de las almas

En la cripta se encuentra las cenizas de los protomártires de la ciudad de La Paz. Foto: © Adriana Olivera
En la cripta se encuentra las cenizas de los protomártires de la ciudad de La Paz. Foto: © Adriana Olivera

El recorrido por el museo termina en la cripta. Allí se encuentra las cenizas de los protomártires de la ciudad de La Paz. Entre ellos, Pedro Domingo Murillo. También de José Ballivián Isegurola, que fue parte de la Batalla de Ingavi.

Está la urna de Eduardo Abaroa, quién murió en la Guerra del Pacifico y también está un poco de arena de la costa perdida. Las cenizas son sacadas con una importante custodia y exhibidas al pueblo durante fechas importantes como el 23 de marzo o 16 de julio, evocando así el heroísmo de quienes murieron defendieron la patria y la ciudad.

Foto: © Felipe L. Denham
Foto: © Felipe L. Denham

Visitas

De lunes a sábado 9:00 a 18:00

Entrada Bs. 5 para niños y personas de la tercera edad. Bs. 10 para el turista boliviano y Bs. 20 para el turista extranjero.

La atención es personalizada, visitando los 40 espacios. Los guías hablan, además de español y lenguas nativas paceñas, inglés italiano, francés y portugués.