martes, enero 31, 2023
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Un innovador proyecto de conservación de dos especies de tortugas involucra a una comunidad campesina en Beni

Expertos colectarán información sistematizada sobre la población de la peta de río y la tataruga, en los ríos Mamoré y Pogige. Trabajarán en una zona considerada de depredación. El fin es que los habitantes puedan cuidar a los quelonios y a la vez aprovechar sus huevos.

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La Región

La peta de río (Podocnemis unifilis) y la tataruga (Podocnemis expansa) son especies de tortugas con algún grado de amenaza en su población. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) las considera como “Vulnerable” y “En Bajo Riesgo” de extinción, respectivamente. Mientras, el Libro Rojo de Vertebrados de Bolivia las categoriza como “Vulnerable” y “En Peligro” de extinción. En ambas situaciones, la categorización se hizo en 2008 y 2009. En el caso de la bibliografía nacional las fichas de estos quelonios no registran su presencia en la cuenca del río Mamoré de Beni, pese a que es muy notoria.

Con este antecedente, un equipo de expertos, liderado por el biólogo Dennis Lizarro, inició este mes un innovador proyecto que busca sistematizar los datos sobre sus poblaciones, de manera que cuando se haga otra recategorización de especies amenazadas, se tenga información precisa sobre estas tortugas.

Guardaparques y habitantes del lugar están involucrados en el proyecto.

El trabajo se realiza cerca de la comunidad campesina Camiaco, que está dentro del Parque Municipal y Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) Gran Mojos, al noroeste de Bolivia. La zona es considerada de depredación, porque allí se extrae la mayor cantidad de huevos de estos animales, para el consumo o tráfico. “En este caso, más que prohibir su consumo, porque es parte de su cultura, queremos que ellos (los comunarios) puedan aprovechar y también ayuden a hacer un repoblamiento, para que las especies sigan existiendo”, explica Lizarro.

Parte técnica

La demarcación permite establecer qué playas son aprovechables y cuáles se debe cuidar.

La peta de río y la tataruga desovan en playas altas y bajas. Como el nivel de agua del río Mamoré y en este caso su afluente, el Pogige, sube muy rápido, los nidos son cubiertos. Miles de huevos se pierden en esa circunstancia. La idea es que los habitantes de Camiaco los aprovechen antes que sean arrastrados.

En contrapartida, se les pidió que dejen las playas altas y que más bien ayuden a cuidarlas, para que las crías puedan nacer y se integren al ecosistema. Las tortugas son dispersadoras de semillas, por lo que su rol ecológico es vital.

Hasta fin de año se prevé obtener la información sistematizada con el uso de tecnología celular en algunos casos. La época coincide con el desove y eclosión o nacimiento de crías, de ambas especies.

Así, el proyecto tiene dos componentes: capacitación a la gente de Camiaco y cuidado de las playas. En el primer caso, la idea es que se aproveche los huevos de las petas, pero se registre cuándo se los recolectó, de qué playa y cuántos por nido. Asimismo, la cantidad que utilizan para consumo propio y para la comercialización.

El otro aspecto es cuidar las playas para obtener datos sobre el éxito reproductivo, parámetros de la biología de estas tortugas, y características de los nidos hasta el momento del nacimiento y regreso a los ríos.

Un trabajo en conjunto

Tras la socialización con habitantes de Camiaco, se trabaja en la ejecución.

El proyecto nació como una idea de las Organizaciones internacionales Turtle Conservation Fund, Global Wildlife Conservation y Turtle Conservancy. Expertos en este grupo de reptiles supervisarán los resultados para que puedan ser publicados en revistas científicas asociadas a ellos.

En cuanto a los recursos, la mayor parte viene del municipio de Loreto, que tiene a su cargo la dirección del Área Protegida Gran Mojos. La Gobernación de Beni, La Fuerza Naval y la Fundación Conservación Loros Bolivia (CLB) también apoyan la iniciativa.

Lizarro, investigador del Centro de Investigación de Recursos Acuáticos (CIRA) de la Universidad Autónoma del Beni “José Ballivián” y su colega Pamela Carvajal, del Museo Nacional de Historia Natural de La Paz lideran la iniciativa. “Es una alianza muy grande, de varias instituciones que se han ido acoplando. Cada uno aporta desde donde puede. El plan es contribuir a la conservación de las tortugas y que los mismos comunarios puedan verse beneficiados a futuro, que el recurso siga existiendo”, dice el biólogo.

Para Mauricio Barrios, director del área protegida, la ejecución del trabajo permitirá señalizar las playas madre y las de aprovechamiento. Todo esto fue posible después de hacer las consultas necesarias en Camiaco. La gente estuvo de acuerdo y eso es un aliciente para los involucrados, porque se logró que se entienda que al terminar con la especie, se termina también con un medio de subsistencia.

Algunos datos sobre el lugar

  • El Parque Municipal y Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) Gran Moxos fue creado por ley municipal el 22 de febrero de 2017. Tiene una extensión de 580 mil hectáreas.
  • En su interior hay 22 comunidades, de las cuales 19 son indígenas y tres campesinas. Colinda al sur con el Parque Nacional Isiboro Sécure y al norte con el Área Protegida Municipal Ibare-Mamoré. En los ríos que atraviesan esta reserva, la amenaza más fuerte es la pesca indiscriminada. Barcos de otras regiones como Cochabamba, ingresan por el río Ichilo, por lo que suele requerirse la intervención de la Fuerza Naval para el control.
  • Hace poco se encontraron seis de estas embarcaciones y se advirtió con decomisos, ya que al ser un área protegida, la explotación de este recurso con fines comerciales es ilegal.
  • En cuanto a biodiversidad, la paraba barba azul es el emblema de Gran Mojos, pero también existen bufeos, tigres, tortugas, lagartos y caimán negro, entre otros.
  • Tres guardaparques y un director custodian este extenso territorio, en el que solo dos comunidades tienen acceso por carretera y las otras 20 por vía pluvial.

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