Hasta la fecha el municipio se ha consolidado como un referente en la gestión ambiental en los valles cruceños y es por ello que ahora apunta a potenciar sus atractivos turísticos “dormidos” para atraer visitantes al municipio. Laguna Verde, represa Cañada y el Jardín de las Cactáceas son algunos de los destinos a ser desarrollados.


Cecilia Requena Gallo

No hay duda de que Comarapa es sinónimo de buena gestión ambiental, en lo que respecta a los municipios de los valles cruceños. Su trabajo en educación ambiental, separación de residuos en origen y recolección de residuos reciclables, le han valido ser un referente destacado. Pero para alcanzar este logro han sido años de dedicación casi absoluta al tema medioambiental. Ahora, con el camino aún por delante, pero con un buen trecho recorrido, el municipio de Comarapa empieza a dirigir su mirada y esfuerzos a un nuevo reto: potenciar al municipio turísticamente.

Y destinos no faltan, sólo se necesita un poco de visión. Es así que al recorrer la imponente represa La Cañada, se necesita jugar con la imaginación para poder visualizar lo que será un importante atractivo turístico. Con una altura de 52 metros y una capacidad de almacenamiento de 10 millones de metros cúbicos de agua, la represa podría pasar simplemente por una imponente estructura, pero es ahí donde entra la visión de las autoridades, quienes tienen proyectado implementar balsas para el recorrido de los turistas, un sector de pesca, áreas específicas para nadar y un restaurante.

De igual manera, Laguna Verde, una reserva forestal privada ubicada a 12 kilómetros al norte de la localidad de Comarapa, es ya un atractivo turístico no sólo por el color de sus aguas que asemejan a un verde zafiro, sino también por la flora y fauna que la rodea, entre las que sobresalen variedades de orquídeas, bromelias y plantas medicinales, como el boldo y la wira wira.

Jardín de las Cactáceas, una reserva única

Presentada como la segunda área de reserva con mayor densidad de cactus en el mundo, el Área Protegida Municipal Jardín de las Cactáceas, se convierte no sólo en una importante área de reserva sino en un potencial destino turístico para Comarapa. Con una extensión de 22.491 hectáreas y un registro de 60 variedades de cactus nativos y 10 endémicos, la reserva gestiona varios proyectos para garantizar su preservación y consolidarse como atractivo turístico.

Un primer proyecto fue precisamente la implementación de un centro piloto con oficinas de recepción de turistas, salas múltiples, oficinas, vivero, senderos y mirador, esto con el objetivo de arrancar con el negocio turístico. “Hemos tenido también un segundo proyecto que ha sido la ampliación y complementación de la introducción de un laboratorio de estudio de las cactáceas para producir cactus mediante fertilización in vitro, de manera que no sea necesario sacar la planta de su hábitat natural, y la gente pueda llevarse de recuerdo sin afectar el estado natural de la reserva”, explica Sixto Aguilar, responsable del Centro de Conservación y Recepción de Turistas del Jardín de las Cactáceas.

Se han registrado en la reserva 60 variedades de cactus nativos y 10 endémicos

Pero el laboratorio no sólo servirá para la reproducción de las plantas, también se tiene proyectado implementar un banco de germoplasma para tener almacenada todas las especies de cactus de la reserva. De igual manera, el laboratorio que está a cargo de una asociación integrada por representantes de todos los municipios que se encuentran dentro de la reserva, también está trabajando en la producción de plantas frutales para desarrollar un proyecto de fruticultura.

“Queremos sacar plantas de frutilla, uva, chirimoya, y otros, de primera calidad y con alto nivel de producción, porque necesitamos darle a la gente una alternativa que le genere ingresos, ya que sin ellos se pierde el interés y la asociación se puede deshacer”, detalla Aguilar.

Amenazas

La extracción ilegal del cactus, para quemarlo y vender sus cenizas, y el proyecto de una represa, son las dos principales amenazas que afectan actualmente al Jardín de las Cactáceas. En el primer caso, si bien esta actividad se venía dando desde hace mucho tiempo, para la elaboración de la “llujta” (lejía que se consume en el masticado de la hoja de coca), en los últimos años ha crecido el rumor de que la ceniza del cactus está siendo destinada para el narcotráfico.

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“Tenemos la sospecha de que lo están utilizando en el proceso de elaboración de cocaína para cuajar. No tenemos más información, pero es demasiada ceniza la que están sacando”, manifiesta Aguilar, y agrega que según el testimonio de algunos comunarios se ha detectado que los infractores ya no esperan que el cactus esté seco para poder quemarlo, sino que inyectan algún tipo de químico cuando la planta aún está verde para acelerar el proceso de secado.

Por otra parte, el proyecto de la represa Moco Moco es un problema latente para la administración del Jardín de las Cactáceas. “Dentro de nuestra área protegida va afectar más de 1.050 hectáreas, una superficie muy considerable”, expone Mario Calero, Director del Área Protegida Jardín de las Cactáceas.

El daño, además, radicaría en que la construcción de esta represa ampliaría las tierras destinadas a la agricultura y, por lo tanto, las especies de cactus que se encuentran en propiedades privadas corren el riesgo de desaparecer.

“Sin embargo, es una gran necesidad para garantizar la seguridad alimentaria. Ambos son muy importantes, el proyecto y el área protegida. Entonces tenemos que llevarlos de la mano y hacer de alguna manera que se fortalezcan el uno con el otro”, puntualizó Calero.

 

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