Foto: © Daniel Beltra / Greenpeace

*Leonardo Sakamoto

Bolsonaro dice que tiene un “sentimiento”: que las ONGs son responsables por los focos de incendio en la Amazonia o que sería una estrategia para exponer a su gobierno al mundo. Consultado si tiene pruebas de la afirmación, no las presentó. Apenas dijo que “eso no está escrito, no hay un plan para eso”.

Una parte de los brasileños también tienen un “sentimiento” de que el Presidente continúa sin tener una mínima idea de cómo gobernar el país.

De esta manera, amenaza el comercio exterior brasileño, cuando prácticamente ruega que se pongan barreras comerciales cada vez que mete la pata con temas de medio ambiente. Todo para satisfacer intereses del empresariado rural, conformado por ganaderos y grandes agricultores, su base de apoyo.

Pero a diferencia de Bolsonaro, hay una cantidad de pruebas que dan lugar al “sentimiento” de la parte no satisfecha de la población, desde datos satelitales (sobre la situación de la Amazonia), pasando por avisos de infracción, testimonios de gente de poblaciones tradicionales, hasta la calidad del aire que tenemos que respirar y la lluvia que bebemos, o que cae sobre nosotros.

Cuando él ofrece una explicación tan superficial y conspiratoria como esa, diciendo que el movimiento ambientalista es responsable por decenas de miles de focos de incendio en toda la región (subestimando el poder de organización de la sociedad civil), inconscientemente está pidiendo socorro a gritos. Un grito de alguien que desea contar al mundo que el fuego en la Amazonia es su creación.

Simplemente no se hizo cargo por el miedo de lo que podría pasar cuando se prohíba a los barcos de soya y carne, procedentes de Brasil, atracar en puertos europeos, por acusaciones de dumping ambiental, competencia desleal e incumplimiento de tratados internacionales. Tenga en cuenta que dije “cuando” y no “si”.

Probablemente Bolsonaro vislumbra  a la Amazonia como una extensión de pasto recortado, con extensas haciendas soyeras, ríos donde se puede pescar sin restricción. Una especie de Alter do Chao (un sitio turístico de arena blanca) transformado en una ribera de Cancún, cuyos hoteles empleen indígenas, que dejen sus territorios para ir a vivir a las periferias de las ciudades, donde acudirán a iglesias evangélicas. Todo esto, sin un inspector laboral para no obstruir el crecimiento.

Los discursos del Presidente obstaculizan la reanudación de la economía, pero contribuyen a reactivar un patrón de deforestación de la Amazonia que se forjó durante la dictadura militar. Ese vacío de la acción estatal, junto con la política permisiva, condujeron a una mayor destrucción socioambiental. En contraparte, ese vacío de proyecto nacional para fomentar el empleo y la generación de ingresos, hace que la caída de la tasa desempleo sea más lenta de lo que necesita la dignidad humana.

Cuidado. La retórica presidencial puede culpar a la visita de Mick Jagger a Brasil por detener el avance de la economía.

*Leonardo Sakamoto es periodista, director de Reporter Brasil y consejero de la Fundación ONU contra la esclavitud. Esta columna de opinión fue autorizada por el autor para la publicación en laregion.bo. El texto original está en https://bit.ly/30oGQYA

** Traducción: Rocío Lloret

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